miércoles, 9 de septiembre de 2026

La constelación del Perro


La constelación del Perro, Peter Heller. Blackie Books. 2026.



La obra se publicó, originariamente, en 2012. Es hija de la incertidumbre que asoló a la población mundial tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la crisis económica que, como un tifón, barrió el planeta en 2007. En España tuvo un excelente hermano mellizo en Cenital, escrita por Emilio Bueso, novela post-apocaliptica con las que mantiene afinidades, si bien cada una exploró líneas divergentes, de ahí que se gestaran en distintas bolsitas. Mellizas, no gemelas.


La obra de Heller nos habla del colapso. Describe un futuro en que, debido al extractivismo capitalista, se ha desestabilizado el equilibrio del sistema Tierra. Las consecuencias son la extinción masiva de animales (truchas, elefantes, pelícanos, pájaros carpinteros…), el aumento de la temperatura (lo que derritió los glaciares, produjo sequías, destruyó las cosechas y provocó catastróficas hambrunas), la proliferación de virus letales que redujeron de la población humana al 1% y, por ultimo, el fin de la civilización occidental.


El libro comienza in medias res, nueve años después de la catástrofe, que se relata por medio de los flashback que hace Hig, el narrador protagonista. Este sobrevive junto a un lago situado en las inmediaciones de un aeropuerto. Convive con Bangley, un hombre parco experto en armamento. Ambos forman un tándem de supervivencia, se procuran apoyo mutuo y algo de intimidad. Mientras el primero realiza reconocimientos aéreos para asegurar el perímetro, el segundo acaba sin remordimientos con las vidas de los intrusos que suponen una mínima amenaza para su Edén. El futuro es violento. Ya no hay normas. O matas o te matan. Tampoco hay amistad, hay conveniencia. O eso parece.


Con todo, el mejor compañero de Hig es Jaspers, su perro. Con él sobrevuela el llano en busca de otros supervivientes y prodiga ayuda a un grupo de infectados. La barbarie no ha podido con él. Conserva su empatía, su solidaridad, su amor a los necesitados. Un par de veces al mes enseña a los enfermos a cazar, les regala verduras, les arregla sus bombas de agua, sus paneles solares o las aspas de sus viejos molinos de viento. Se trata de un hombre que aún intenta mantener a salvo su condición humana. De ahí que, pese a las reticencias de Blangley, se escape a las montañas a pescar, a beber de un arroyo, a dormir al raso, a sentirse en comunión con la naturaleza. A eso dedica su tiempo, a la realización de actividades en provecho de otros y de sí mismo, simplemente porque es lo que hay que hacer. Por eso presta servicios al grupo de aquejados por el mal de la sangre. Obra en función de la naturaleza humana, que es social. De ahí, también, que se dedique a la auto-protección, a plantar hortalizas en la huerta, a la lectura de poemarios, a escuchar algo de música y a la contemplación de los hermosos parajes de montaña. Vive como un agradecido ascético hedonista. Se preocupa por el estado de salud física y psicológica de otros supervivientes, al tiempo que mantiene su mente en equilibrio al sentirse integrado en una asociación con Bangley por la supervivencia de los dos, en una comunidad de enfermos en la que se siente útil y en la hermosa (y apacible) naturaleza salvaje.


Bangley, a su modo, también disfruta de la vida simple. No tiene más caprichos que beberse, de tarde en tarde, una botellita de Coca-Cola. Y ahí acaban los lujos, que empiezan en la hamaca. Tan bien vive que reconoce: “Somos como reyes. Sólo ha hecho falta que se acabase el mundo” (p. 73). Sin embargo, su realidad es mucho más estrecha y solitaria que la de su amigo. No se fía de nadie.


La muerte de su perro será el revulsivo que Hig necesite para explorar el mundo más allá del perímetro seguro. Enajenado por el dolor, dejará su zona de confort en busca de indicios de otros supervivientes a quinientos kilómetros de casa. Desde el aire constatará el rewilding de la flora en medio de las pistas de aterrizaje y de las carreteras. Y con esa confianza en la recuperación de lo perdido, tomará tierra en cuanto aviste un huerto en el que trabajan, bajo el sol, un padre y una hija. Necesita creer en las personas, aunque eso signifique arriesgar su avioneta y hasta su propia vida en el intento.


La constelación del Perro viene a recordarnos que la felicidad humana no se encuentra ni en la acumulación de cosas ni en el dinero, sino en el vínculo: en la fraternidad, en el amor, en la espiritualidad que nos une a la Tierra. Quizás, si nuestra especie comprendiese algo tan básico se podría evitar el rumbo de colapso que llevamos. Todo apunta en la dirección opuesta. La palabra amor asusta, la reciprocidad espanta, el compromiso aterra. Cada cual va a lo suyo. Es decir, de espaldas a interés general, humano y biosférico. Sin embargo, de cumplirse el peor de los pronósticos —y el colapso no está determinado, ni viene impuesto, depende de nosotros, como explica el físico Antonio Turiel—, la novela de Heller (como el Waldencomo las sentencias de Epicuro, como las Meditaciones de Marco Aurelio, que resuenan detrás) puede ser un mapa que ayude a más de uno a reorientarse.  


viernes, 21 de agosto de 2026

Mi blog se dispara

 


Desde hace un tiempo son miles los lectores que eligen las páginas de este blog para leer las entradas donde reflexiono sobre los libros propios y los ajenos. Constato con alegría que en el último mes la cifra asciende a los casi 50.000. Sólo tengo palabras de agradecimiento para quienes se suben a este buque que pretende abrir rutas por el abrumador -y a veces intransitable, de tanto como se publica- océano congelado. El avance es lento, pero seguro. Siempre trato de llevar a la comunidad lectora hacia libros e ideas sugerentes que, a su vez, les ayuden a transitar los hielos de sus vidas. 



martes, 4 de agosto de 2026

No todo es Napalm (y cuánto le debo a este)




Hay escritores que reniegan de su primer libro. No es mi caso. Napalm me puso en el mapa poético en 2001. Yo tenía veinticuatro años. Aquel 11 de septiembre dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y ese fue el primer acontecimiento histórico del siglo XXI. Mi poemario recoge muy bien el espíritu de época: la crisis económica unida a la sentimental. Los desengaños colectivos unidos a los privados (y es que se trata de una obra coral, donde varios personajes simbolizan esa doble crisis que instaló en tanta gente el miedo y la incertidumbre). Al final, en el mundo sólo queda la violencia. Los asesinatos y secuestros de mi libro tuvieron su reflejo en el atentado que acabó con la vida de las miles de personas que trabajaban en las Torres y de los pasajeros de los aviones comerciales. Por eso me sigue gustando Napalm. Da cuenta de la falta de expectativas de una humanidad perdida y sin valores a comienzos de siglo, de una humanidad que necesitaba remodelarse. Y a eso dediqué mis siguientes libros. A ofrecer esperanza entre tanta oscuridad.  


A Napalm le han seguido otros nueve poemarios en los que abordo motivos y asuntos que nos conciernen a todos: la violencia doméstica (Apátrida), la disyuntiva entre dos modos de relacionarnos los seres humanos: la colaboración o el enfrentamiento (La Guerra de Invierno), la denuncia de la homofobia (ya presente en aquel primer libro, reaparece en Adamar), la maternidad (asociada a la visibilidad de familias LGTBI, en Línea de flotación, Ciudad sumergida y Adamar), la destrucción de la biosfera (Ciudad sumergida, Las noches de Ugglebo, Sabiduría de los límites, Adamar), la genealogía familiar (Ciudad sumergida), la mística y la re-ligación de los humanos entre sí y con la ecoesfera (Sublevación), la celebración de los entornos naturales (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites, Adamar), el descentramiento del yo y la asunción de estados de conciencia animales y vegetales (Ciudad sumergida), la crítica al capitalismo y al ecopostureo (Sabiduría de los límites), el motivo del viaje espacial e interior (Apátrida, La Guerra de Invierno, Adamar), el rewilding urbano (Adamar) o el proyecto de vida austera en lo material y rica en los vínculos sociales (La Guerra de Invierno, Adamar).  

En cuanto al lenguaje, en función de cada uno de estos temas he optado por una solución técnica / estética diferente: el collage (Sublevación), la aplicación de la secuencia Fibonacci (Ciudad sumergida); la combinación en un mismo libro del verso y de la prosa (según el pasaje fuese lírico o bélico: caso de Ciudad sumergida, donde hablo de la Guerra Civil y de la posguerra; y de La Guerra de Invierno, donde hablo del paso del tiempo, de la afirmación del presente, del amor, de la solidaridad, de la naturaleza... pero también de la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, de La Guerra de Invierno que enfrentó a soviéticos y finlandeses a finales de 1939); la irracionalidad y el hermetismo (Sublevación, ya he comentado que se trata de un libro místico, por lo que su lenguaje es necesariamente subversivo; su estética, la del desdén); la superposición de espacios y tiempos en un poema (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites), el uso de la ironía (Sabiduría), la mezcla de la alta y la baja cultura (Sublevación, Adamar), el empleo del poema-díptico (Sabiduría de los límites), el haiku (Línea de flotación, Las noches de Ugglebo, Adamar), el poema-río (Ciudad sumergida)... Sin olvidar que en Napalm recurro a la ciencia-ficción y a la cita cinematográfica; en Apátrida, a la epopeya y al diálogo como género clásico (en la versión debate entre contrarios), en Helio, a la mística renacentista (que también aparece en en Línea de flotación, Sublevación, Adamar) y que con Las noches de Ugglebo me invento un género: la fábula ecoapocalíptica. Además, en mis poemarios hay una presencia importante de las filosofías helenísticas, de la mitología griega, del misticismo mediterráneo y de la tradición poética tanto española como internacional 

En conclusión: si alguien analizar mi obra, tiene para entretenerse un rato.

lunes, 3 de agosto de 2026

En el prólogo a Un estallido


 

En el extenso prólogo de la antología Un estallido, que recoge la obra de poetas nacidos entre 1984 y el 2000),  sus seleccionadores, Raúl Molina y Álvaro López, me citan cuatro veces. La primera, en calidad de coantóloga del libro Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003; 2ª ed., 2006), que preparé junto a Guillermo López Gallego y Álvaro Tato (p. 19). 

Las tres restantes, como poeta destacada de comienzos de siglo. La primera vez que me nombran lo hacen a propósito de la renovación de los "aspectos temáticos" (p. 22) que emprendimos algunos integrantes de mi generación (cuyo arco cronológico no está, ni muchos, delimitado). En concreto, se refieren a que con Napalm (Hiperión, 2001. Premio Hiperión) renové el "interés por la sintaxis cinematográfica y televisiva" (p. 23). En la segunda ocasión me incluyen entre los poetas nacidos en los 70 que, junto a los autores de los 80, repensamos nuestros "posicionamientos líricos desde lo figurativo". Lo que nos unía a Elena Medel, Verónica Aranda, Ben Clark, Antonio Lucas, Pablo García Casado, Miriam Reyes y a mí (entre otros) era "el intento de distanciarse de los modelos puramente experienciales" (p. 54). Y, por último, se refieren a mí en el epígrafe titulado Nuevos diálogos culturales. Aquí los prologuistas ponderan "la imbricación [en nuestras obras] entre una alta y una baja cultura de masas integrada en la cotidianidad" (p. 78). Es más, añaden que esa mezcla "alcanzó con renovada fuerza a las autorías jóvenes de principios del siglo XXI en libros como Mester de cibervía (2000), de Vicente Luis Mora; Libro de uroboros y Cara máscara, de Álvaro Tato (2000); Napalm. Cortometraje poético (2001), de Ariadna G. García [...] (p. 79).   

Agradezco desde aquí a Raúl Molina y Álvaro López las menciones citadas. Es un verdadero honor constar en un libro de Cátedra. 


  

jueves, 30 de julio de 2026

Queer, ecofeminista y mística

 


En los últimos tres años, han estudiado mi obra poética Judite Rodrigues-Balbuena en la ponencia “Les alliances fécondes et la part du métamorphique dans l´oeuvre poétique de Ariadna G. García: en ville, gestes et espaces por l´insurrecction” (impartida en el seminario “La ville, la nature et l´humain dans la poésie espagnole et hispanoaméricaine contemporaine”, Universidad Gustave Eiffel, 2026); Leticia Martín en su TFG Ecos de una voz lejana. Tradición mística en la literatura española. Continuidades en poetas del siglo XX y XXI (UCM, 2026); Juan Carlos Abril en el libro Tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia (2024, pp. 247-251), así como en el artículo “De la conciencia a la autoconciencia: el ecofeminismo como respuesta poética” (Bulletin of Hispanic Studies, nº 8, volumen 100, 2023, pp. 839-859) y Paul Cahill en el ensayo “Queer Futurity and Conflicted Feeling(s) in the Poetry of Ariadna G. García”, publicado en la revista (Romance Quarterly, volumen 70, nº 4. 2023). 

Estos investigadores han analizado mis poemarios Adamar, Sabiduría de los límites (Rodrigues-Balbuena), Sublevación (Martín), Ciudad sumergida (Abril), Napalm, La Guerra de Invierno y Helio (Cahill).

A estos estudios habría que añadir el de Raúl Díaz: “La incidencia en la voz. Discurso y construcción en Ariadna G. García” (Adarve. Revista de crítica y creación poética, nº 7, 2014, pp. 42-51).

Estoy muy agradecida a los cinco. Sus análisis enriquecen las interpretaciones de mi obra y la vinculan con las tendencias poéticas más actuales y con los debates sociales más urgentes. Por otra parte, es un auténtico honor que mi obra lírica se abra paso en los EE.UU y en Francia, así como que merezca la atención de dos excelentes profesores universitarios de ambos países. Por lo que respecta a nuestro territorio, es una alegría que que todo un catedrático (Abril) me dedique su tiempo, que una alumna que acaba el Grado me elija para licenciarse (Martín) y que un profesor titular (Díaz) hiciese un recorrido por mi obra.

En fin, que estoy encantada. Son cinco motivaciones para seguir creando.



miércoles, 29 de julio de 2026

sábado, 25 de julio de 2026

Publicación no venal

 


En octubre del año pasado me invitaba mi editor en Cántico, Raúl Alonso, a participar en un ciclo de encuentros y conferencias que tiene lugar en Córdoba cada año. Se denomina La montaña mágica. Participamos por parejas o tríos y se nos reúne en torno a un tema. A mí me propusieron dialogar sobre el motivo Los otros paisajes y me pidieron textos para un pequeña antología que acabó de recibir y que publicó a finales de 2025 la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba. Como veis, el estuche es magnífico. Contiene tres volúmenes, que son otras tantas joyas. La maquetación corrió a cargo de Cántico. Y creedme si os digo que es un lujo que te editen con tanto primor. Los cuadernos se titulan Los otros paisajes, El paisaje interior y El paisaje incierto. Por mi parte, ya que el asunto a tratar invitaba a merodear por lugares poco transitados, seleccioné poemas finlandeses -localizados en Laponia- de La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013. Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana), un texto de Sublevación (Pre-Textos, 2018) ubicado en un páramo simbólico y cuatro poemas ecocríticos de Adamar (Pre-Textos, 2025) en lo que reivindico los huertos urbanos, denuncio la acumulación de residuos, celebro el nacimiento del Río Cuervo y pondero el valor de la compasión hacia los animales y los árboles en un monte nipón. Además, elegí un fragmento de mi última obra, la novela El bosque sagrado (Cántico, 2025), donde una de sus protagonistas, Aino, siente un vínculo estrecho con un ecosistema boreal. Sólo me queda expresar mi gratitud a Raúl Alonso y a la Diputación de Córdoba por mantener viva la llama de la poesía con proyectos tan exquisitos como este.