martes, 4 de agosto de 2026

No todo es Napalm (y cuánto le debo a este)




Hay escritores que reniegan de su primer libro. No es mi caso. Napalm me puso en el mapa poético en 2001. Yo tenía veinticuatro años. Aquel 11 de septiembre dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y ese fue el primer acontecimiento histórico del siglo XXI. Mi poemario recoge muy bien el espíritu de época: la crisis económica unida a la sentimental. Los desengaños colectivos unidos a los privados (y es que se trata de una obra coral, donde varios personajes simbolizan esa doble crisis que instaló en tanta gente el miedo y la incertidumbre). Al final, en el mundo sólo queda la violencia. Los asesinatos y secuestros de mi libro tuvieron su reflejo en el atentado que acabó con la vida de las miles de personas que trabajaban en las Torres y de los pasajeros de los aviones comerciales. Por eso me sigue gustando Napalm. Da cuenta de la falta de expectativas de una humanidad perdida y sin valores a comienzos de siglo, de una humanidad que necesitaba remodelarse. Y a eso dediqué mis siguientes libros. A ofrecer esperanza entre tanta oscuridad.  


A Napalm le han seguido otros nueve poemarios en los que abordo motivos y asuntos que nos conciernen a todos: la violencia doméstica (Apátrida), la disyuntiva entre dos modos de relacionarnos los seres humanos: la colaboración o el enfrentamiento (La Guerra de Invierno), la denuncia de la homofobia (ya presente en aquel primer libro, reaparece en Adamar), la maternidad (asociada a la visibilidad de familias LGTBI, en Línea de flotación, Ciudad sumergida y Adamar), la destrucción de la biosfera (Ciudad sumergida, Las noches de Ugglebo, Sabiduría de los límites, Adamar), la genealogía familiar (Ciudad sumergida), la mística y la re-ligación de los humanos entre sí y con la ecoesfera (Sublevación), la celebración de los entornos naturales (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites, Adamar), el descentramiento del yo y la asunción de estados de conciencia animales y vegetales (Ciudad sumergida), la crítica al capitalismo y al ecopostureo (Sabiduría de los límites), el motivo del viaje espacial e interior (Apátrida, La Guerra de Invierno, Adamar), el rewilding urbano (Adamar) o el proyecto de vida austera en lo material y rica en los vínculos sociales (La Guerra de Invierno, Adamar).  

En cuanto al lenguaje, en función de cada uno de estos temas he optado por una solución técnica / estética diferente: el collage (Sublevación), la aplicación de la secuencia Fibonacci (Ciudad sumergida); la combinación en un mismo libro del verso y de la prosa (según el pasaje fuese lírico o bélico: caso de Ciudad sumergida, donde hablo de la Guerra Civil y de la posguerra; y de La Guerra de Invierno, donde hablo del paso del tiempo, de la afirmación del presente, del amor, de la solidaridad, de la naturaleza... pero también de la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, de La Guerra de Invierno que enfrentó a soviéticos y finlandeses a finales de 1939); la irracionalidad y el hermetismo (Sublevación, ya he comentado que se trata de un libro místico, por lo que su lenguaje es necesariamente subversivo; su estética, la del desdén); la superposición de espacios y tiempos en un poema (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites), el uso de la ironía (Sabiduría), la mezcla de la alta y la baja cultura (Sublevación, Adamar), el empleo del poema-díptico (Sabiduría de los límites), el haiku (Línea de flotación, Las noches de Ugglebo, Adamar), el poema-río (Ciudad sumergida)... Sin olvidar que en Napalm recurro a la ciencia-ficción y a la cita cinematográfica; en Apátrida, a la epopeya y al diálogo como género clásico (en la versión debate entre contrarios), en Helio, a la mística renacentista (que también aparece en en Línea de flotación, Sublevación, Adamar) y que con Las noches de Ugglebo me invento un género: la fábula ecoapocalíptica. Además, en mis poemarios hay una presencia importante de las filosofías helenísticas, de la mitología griega, del misticismo mediterráneo y de la tradición poética tanto española como internacional 

En conclusión: si alguien analizar mi obra, tiene para entretenerse un rato.

lunes, 3 de agosto de 2026

En el prólogo a Un estallido


 

En el extenso prólogo de la antología Un estallido, que recoge la obra de poetas nacidos entre 1984 y el 2000),  sus seleccionadores, Raúl Molina y Álvaro López, me citan cuatro veces. La primera, en calidad de coantóloga del libro Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003; 2ª ed., 2006), que preparé junto a Guillermo López Gallego y Álvaro Tato (p. 19). 

Las tres restantes, como poeta destacada de comienzos de siglo. La primera vez que me nombran lo hacen a propósito de la renovación de los "aspectos temáticos" (p. 22) que emprendimos algunos integrantes de mi generación (cuyo arco cronológico no está, ni muchos, delimitado). En concreto, se refieren a que con Napalm (Hiperión, 2001. Premio Hiperión) renové el "interés por la sintaxis cinematográfica y televisiva" (p. 23). En la segunda ocasión me incluyen entre los poetas nacidos en los 70 que, junto a los autores de los 80, repensamos nuestros "posicionamientos líricos desde lo figurativo". Lo que nos unía a Elena Medel, Verónica Aranda, Ben Clark, Antonio Lucas, Pablo García Casado, Miriam Reyes y a mí (entre otros) era "el intento de distanciarse de los modelos puramente experienciales" (p. 54). Y, por último, se refieren a mí en el epígrafe titulado Nuevos diálogos culturales. Aquí los prologuistas ponderan "la imbricación [en nuestras obras] entre una alta y una baja cultura de masas integrada en la cotidianidad" (p. 78). Es más, añaden que esa mezcla "alcanzó con renovada fuerza a las autorías jóvenes de principios del siglo XXI en libros como Mester de cibervía (2000), de Vicente Luis Mora; Libro de uroboros y Cara máscara, de Álvaro Tato (2000); Napalm. Cortometraje poético (2001), de Ariadna G. García [...] (p. 79).   

Agradezco desde aquí a Raúl Molina y Álvaro López las menciones citadas. Es un verdadero honor constar en un libro de Cátedra. 


  

jueves, 30 de julio de 2026

Queer, ecofeminista y mística

 


En los últimos tres años, han estudiado mi obra poética Judite Rodrigues-Balbuena en la ponencia “Les alliances fécondes et la part du métamorphique dans l´oeuvre poétique de Ariadna G. García: en ville, gestes et espaces por l´insurrecction” (impartida en el seminario “La ville, la nature et l´humain dans la poésie espagnole et hispanoaméricaine contemporaine”, Universidad Gustave Eiffel, 2026); Leticia Martín en su TFG Ecos de una voz lejana. Tradición mística en la literatura española. Continuidades en poetas del siglo XX y XXI (UCM, 2026); Juan Carlos Abril en el libro Tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia (2024, pp. 247-251), así como en el artículo “De la conciencia a la autoconciencia: el ecofeminismo como respuesta poética” (Bulletin of Hispanic Studies, nº 8, volumen 100, 2023, pp. 839-859) y Paul Cahill en el ensayo “Queer Futurity and Conflicted Feeling(s) in the Poetry of Ariadna G. García”, publicado en la revista (Romance Quarterly, volumen 70, nº 4. 2023). 

Estos investigadores han analizado mis poemarios Adamar, Sabiduría de los límites (Rodrigues-Balbuena), Sublevación (Martín), Ciudad sumergida (Abril), Napalm, La Guerra de Invierno y Helio (Cahill).

A estos estudios habría que añadir el de Raúl Díaz: “La incidencia en la voz. Discurso y construcción en Ariadna G. García” (Adarve. Revista de crítica y creación poética, nº 7, 2014, pp. 42-51).

Estoy muy agradecida a los cinco. Sus análisis enriquecen las interpretaciones de mi obra y la vinculan con las tendencias poéticas más actuales y con los debates sociales más urgentes. Por otra parte, es un auténtico honor que mi obra lírica se abra paso en los EE.UU y en Francia, así como que merezca la atención de dos excelentes profesores universitarios de ambos países. Por lo que respecta a nuestro territorio, es una alegría que que todo un catedrático (Abril) me dedique su tiempo, que una alumna que acaba el Grado me elija para licenciarse (Martín) y que un profesor titular (Díaz) hiciese un recorrido por mi obra.

En fin, que estoy encantada. Son cinco motivaciones para seguir creando.



miércoles, 29 de julio de 2026

sábado, 25 de julio de 2026

Publicación no venal

 


En octubre del año pasado me invitaba mi editor en Cántico, Raúl Alonso, a participar en un ciclo de encuentros y conferencias que tiene lugar en Córdoba cada año. Se denomina La montaña mágica. Participamos por parejas o tríos y se nos reúne en torno a un tema. A mí me propusieron dialogar sobre el motivo Los otros paisajes y me pidieron textos para un pequeña antología que acabó de recibir y que publicó a finales de 2025 la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba. Como veis, el estuche es magnífico. Contiene tres volúmenes, que son otras tantas joyas. La maquetación corrió a cargo de Cántico. Y creedme si os digo que es un lujo que te editen con tanto primor. Los cuadernos se titulan Los otros paisajes, El paisaje interior y El paisaje incierto. Por mi parte, ya que el asunto a tratar invitaba a merodear por lugares poco transitados, seleccioné poemas finlandeses -localizados en Laponia- de La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013. Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana), un texto de Sublevación (Pre-Textos, 2018) ubicado en un páramo simbólico y cuatro poemas ecocríticos de Adamar (Pre-Textos, 2025) en lo que reivindico los huertos urbanos, denuncio la acumulación de residuos, celebro el nacimiento del Río Cuervo y pondero el valor de la compasión hacia los animales y los árboles en un monte nipón. Además, elegí un fragmento de mi última obra, la novela El bosque sagrado (Cántico, 2025), donde una de sus protagonistas, Aino, siente un vínculo estrecho con un ecosistema boreal. Sólo me queda expresar mi gratitud a Raúl Alonso y a la Diputación de Córdoba por mantener viva la llama de la poesía con proyectos tan exquisitos como este.  





viernes, 24 de julio de 2026

Punto de araña

 

Punto de araña, Nerea Pallares. Libros del Astetoire. 2026. 175 pp.




Hilados y naufragios hay en La Odisea. Hace seis mil años Homero legó a la cultura algunos de los motivos más recurrentes que habrían de alimentar poemas, novelas, cómics y películas a lo largo del tiempo. Todo nace de allí. En su epopeya están la brujería, los viajes imposibles, los obstáculos que te ponen a prueba, la violencia del mundo natural, la furia humana, el amor imposible, el tempus fugit, la pérdida de todo lo que una vez se amó, la fuerza del destino, la búsqueda constante de respuestas… y lo contrario: la lealtad sin fin, la luz de la esperanza, la amistad que enfrenta los peligros a tu lado, la paciencia, la admiración profunda y el amor de los hijos. El terror, la fantasía y la aventura no pudieron tener un comienzo más digno. Hoy se le sigue reconociendo ese estatus de clásico atemporal. Prueba de ello son la magnífica cinta de Cristopher Nolan y la maravillosa primera novela de Nerea Pallares, Punto de araña. Los seres humanos seguimos a merced de una naturaleza indómita y aún tejemos historias con las que acompañarnos.

La obra de Nerea comienza in medias res. La protagonista (Ari) llega a un pueblo marinero de la Costa da Morte (Camariñas) el día de un entierro. La víspera, el temporal se había cobrado la vida de una niña que salió a faenar junto a su padre en busca de berberechos. O eso, al menos, es lo que ambos le habían dicho a la madre. El tema principal se enuncia de inmediato: la oposición de las palilleiras al paradigma patriarcal (“murmuraron algo sobre aquellos hombres, estos merdentos que piensan que todo tiene que ser como dicen ellos. Y no es así, ¿eh?”). El rechazo de las mujeres a la voluntad de sus maridos —su hartazgo de su rol subordinado—, las hace realizar una invocación sobrenatural. Ya he comentado en alguna ocasión que los conjuros son excepcionales en nuestra tradición literaria, pero últimamente hay autoras que los han recuperado. Irene Solà los retoma en Te di los ojos y miraste las tinieblas. Y Pallares recurre a ellos de un modo muy original, mezclando tributos procedentes de distintos veneros (el folklore popular gallego y la mitología griega). En realidad, Punto de araña dialoga con tres mitos clásicos. El primero es la historia de las Moiras, que reinventa y actualiza. Los otros dos los concentra en un solo personaje. Me refiero al mito de Aracne (célebre tejedora inmortalizada por Ovidio en sus Metamorfosis) y al de Ariadna (princesa de Creta, portadora del hilo que libera y rescata, guía fiel en medio del peligro y de la oscuridad).

Pero esta opera prima no sólo es inmensa por su riqueza culturalista, sino por las decisiones técnicas y estéticas que ha tomado su autora. Para empezar, se trata de una novela coral que combina las tres personas. En 1ª enuncia Ari, que habla de sí misma, de su amante (Artai) y de una amiga (Chiruca). En 2ª, el narrador se dirige a María, la difunta joven. En 3º, la omnisciencia es multiselectiva (cambia de foco constantemente y salta de las palilleiras —Lita, Xela, Cruz, Catuxa— a las tres viejas —las Moiras— y a las adolescentes —María, Zoe, Vera—). Pero no sólo se entremezclan las voces y los diferentes registros que utilizan el narrador y sus criaturas, sino también los tiempos. Pasado y presente se simultanean. Este rompecabezas compositivo viene reforzado por el estilo imponente de Pallares. Su prosa tiene fuerza. Es deslumbrante. La concatenación de imágenes y el ritmo frenético conducen al lector a un desenlace sorprendente. Ray Bradbury, en La feria de las tinieblas, lleva la magia a un extremo descorazonador. Los hechizos de la Bruja del Polvo enmudecen a los jóvenes (“Aguja de coser de la libélula, ¡cóseles las bocas para que no puedan hablar!”). La feria se alimenta del dolor. Las continuas frustraciones humanas se cobran víctimas entre los curiosos que acuden al recinto. La magia sólo existe para el mal. En la obra de Pallares todo un pueblo también pierde la voz. Las cuerdas rotas. Pero qué diferentes la magia en un libro y otro. Y qué idéntico el poder del amor. La novelista gallega ha escrito una portentosa alegoría sobre la importancia de las palabras para sanar heridas, para estrechar vínculos que parecían irreparables, para meter la realidad en un torno de alfarero y modelarla de nuevo con conceptos nuevos, para soñar un futuro diferente que nos integre a todos. Si en 1984 Orwell barruntaba que con el fin del lenguaje morían las representaciones del mundo, Nerea nos invita a construirlas. Si en Fahrenheit 451 Bradbury auguraba la quema de libros para evitar pensamientos dolorosos que enfrentasen a la ciudadanía, la escritora de Lugo confía en la comunicación para anudar alianzas y crear un fuerte sentimiento de comunidad. Es la suya una novela tan telúrica, terrorífica e inmisericorde como absolutamente optimista y esperanzada. Nos pone a cada uno, a cada una, un hilo entre las manos con el que tejer —al unísono— una sociedad cohesionada y justa, equitativa e integradora. Propone un paradigma diferente, donde los hombres no sometan a las mujeres, donde todas las voces sean escuchadas, donde sea posible llevar una vida decente, hermosa y digna al margen de la pugna por los bienes posicionales (dinero, tecnología) y de su consecuencia (el deterioro del tejido social). Porque tenemos un plazo, Nerea nos propone cuidarnos los unos a los otros a través del lenguaje y de la ternura.                    

Según están los tiempos, es un consejo más que necesario. Óbrenlo.


jueves, 23 de julio de 2026

Nueva reseña de Adamar



Salió el año pasado en la Revista digital de la Asociación de Profesores de Español Francisco de Quevedo:

https://www.letra15.es/L15-15/L15-15-71-Resenas-y-criticas.html#i