Os dejo por aquí un video donde Carmen Jodra analiza su primer libro de
poemas, Las moras agraces (Hiperión, 1999). En esta entrevista ofrece
interesantes claves de lectura de muchos de sus textos. Pero lo más
delicioso es escucharla recitar a los autores que la influyeron, desde
Hayyam, Góngora o Rimbaud, pasando por Miguel Hernández (entre otros), en
paralelo a los poemas que le inspiraron. Me llevo la sorpresa, además, de que recomienda mi Napalm (Hiperión, 2001). La grabación debe ser del año 2002. Recordemos que Carmen escribió su libro entre los 15 y los 18 años. Su diálogo con diversas tradiciones literarias (grecolatina, áurea, maldita) se tradujo en versos de gran perfección técnica, si bien lo más seductor del poemario es el tono del sujeto que habla, su cinismo, su rebeldía. Hace ahora 20 años que Las moras agraces recibió el premio Hiperión. Quien no lo haya leído tiene la oportunidad de disfrutarlo escuchando este enlace. ¿Y no sería esta una buena fecha para publicar una nueva obra?
Antología. Juana Inés de la Cruz
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- Veinticinco poetas españoles jóvenes
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- Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, de Ray Bradbury
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- Inercia
- Línea de flotación
- Las noches de Ugglebo
- Valoración de la crítica
- Ciudad sumergida
- El año cero
- Sublevación
- Cornucopia
- La sirena que no sabía nadar
- Sabiduría de los límites
- Adamar
- El bosque sagrado
domingo, 17 de febrero de 2019
miércoles, 13 de febrero de 2019
Inercia, en Barcelona Review
Os dejo por aquí el enlace a la revista Barcelona Review, que ha tenido a bien pedirme un fragmento de Inercia (Baile
del Sol, 2014) para publicarlo. El elegido pertenece a un capítulo
titulado "Ordos. Mongolia interior". Con él critico la dura realidad de
las familias chinas que quieren tener un segundo hijo, y han de
esconderse para salvarlo. También abordo el asunto de las "triadas"
mafiosas que se dedican al tráfico de humanos, a los que esclavizan. Precisamente, el tráfico ilegal de personas es el eje del libro.
http://www.barcelonareview.com/96/s_ag.html
sábado, 9 de febrero de 2019
Ciudad sumergida, en Antígona
Dejo por aquí una foto de la presentación de Ciudad sumergida (Hiperión, 2018) en la librería Antígona de Zaragoza. Tuve la suerte de contar con la complicidad del poeta David Mayor (autor de varios poemarios en Pre-Textos), amigo desde nuestros tiempos en la "Resi", en la que coincidimos el curso 2001-2002, gracias a nuestras respectivas becas de creación artística. Con gratitud, también, a Pepito y Julia por cedernos su casa; y a todos cuantos vinieron a la celebración, familiares y amigos. Además, gocé del honor de que me acompañaran también los poetas Jesús Jiménez Domínguez y a Alejandro Simón Partal. Gracias.
viernes, 8 de febrero de 2019
Mi novela Inercia recogida en el libro The Dystopian Imagination
En 2018 la crítica literaria Diana Q. Palardi (de la Youngstown State University, en Ohio) publicó el ensayo The Dystopian Imagination in Contemporary Spanish Literature and Film, donde se cita mi primera novela: Inercia (Baile del Sol, 2014). Por lo visto, desde la novela El futuro dictador, de José Fernández Bremón (1879) hasta Los cinco estigmas del éter, de Antonio César Murón (2018), se han dado a conocer en España 260 obras distópicas de los más variados géneros (novela, relato, cine). Mi libro ocupa el puesto 164, lo que significa que en los cuatro años que van del 2014 al 2018 se han publicado 96 títulos, casi un tercio del total, lo que nos da una medida de los peligros que los escritores y cineastas españoles del siglo XXI advertimos en nuestra sociedad, de los síntomas que evidencian la enfermedad de un cuerpo que, si no lo evitamos, acabará infartando.
En este link hay una traducción del prólogo y el listado completo de las obras:
Reseñas de Inercia, argumento, puntos de venta... AQUÍ.
martes, 5 de febrero de 2019
Descendimiento
Descendimiento, Ada Salas. Valencia, Pre-Textos, 2018. 100 páginas.
“…No hay quien mire
de frente
hacia el dolor del otro”
Ada Salas ha lanzado una piedra en estos versos cuyas
ondas se expanden hasta tocarlo todo: los mendigos de las ciudades, los migrantes
que nadan en el mar, los alumnos acosados en los institutos… y tanto tormento
ajeno que evitamos. La poeta extremeña utiliza como símbolo del drama un cuadro
del artista flamenco Rogier van der Weyden: Descendimiento, fechado en el siglo XV. La pintura
nos habla de la muerte justo en el mismo instante en que nos siega. Las
palabras dan forma a los conceptos que las imágenes al óleo nos evocan: traición,
sufrimiento, aniquilación, descenso, muerte. Pero es que resulta que la propias imágenes del
texto son de una potencia dramática sobrecogedora: los geranios rojos
convertidos en polvo entre las manos. Y es que estamos abocados al fin. Obsérvese el
tratamiento tan potente del color en los versos de Ada: “Debajo de la
piel/corre la sangre. Debajo del color/el blanco del estuco”. Vida y muerte
solapados a unos pocos centímetros. Ignoramos el origen del sufrimiento que ha
encontrado su cauce en la mirada sobre una tabla al óleo. Ada no recurre a la
naturaleza para proyectar su angustia, sino a la obra de otro creador. Dos espíritus
afines en su melancolía. Dos que caminan solos entre tanta ausencia: “Pero qué
si me faltas”. La poeta, sin duda, ha puesto todo su sentimiento en los poemas.
Basta enumerar las imágenes que los salpican: huesos astillados, grietas en
las paredes, jugo de vértebras, tendones roídos… Estos versos golpean: “…Estamos
todos/ muertos. Ninguno de nosotros/ya es persona”. Y lo verdaderamente
asombroso, con palabras que diría van Gogh, es leer este libro trágico,
observar ese cuadro dramático, y encontrarlos bellos. Está claro que Ada ha recogido en
su obra el lema de Millet: “preferiría no decir nada antes que expresarme débilmente”.
No otra cosa es el arte.
lunes, 4 de febrero de 2019
Las niñas siempre dicen la verdad
Las niñas siempre dicen la verdad, Rosa Berbel. XXI Premio de Poesía
Joven “Antonio Carvajal”. Hiperión, 2018.
La joven poesía española tiene el futuro asegurado
gracias a unos autores que no acaparan los primeros puestos en las listas de
libros más vendidos, pero que, sin embargo, han heredado el don de la lírica. Son autores
minoritarios que no llenan auditorios, ni lo pretenden. No escriben para un público. La poesía, de hecho, es un
género destinados a unos pocos. ¿Cuántos lectores piensan que tuvo el Cántico
espiritual?
¿Quién leía a fray Luis de León? Las copias manuscritas de sus textos apenas
alcanzaban para sus hermanos de hábito. Nuestros místicos no fueron estrellas
del rock, ni siquiera vieron editadas sus obras en vida, y sin embargo, sin ellos
no habría nada. Algunos de los poetas actuales gozan de miles de seguidores en
el mundo virtual, y agotan las tiradas de sus libros con sus versos low cost. ¿Deseable? No. ¿Y sorprendente?
Repasemos. Pasa en la poesía como en el cine: lo tenemos de culto y comercial.
Y seamos sinceros, en este país no batimos récords de taquilla con películas de
la talla de Nader y Simin (Asghar Farhadi, 2011), sino con cintas como Torrente,
el brazo tonto de la ley (Santiago Segura, 1998). O como pasaba con el teatro en el Barroco,
que parió obras excepcionales como La vida es sueño y obras destinadas a complacer
los deseos de las masas por ver las aparatosas escenografías de las comedias de
santos o mitológicas, a las que denominaba Luis Vélez de Guevara comedias de
ruido. Igual que
con la novela del siglo XIX. Recordemos los lamentos de Galdós a propósito de
la narrativa de entonces (Observaciones sobre la novela contemporánea en
España, 1870):
“Destinada sólo a la distracción y deleite de cierta
clase de personas, se ha hecho aquí cuanto había que hacer, inundar la
Península de una plaga desastrosa, haciendo esas emisiones de papel impreso,
que son hoy la gran conquista del comercio editorial. La entrega, que bajo el
punto económico es una maravilla, es cosa terrible para el arte…”
Es decir, nada nuevo bajo el sol. Aunque nos duele,
mucho, porque amamos la verdadera poesía: esa que se asoma al misterio, la que
caza sus símbolos en medio de la noche, la que no tiene mapas, la que lo
arriesga todo a las intuiciones, la que levanta un mundo de la nada. Pero lo
cierto es que siempre han existido dos fuerzas enfrentadas que han puesto el
acento en cosas diferentes: la excelencia y las ganas de agradar a una mayoría.
Y siempre ha habido editores (o productores) que han apostado por obras de
mérito artístico, frante a aquellos otros que han sacrificado la calidad a las
ventas.
Pero comentaba al comienzo de esta reseña que la poesía
en este país
tiene futuro porque hay jóvenes que están demostrando oficio, conocimiento de
la tradición, profundidad temática, personalidad estética y altura de miras. Me
refiero a poetas nacidos en los 90 o incluso en este siglo en que estamos. Y en
concreto a Mario García Obrero (Getafe, 2003) y a Rosa Berbel (Sevilla, 1997),
ganadora, con 20 años, del premio “Antonio Carvajal”, que publica
Hiperión.
La sorprendente madurez artística de Berbel me recuerda,
claro, a la de mi añorada Carmen Jodra (premio Hiperión con 19 años por Las
moras agraces). Qué dominio de la técnica y qué
manera de escuchar el látido de su época, a tan temprana edad. Pensemos que los
poemas de ambas debieron ser escritos en bachillerato y/o primero de carrera,
en la fase final de su adolescencia.
Las niñas siempre dicen la verdad es un libro ambicioso. Su joven
autora aborda tópicos temáticos (tempus fugit, amor), motivos generacionales (la
precariedad laboral, la importancia de la imagen, la familia) y asuntos que se
encuentran en la agenda socio-política (la violencia de género). Si bien Berbel
utiliza un registro coloquial, su estilo está trufado de retórica:
paralelismos, anáforas, antítesis, quiasmos, elipsis, polisínditon, ironía… El
tono del libro, de hecho, unas veces es irónico y otras absolutamente
desesperanzado:
“Crecer es
andar más, con más miedo,
por calles más vacías,
no creer en otros mundos
posibles o imposibles”
El nihilismo es una pátina que recubre los textos, de la
que se salvan muy pocos, entre otros Sisterhood, un buen poema que enaltece el
amor fraterno, la intimidad entre dos hermanas.
Son muchos los poemas a destacar dentro del conjunto (Árbol
genealógico, Las niñas siempre dicen la verdad, Exorcismo, Oráculo de Delfos,
Planes de futuro…),
pero quiero traer aquí uno excepcional:
Mass Media
Desde esta habitación se escuchan las noticias.
Dejas la tele puesta
mientras estamos juntos en la cama.
Me molesta saber que existe algo
fuera de aquí,
que hay algo más reciente que nosotros.
Saber que hay quien se muere
en el cuarto de al lado,
que está cayendo bombas encima de hospitales,
que están violando a niñas
o estrellándose coches en la A-92
en el mismo momento en que pensamos
en que vamos quizás
un poco rápido.
Es emposible saber de qué cabo tirará Rosa Berbel en un
futuro libro. En este primero ha abierto varias líneas temáticas, ha demostrado
que domina tanto la métrica clásica como el verso libre, y además vemos que le
resulta igual de sencilla la inmersión en sus profundidades que el avistamiento
de su entorno. No se puede pedir más a una ópera prima (en realidad, a ningún libro).
Se trata de un
debut excelente. Y desde aquí deseamos a la autora que camine sin prisa hacia
el destino brillante que le espera.
Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit. AQUÍ.
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