viernes, 24 de julio de 2026

Punto de araña

 

Punto de araña, Nerea Pallares. Libros del Astetoire. 2026. 175 pp.




Hilados y naufragios hay en La Odisea. Hace seis mil años Homero legó a la cultura algunos de los motivos más recurrentes que habrían de alimentar poemas, novelas, cómics y películas a lo largo del tiempo. Todo nace de allí. En su epopeya están la brujería, los viajes imposibles, los obstáculos que te ponen a prueba, la violencia del mundo natural, la furia humana, el amor imposible, el tempus fugit, la pérdida de todo lo que una vez se amó, la fuerza del destino, la búsqueda constante de respuestas… y lo contrario: la lealtad sin fin, la luz de la esperanza, la amistad que enfrenta los peligros a tu lado, la paciencia, la admiración profunda y el amor de los hijos. El terror, la fantasía y la aventura no pudieron tener un comienzo más digno. Hoy se le sigue reconociendo ese estatus de clásico atemporal. Prueba de ello son la magnífica cinta de Cristopher Nolan y la maravillosa primera novela de Nerea Pallares, Punto de araña. Los seres humanos seguimos a merced de una naturaleza indómita y aún tejemos historias con las que acompañarnos.

La obra de Nerea comienza in medias res. La protagonista (Ari) llega a un pueblo marinero de la Costa da Morte (Camariñas) el día de un entierro. La víspera, el temporal se había cobrado la vida de una niña que salió a faenar junto a su padre en busca de berberechos. O eso, al menos, es lo que ambos le habían dicho a la madre. El tema principal se enuncia de inmediato: la oposición de las palilleiras al paradigma patriarcal (“murmuraron algo sobre aquellos hombres, estos merdentos que piensan que todo tiene que ser como dicen ellos. Y no es así, ¿eh?”). El rechazo de las mujeres a la voluntad de sus maridos —su hartazgo de su rol subordinado—, las hace realizar una invocación sobrenatural. Ya he comentado en alguna ocasión que los conjuros son excepcionales en nuestra tradición literaria, pero últimamente hay autoras que los han recuperado. Irene Solà los retoma en Te di los ojos y miraste las tinieblas. Y Pallares recurre a él de un modo muy original, mezclando tributos procedentes de distintos veneros (el folklore popular gallego y la mitología griega). En realidad, Punto de araña dialoga con tres mitos clásicos. El primero es la historia de las Moiras, que reinventa y actualiza. Los otros dos los concentra en un solo personaje. Me refiero al mito de Aracne (célebre tejedora inmortalizada por Ovidio en sus Metamorfosis) y al de Ariadna (princesa de Creta, portadora del hilo que libera y rescata, guía fiel en medio del peligro y de la oscuridad).

Pero esta opera prima no sólo es inmensa por su riqueza culturalista, sino por las decisiones técnicas y estéticas que ha tomado su autora. Para empezar, se trata de una novela coral que combina las tres personas. En 1ª enuncia Ari, que habla de así, de Artai y de Chiruca. En 2ª, el narrador se dirige a María, la difunta joven. En 3º la omnisciencia es multiselectiva (cambia de foco constantemente y salta de las palilleiras —Lita, Xela, Cruz, Catuxa— a las tres viejas —las Moiras— y a las adolescentes —María, Zoe, Vera—). Pero no sólo se entremezclan las voces y los diferentes registros que utilizan el narrador y sus criaturas, sino también los tiempos. Pasado y presente se simultanean. Este rompecabezas compositivo viene reforzado por el estilo imponente de Pallares. Su prosa tiene fuerza. Es deslumbrante. La concatenación de imágenes y el ritmo frenético conducen al lector a un desenlace sorprendente. Ray Bradbury, en La feria de las tinieblas, lleva la magia a un extremo descorazonador. Los hechizos de la Bruja del Polvo enmudecen a los jóvenes (“Aguja de coser de la libélula, ¡cóseles las bocas para que no puedan hablar!”). La feria se alimenta del dolor. Las continuas frustraciones humanas se cobran víctimas entre los curiosos que acuden al recinto. La magia sólo existe para el mal. En la obra de Pallares todo un pueblo también pierde la voz. Las cuerdas rotas. Pero qué diferentes la magia en un libro y otro. Y qué idéntico el poder del amor. La novelista gallega ha escrito una portentosa alegoría sobre la importancia de las palabras para sanar heridas, para estrechar vínculos que parecían irreparables, para meter la realidad en un torno de alfarero y modelarla de nuevo con conceptos nuevos, para soñar un futuro diferente que nos integre a todos. Si en 1984 Orwell barruntaba que con el fin del lenguaje morían las representaciones del mundo, Nerea nos invita a construirlo. Si en Fahrenheit 451 Bradbury auguraba la quema de libros para evitar pensamientos dolorosos que enfrentasen a la ciudadanía, la escritora de Lugo confía en la comunicación para anudar alianzas y crear un fuerte sentimiento de comunidad. Es la suya una novela tan telúrica, terrorífica e inmesiricorde como absolutamente optimista y esperanzada. Nos pone a cada uno, a cada una, un hilo entre las manos con el que tejer —al unísono— una sociedad más justa, equitativa e integradora. Propone un paradigma diferente, donde los hombres no sometan a las mujeres, donde todas las voces sean escuchadas, donde sea posible llevar una vida decente, hermosa y digna. Porque tenemos un plazo, Nerea nos propone cuidarnos los unos a los otros a través del lenguaje y de la ternura.                    

Según están los tiempos, es un consejo más que necesario. Óbrenlo.


jueves, 23 de julio de 2026

Nueva reseña de Adamar



Salió el año pasado en la Revista digital de la Asociación de Profesores de Español Francisco de Quevedo:

https://www.letra15.es/L15-15/L15-15-71-Resenas-y-criticas.html#i


sábado, 18 de julio de 2026

Raíz dulce

Raíz dulce, Juan F. Rivero. Candaya. 2024



Si a día de hoy abunda una poesía correcta, encarrilada en versos de origen italiano (endecasílabos, heptasílabos), pero intrascendente e inocua, lo cierto es que a veces refulge entre el maremagnum de novedades un libro distinto que atrae por sus ideas estéticas y temáticas. Diferente en tanto en cuanto lo comparamos con su entorno poético. Pero que, sin embargo, dialoga con diferentes tradiciones, que actualiza y encaja a la perfección. Una de esas rara avis es el nuevo poemario de Juan F. Rivero: Raíz dulce (Candaya, 2024). El poeta sorprendió con su primera obra, que muchos disfrutamos en el confinamiento: Las hogueras azules; libro delicado, de estética oriental (chino-japonesa). En esta segunda ocasión, el poeta nos ofrece un libro más arriesgado y ambicioso. Se nota que F. Rivero posee una extraordinaria formación cultural, que se filtra en las páginas del libro, tanto en el tono, como en la forma y en el contenido. Raíz dulce nace motivada por el amor. El tipo de discurso por el que se decanta el autor para expresarlo supone una búsqueda previa que orilla las estéticas convencionales, porque su amor tampoco lo es. Rivero hibrida el canto elegíaco por la pérdida, con el relato generacional, con el verso hímnico que triunfa sobre la muerte, y con la biografía a medio camino entre la realidad y la ficción (la memoria construye sus propias ficciones). Además, trabaja intensamente con el lenguaje. Por un lado, es muy plástico. La huella oriental persiste en sus textos. Por otro, aborda una enunciación próxima a la oralidad, lo que emparenta al libro con algunas de las propuestas más rupturistas y originales de la narrativa española actual (Andrea Breu, Irene Solá).

Raíz dulce nos habla de un amor trascendido, pese al paso del tiempo y la pérdida. El libro guarda la memoria (veraz o inventada) del primer amor, y de sus transformaciones a lo largo de los años. Sin esa presencia física y mental, el sujeto que enuncia sería otro. Ese amor le dio unas raíces con las que vincularse a su tierra y a otras culturas, que siente como propias. Lo ayudó a construirse. La muerte recorre el libro. Los siete poemas-prólogo dan cuenta de la entropía humana:


Todo se deshacía ante mí.


Un cansancio celeste

iba horadando


el mundo desde su interior,

como si cada cosa


después de tanto tiempo

hubiese rechazado


íntimamente resistir,

mantenerse en su forma […]


Mientras tanto, el universo es ajeno a la tragedia de la condición humana. Por otra parte, se constata que la vida en la Tierra cada año renace. Se advierte, con dolor, que mientras la naturaleza se renueva de manera periódica —gracias al dios Aión—, la vida de los seres amados es finita. En la segunda parte de la obra, el poeta retoma este motivo (págs. 126-127):


Aquella primavera, de hecho, me pareció odiosa. En Sevilla los campos daban chorros de flores; los árboles se llenaban de pájaros; en los caminos, el barro, rabiosamente cubierto de jacintos y anémonas, resplandecía irisado bajo el sol,

pero tú te morías


El único antídoto contra su destrucción es el Arte. Sandro Botticelli inmortalizó en varios cuadros a la joven musa de la que estaba enamorado —Simonetta Vespucci, fallecida prematuramente—; por su parte, Juan F. Rivero levanta un libro a la memoria de su primer amor, a la que trata de aferrarse —explica— «por miedo a olvidar» (p. 25).

A partir de ese preámbulo en verso, el libro se decanta por la prosa (aunque aún encontraremos poemas en páginas posteriores), sin perder el lirismo. Rivero siente predilección por las innovaciones formales y temáticas. Y eso se agradece. Raíz dulce se abre a la posibilidad de la sorpresa. En efecto, el narrador va cambiando su voz y transita —de modo natural— de la omnisciencia a la segunda persona. Del mismo modo, aunque la mayoría de las veces se relata la historia en pasado, también se opta por el uso de un presente que congela el tiempo y preserva a sus protagonistas de la destrucción, e incluso recurre al futuro para mostrar la decepción y la rutina con la que no soñaron los adolescentes cuando la vida constituía una promesa de sueños por cumplir. El discurso de Rivero está muy elaborado desde un punto de vista técnico. Su lenguaje, por otra parte, se mueve entre las expresiones delicadas (sobre todo, relativas a la naturaleza) y la jerga juvenil (vinculada al mundo de los polígonos industriales, las fiestas y las drogas). Su estilo es fronterizo. Bebe de la plasticidad oriental, del realismo sucio y del coloquialismo urbano. Sintetiza tradiciones y registros. Añadamos a esto un nuevo giro: la yuxtaposición de dos tiempos (el presente-el paleolítico) en un mismo espacio. La simbología del segundo alcanza a los jóvenes del primero, que como los animales en los antiguos bosques, buscan alianzas con las que combatir los peligros que acechan; aunque también acaban sucumbiendo («el gran ciervo y tú, alcanzados de pronto por la flecha de la muerte» (p. 141) . En el fondo, lo que nos sugiere Rivero es que no existe el devenir, sino la simultaneidad. Todo es ahora, tal y como sostiene la física cuántica. Nuestras vidas repiten otras vidas que, además, están siendo vividas en este mismo instante. Este recurso técnico, por otro lado, universaliza el contenido del libro. No habla de una muerte concreta, sino de la contingencia general. La experiencia que cuenta queda así trascendida.

En cuanto a los temas, Rivero aborda varios. Quizás los más importantes sean la aceptación de la pérdida y la construcción de la memoria. Junto a ellos, el escritor celebra la amistad y el amor que la sustenta. Si bien es cierto que en un principio se rememora una relación amorosa, el deseo derivó —pasados los años, y superada la decepción mutua—, en «una inmensa amistad, más compleja y hermosa de lo que de cualquier otra manera podría llegado a serlo un simple amor» p. 94. Este sentimiento atraviesa la obra, la justifica, la sostiene; de ahí el homenaje a un ser querido, que vuelve a respirar en las palabras.

El elemento asiático vuelve a estar presente en el autor. Si en Las hogueras azules se percibía la huella de la espiritualidad china y la delicadeza de la lírica japonesa, en Raíz dulce aparecen también menciones explícitas a la cultura popular nipona (manga, anime), a la filosofía oriental (Gautama), así como se localizan algunos pasajes en Tokio o Yokohama. La naturaleza, como vimos en una cita previa, sirve al poeta como pretexto idóneo para la meditación.  

Raíz dulce, libro audaz y en diálogo con varias tradiciones, obtuvo en 2024 el premio «Ojo Crítico» de RNE.


Esta reseña ha sido publicada en la revista Paraíso (nº 26, 2026, pp. 180-182). Tenéis el acceso en abierto desde Dialnet, aquí:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10806568



viernes, 17 de julio de 2026

ORCID

 


Si alguien está interesado en mi producción académica, dejo por aquí mi número de ORCID y el link de acceso:


https://orcid.org/my-orcid?orcid=0009-0003-2492-0872


Seguimos

jueves, 16 de julio de 2026

Programa del Congreso Internacional "Los fines del mundo". UCM

 


El 3 de junio de 2021 participé con una ponencia de una hora en el Congreso Internacional "Los fines del mundo. Textos, contextos, tradiciones y réplicas", que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid, dentro del marco del Máster y Doctorado en Estudios Literarios de la Facultad de Filología. Me invitó a asistir el profesor (y especialista en ci-fi) Fernando Ángel Moreno Serrano quien, a la postre, sería mi director de tesis estos últimos dos años, convirtiéndose en el artífice de que a día de hoy sea doctora. Mi gratitud será eterna.


Dejó aquí el programa del congreso: https://congresofindelmundo.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/06/programa-fines-del-mundo-3.pdf


Mi ponencia se tituló: "El colapso civilizatorio en la narrativa española actual: del testimonio a la ciencia-ficción". 

Me encanta cómo el mundo (el destino, la providencia, Zeus) va tejiendo los hilos que nos unen.


miércoles, 15 de julio de 2026

Sabiduría de los límites, en la revista Paraíso

 


Me acaba de llegar la reseña que la poeta, profesora y doctora Marina Casado realizó de mi doble poemario para la revista Paraíso (nº 25, extra. 2025. Págs. 186-188). Os dejo con sus palabras:


G. GARCÍA, ARIADNA (2023). SABIDURÍA DE LOS LÍMITES, LÍNEA DE FLOTACIÓN

ALCALÁ DE HENARES: EDITORIAL UNIVERSIDAD DE ALCALÁ


MARINA CASADO



No es tan frecuente, en esta época, encontrar una poética sustentada, en gran parte, sobre la crítica social. Sin embargo, es el caso de la de Ariadna G. García, una voz muy reconocida en el panorama actual que centra su mirada en el equilibrio de la naturaleza, alterado y herido. Su obra más reciente acaba de ser publicada en la colección «De luz, piedra y espejo: poesía en la UAH», que dirige con gran acierto el poeta Francisco José Martínez Morán, quien ya ha publicado, en volúmenes anteriores, a José Manuel Lucía Megías, Olga Bernad y Ángela Álvarez Sáez.


La obra de Ariadna G. García, la cuarta de la colección, incluye, en realidad, dos libros: Sabiduría de los límites y Línea de flotación, con sendos prólogos de Luis García Montero y Jamila Medina Ríos, y palabras de contraportada de Jorge Riechmann. El primer libro vio la luz en 2017, en Ediciones Aguadulce, de Puerto Rico, pero resultaba difícil acceder a él dentro de las fronteras españolas. Se trata de una obra que, en palabras de la propia autora, «habla de los conceptos que nos hunden y de aquellos que nos reflotan» y «persigue un equilibrio». Un equilibrio que, como advertía anteriormente, está alterado.


La poeta desarrolla una conciencia de esa herida que afecta al planeta en múltiples ámbitos. Quizás el fundamental sea el cambio de valores producido en las últimas décadas, que nos conduce hacia una sociedad descarnada, de consumo, que ha enterrado la sensibilidad y el idealismo. No resulta casual que el segundo poema del libro trate del traspaso de una floristería que, para la autora, tenía un significado especial. Las flores, con su fragilidad y su belleza, han sido sustituidas por una tienda de telefonía móvil, una muestra de la imparable invasión del capitalismo. El teléfono móvil vuelve a aparecer como símbolo de la falta de sensibilidad en el poema «La oferta», en el que se plantea una reflexión: «¿No te valen / las risas de tus hijos, / una taza de café, / el temblor del deseo, / el lazo que te une a los amigos […]? / Tú naciste / para comprarte, / hoy, / el nuevo Iphone X». Desde un estilo irónico, Ariadna imita el lenguaje del marketing para denunciar la superficialidad social.


El recurso de la ironía resulta constante en la obra, a la hora de mostrar al lector estas incoherencias. España es «el viejo país de los olivos / y de los girasoles» donde «las grandes compañías industriales / cocinan y nos venden alimentos / con aceite de palma». En otro poema, se reproduce una ficticia llamada en la que un interlocutor pretende que otro con cierto renombre participe en una cumbre contra el clima, y le acaba ofreciendo la posibilidad de elegir entre «jet privado» o «crucero de lujo». Más adelante, reflexiona: «Ahora que ya se agotan las reservas / de petróleo, / […] ¿cómo andamos / de reservas morales?». Contrastes, hipocresía que traspasa el umbral del descaro. Sin embargo, no falta realidad en sus versos.


El realismo es una de las principales virtudes de la obra, que incluso se inspira en noticias, como la que da pie al magnífico poema «Baltyc Dry Index», escrito a dos voces. La primera es informativa: «No hay un solo carguero transoceánico / en ruta / por todo el Atlántico Norte». La segunda, múltiple, representa la voz de diferentes personas que son víctimas de la injusticia social, desde una profesora de la Escuela Pública a un tercio de jornada hasta un sintecho que pide en la calle. Aquí la autora abandona el habitual egocentrismo poético para ponerse en la piel de los desamparados; demuestra la capacidad de asumir una mirada que trasciende a la propia, concediéndole una especial importancia a las desigualdades sociales. Es capaz de salir de sí misma y contemplar el mundo, como una observadora en la distancia, con un tono reflexivo y profético. «Somos el pasado de esa tierra / sin gente», sentencia. Y la poesía, entonces, se convierte en una manzana del pueblo de su suegro –frente a la homogeneizada sociedad de consumo– o un tallo que brota en el asfalto como «un esforzado Eneas»: testigos de esa parte natural que vamos perdiendo.                                                                                   


El segundo libro, Línea de flotación, ha permanecido inédito hasta la fecha y, aunque prosigue con la crítica al capitalismo, también constituye un canto a la vida desde la perspectiva de mujer, madre, amante y habitante del planeta, partiendo de la visión humanista de Francisco de Osuna: «El Hombre es Dios». La familia se erige como un refugio –«Los temporales / con mi tripulación / no me dan miedo»– y surge la fe en forma de esperanza: «Yo también / encerré a las mariposas / que latían sobre mis omóplatos / […] por eso / creo / en ti».


Lo cierto es que Linea de flotación podría leerse como una continuación de Sabiduría de los límites. Primero, la poeta plantea una crítica hacia la invasión del capitalismo y el hundimiento de la naturaleza, de la sensibilidad. Después, se reafirma a sí misma desde su lugar en el mundo para acabar celebrando «este amor absoluto por las cosas»: la mujer, los hijos, el «milagro de la vida»; incluso la gata negra que, protectora, se tumba junto a ella y, de repente, «el cielo escampa». Por último, muestra «a sus lectores futuros» el sentido de su poética, extensible también a su vida: «Mis libros son lianas de solidaridad / con que atravieso el tiempo hasta sus manos».


Nos encontramos, pues, ante dos libros que han de leerse también unidos, enlazados en una armonía que ha sido construida a través de versos narrativos, testimoniales y directos: dardos cargados de realidad que se clavan directamente en el corazón y parecen advertirnos, desde una sabia serenidad, que el planeta sigue siendo hermoso y que estamos a tiempo de salvarlo. Como escribió Alejandra Pizarnik: «Mis brazos insisten en abrazar el mundo / porque aún no les enseñaron / que ya es demasiado tarde».






martes, 14 de julio de 2026

Balance del curso 2025-2026



Acaba un curso más (2025-2026) y toca hacer balance. Como acostumbro, he tenido la oportunidad de participar en distintos eventos, que pondré por aquí según los vaya recordando.


El curso literario arrancaba el 25 de octubre con la presentación de mi tercera novela, El bosque sagrado (Cántico, 2025) en la librería Tipos Infames, que todos añoramos. Tuve el honor de contar con la complicidad de un novelista excepcional —prologuista de mi obra y amigo desde hace años—: Ismael Martínez Biurrun.


En octubre, además, publiqué mi primer artículo en la célebre revista Ínsula. Se titula “Jorge Riechmann: el poeta y ensayista de los límites. Autocontención o colapso”. (Nº 947. PP. 5-10).


El 27 de noviembre participé en el ciclo La montaña mágica, que auspicia cada año la Diputación de CórdobaPor la mañana, la actriz Rosana Toro y yo mantuvimos un encuentro con estudiantes en el IES “Ulia Fidenta”. Por la tarde, coprotagonicé un acto en la biblioteca municipal de Carlota, donde hablé de mis últimos libros (Adamar El bosque sagrado) con el público asistente.  


El 6 de diciembre tuve la inmensa fortuna de que se emitiese la extensa entrevista que Juan Sánchez me realizó sobre mi novela El bosque sagrado para su programa La libélula. Metaverso (Radio Nacional de España, R-3). Dura una hora y lo tenéis en los podcasts de RTVE.


Unos días más tarde, el 17 de diciembre, tuve el honor de presentar el ensayo Donde el amor, allí el mundo (Almuzara, 2025)de mi querido Jorge Riechmann. El acto se realizó en el Ateneo de La Maliciosa; es decir, en la sede en Madrid de Ecologistas en Acción.

 

El lunes 21 de enero repetí mi ponencia “Poesía española del siglo XXI” en el curso Más allá de los clásicos: la literatura española en el siglo XXI; que forma parte del programa de Innovación y Formación del profesorado de la Comunidad de Madrid. Si en 2024 el curso fue un éxito de participación, en 2026 volvimos a desbordar las expectativas y hubo aún más afluencia de docentes.


El 21 de marzo fallamos el XLI Premio de Poesía Hiperión. Recayó en la joven poeta María Paz Otero, por su libro Las cosas por su nombre. También concedimos un accésit a Zoé Hidalgo, por su obra Salvaje rabia trans. Integrábamos el jurado Paco Castaño, Jesús Munárriz, Benjamín Prado, Nicolás Mateos Frühbeck y yo.


Unos días después, el 26, la doctora Judite Rodrigues-Balbuena daba una conferencia en la Université Gustave Eiffel (París) sobre mi obra ecocrítica, bajo el título: “Les alliances fécondes et la part du métamorphique dans l´oeuvre poétique de Ariadna G. García: en ville, gestes et espaces por l´insurrection”. En otros libros, habló de Sabiduría de los límites y de Adamar.

 

En marzo también me llegaba un ejemplar de la antología Un estallido, preparada por los investigadores Raúl Molina y Álvaro López para Cátedra. El volumen selecciona a veinticinco autores nacidos en el arco 1984-2000. En el extenso prólogo, sus preparadores me nombran hasta en cuatro ocasiones (pp. 19, 23, 54 y 77): la primera, como coantóloga de Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003); las restantes, como poeta destacada de comienzos del siglo XXI, lo que es un verdadero lujo y supone un auténtico honor.  


Un año más, he tenido la inmensa fortuna de participar en el Programa del Ministerio de Educación y Cultura “Encuentros con autor”. Agradezco, de corazón, al departamento de Lengua y Literatura del IES “Los Olmos” (Albacete) la oportunidad brindada para hablar a sus estudiantes de Bachillerato sobre mi poemario Adamar. La charla tuvo lugar el 13 de marzo. También muestro mi gratitud al departamento de Lengua y Literatura del IES “Alto Guadiana” (Tomelloso. Ciudad Real) por darme la ocasión de hablar, el 23 de abril, con sus estudiantes de la ESO y Bachillerato sobre Sabiduría de los límites Adamar.



El Día del Libro, de hecho, hice doblete. Por la mañana, en Tomelloso, y por la tarde, en la Fundación José Hierro (Getafe. Madrid), donde compartí una tarde mágica con la poeta Nieves Chillón, que tuvo la gentileza de contar conmigo para la presentación de su hermoso poemario, Atlántida (Premio Margarita Hierro. Pre-Textos, 2026), que abre con una cita de mi Ciudad sumergida (Hiperión, 2018).


A su vez, he publicado una reseña en una revista especializada (Paraíso)sobre el poemario Tránsil, de Nicolás Mateos Frühbeck.

 

Un año más, sigo al frente de mi Tertulia poética itinerante, que este mes cumple tres años.



Con todo, el 25 de junio, hace sólo unos días, se producía el acontecimiento del año: defendía mi tesis doctoral en el Edificio D de la Facultad de Filología de la UCM. No lo olvidaré en la vida. Mi trabajo se titula Jorge Riechmann: un poeta transformador en diálogo con las filosofías helenísticas. Análisis ecocrítico. Constituyeron el tribunal Rocío Badía (presidenta), Ignacio Pajón Leyra (secretario), Araceli Iravedra, Martha Asunción Alonso y Verónica Aranda. Una maravilla. El evento duró algo más de tres horas, de 10:00-13:15. Me lo pasé en grande. Fue un privilegio escuchar las apreciaciones de los cinco especialistas, tanto las elogiosas (“monumental”, calificó Iravedra mi tesis) como las críticas. De hecho, gracias a sus observaciones ya estoy trabajando en una versión divulgativa para publicar mi trabajo en alguna editorial de impacto académico, como me recomendaron.  


Ni qué decir que he escrito mucho. Una nueva novela, algún artículo científico, he empezado un nuevo poemario…


En fin, ha sido este (otro) curso intensito. El 2026-2027 viene cargado de sorpresas. Y me muero de ganas de contaros una, pero habrá que esperar.


¡Feliz verano!