Hay escritores que reniegan de su primer libro. No es mi caso. Napalm me puso en el mapa poético en 2001. Yo tenía veinticuatro años. Aquel 11 de septiembre dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y ese fue el primer acontecimiento histórico del siglo XXI. Mi poemario recoge muy bien el espíritu de época: la crisis económica unida a la sentimental. Los desengaños colectivos unidos a los privados (y es que se trata de una obra coral, donde varios personajes simbolizan esa doble crisis que instaló en tanta gente el miedo y la incertidumbre). Al final, en el mundo sólo queda la violencia. Los asesinatos y secuestros de mi libro tuvieron su reflejo en el atentado que acabó con la vida de las miles de personas que trabajaban en las Torres y de los pasajeros de los aviones comerciales. Por eso me sigue gustando Napalm. Da cuenta de la falta de expectativas de una humanidad perdida y sin valores a comienzos de siglo, de una humanidad que necesitaba remodelarse. Y a eso dediqué mis siguientes libros. A ofrecer esperanza entre tanta oscuridad.
A Napalm le han seguido otros nueve poemarios en los que abordo motivos y asuntos que nos conciernen a todos: la violencia doméstica (Apátrida), la disyuntiva entre dos modos de relacionarnos los seres humanos: la colaboración o el enfrentamiento (La Guerra de Invierno), la denuncia de la homofobia (ya presente en aquel primer libro, reaparece en Adamar), la maternidad (asociada a la visibilidad de familias LGTBI, en Línea de flotación, Ciudad sumergida y Adamar), la destrucción de la biosfera (Ciudad sumergida, Las noches de Ugglebo, Sabiduría de los límites, Adamar), la genealogía familiar (Ciudad sumergida), la mística y la re-ligación de los humanos entre sí y con la ecoesfera (Sublevación), la celebración de los entornos naturales (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites, Adamar), el descentramiento del yo y la asunción de estados de conciencia animales y vegetales (Ciudad sumergida), la crítica al capitalismo y al ecopostureo (Sabiduría de los límites), el motivo del viaje espacial e interior (Apátrida, La Guerra de Invierno, Adamar), el rewilding urbano (Adamar) o el proyecto de vida austera en lo material y rica en los vínculos sociales (La Guerra de Invierno, Adamar).
En cuanto al lenguaje, en función de cada uno de estos temas he optado por una solución técnica / estética diferente: el collage (Sublevación), la aplicación de la secuencia Fibonacci (Ciudad sumergida); la combinación en un mismo libro del verso y de la prosa (según el pasaje fuese lírico o bélico: caso de Ciudad sumergida, donde hablo de la Guerra Civil y de la posguerra; y de La Guerra de Invierno, donde hablo del paso del tiempo, de la afirmación del presente, del amor, de la solidaridad, de la naturaleza... pero también de la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, de La Guerra de Invierno que enfrentó a soviéticos y finlandeses a finales de 1939); la irracionalidad y el hermetismo (Sublevación, ya he comentado que se trata de un libro místico, por lo que su lenguaje es necesariamente subversivo; su estética, la del desdén); la superposición de espacios y tiempos en un poema (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites), el uso de la ironía (Sabiduría), la mezcla de la alta y la baja cultura (Sublevación, Adamar), el empleo del poema-díptico (Sabiduría de los límites), el haiku (Línea de flotación, Las noches de Ugglebo, Adamar), el poema-río (Ciudad sumergida)... Sin olvidar que en Napalm recurro a la ciencia-ficción y a la cita cinematográfica; en Apátrida, a la epopeya y al diálogo como género clásico (en la versión debate entre contrarios), en Helio, a la mística renacentista (que también aparece en en Línea de flotación, Sublevación, Adamar) y que con Las noches de Ugglebo me invento un género: la fábula ecoapocalíptica. Además, en mis poemarios hay una presencia importante de las filosofías helenísticas, de la mitología griega, del misticismo mediterráneo y de la tradición poética tanto española como internacional.
En conclusión: si alguien analizar mi obra, tiene para entretenerse un rato.







