viernes, 8 de noviembre de 2019

Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo

Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo, Legna Rodríguez Iglesias. II Premio Centrifugados de poesía joven. Liliputienses, 2019. 90 pp.


Pide la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie que se visibilicen las historias individuales de las mujeres para que el relato de la Humanidad esté completo. Y en esa ardua labor estamos inmersas muchas autoras, con mayor o menor presencia en los medios de comunicación. Nuestra misión consiste en poner el foco sobre el tablado en sombra del teatro, en balizar caminos cuya existencia se desconoce. Porque lo cierto es que lo hay muy trillados. Si existe un tema por tratar en Occidente, por lo novedoso de su aceptación legal, es el de las familias homoparentales. En efecto: en España existe el matrimonio entre personas del mismo sexo desde 2006, si bien las parejas conviven (con más o menos disimulo) desde hace décadas. Si en los últimos años no hemos asistido a una caída en picado de la demografía en nuestro país se debe, en parte, a la tenaz misión reproductora de miles de parejas LGTB. Acudimos a hospitales donde nos tratan con cariño y respeto. Nuestros hijos van a colegios donde se integran a la perfección, y entre todas las familias hemos creado una red de cuidado mutuo que beneficia a cada niño (con independencia de su origen étnico o de su método de concepción). Es decir: formamos parte visible de la comunidad escolar, y del entramado social de los distintos barrios. ¿Pero qué eco de esta realidad llega a los libros, se transforma en personajes, evoca sentimientos en los lectores? En noviembre de 2018 me publicaba Hiperión el poemario Ciudad sumergida, donde me dirigía a mis hijos aun antes de nacer, cuando flotaban en la piscina amniótica que les regaló mi esposa. Entonces yo marcaba en el mapa un nuevo motivo literario: el amor de una pareja de mujeres hacia su descendencia (dos mellizos concebidos por el método ROPA: ovodonación entre cónyuges, legal en España desde hace ocho años). Por supuesto que a lo largo del tiempo se han editado hermosas obras narrativas y poéticas dedicadas a la maternidad (y a la paternidad), pero no LGTBI. El mundo cambia y la literatura debe reflejarlo. Detrás de nuestro ansiado positivo se esconde una historia de superación, amor, fe y constancia (no exenta de obstáculos ni de decepciones) que puede ser inspiradora. Y a esa tarea dedica sus horas la escritora cubana Legna Rodríguez Iglesias (1984).
    Con Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo la poeta antillana obtuvo el “Premio Centrifugados de poesía joven”, en su segunda edición. El libro se divide en dos partes: “un cigoto / el aborto”; y “un gameto / el embarazo”.

La primera sección supone un ejercicio de valentía. Nos habla, como ya deducen por el título, de un deseo frustrado. Leemos una elegía a la pérdida de un ser todavía en fase de embrión, pero ya amado (“para mi hijo/que salió de su delta antes de tiempo”). El tono de los textos, en ocasiones, alcanza tal apunto que casi se vuelve amenazador (“Una madre es un muro hasta que su hijo fallece”… “Los escombros del muro están en una esquina./ Nadie toque ese cemento”). El sujeto que enuncia cartografía la región de su pena. Se siente culpable. Y así se lo expresa a su retoño en mente, al que hace una promesa: “En el próximo chance yo te voy a agarrar”.
     La segunda parte se centra en la propia gestación, con los asuntos colaterales derivados de ella (la barriga que no crece, los nervios de las futuras madres, la elección del nombre, los controles periódicos, la responsabilidad educadora, el acondicionamiento de la casa…)
     Legna Rodríguez, con un lenguaje claro y directo donde no falta la ironía, aborda otros asuntos significativos en su libro de poemas. Uno es el concepto de patria. Recuerden que la autora, nacida en Camagüey, emigró a los Estados Unidos hace algunos años. Es una apátrida política, pero no afectiva. Tiene clara su tierra: su hijo, su pareja, sus amigos. Pertenece a Cemí (su varoncito), pero también a Jamila o a Soleida… Otro es el concepto de identidad. Quienes somos no consta en un documento expedido por la Policía. En un papel repleto de hologramas y marcas de agua, por mucho que aparezcan nuestros datos no se dice nada relevante acerca de nosotros. Sin embargo, nos explican mil veces más los libros que tenemos en la biblioteca (“…pero el policía no cree que Averno,/ un libro de Louise Glück que siempre cargo en mi mochila/ sea ningún documento de identidad”).
      Si bien el libro tiene altibajos, Mi pareja calva y yo vamos a tener un hijo merece el galardón conseguido y su publicación. Desde luego, aporta un poco de aire fresco a la tan a menudo encorsetada poesía que encontramos aquí. Bienvenido.


domingo, 3 de noviembre de 2019

Doble publicación en Turia




En el nuevo número de la revista Turia tengo el honor de participar con una amplia reseña del poemario La ciudad, de la joven poeta Laura Villar Gómez (Liliputienses, 2019); así como con un poema inédito de un nuevo libro en el que estoy trabajando.

La revista se presenta el próximo 20 de noviembre en el Instituto Cervantes (entrada por la calle Barquillo), a las 19:30.


lunes, 28 de octubre de 2019

20º aniversario de "La estación azul" (RNE)

Con motivo del 20º aniversario de su existencia, La estación azul ha compartido en Facebook una fotografía en la que tengo el honor de aparecer. Fue tomada en el año 2001 en el salón de actos de la Residencia de Estudiantes. Yo acaba de ganar el Hiperión por mi segundo libro, Napalm. Cortometraje poético. Quién iba a decirme que unos meses más tarde el Ayuntamiento de Madrid me concedería una de las becas de creación artística de la mítica "Resi". De aquella experiencia en la habitación 427 del Gemelo I surgió mi tercer poemario, Apátrida, Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid en 2005.



De izquierda a derecha, de pie: Manuel Rico, José Méndez, Ariadna G. García, Esther Giménez, Sabas Martín, Félix Grande, Juan Manuel González, Paca Aguirre, Ignacio Elguero, Ana Rosetti, José Ramón Ripoll, Concha Villalba (realizadora del programa), Ángel Petisme, Pablo Méndez, Jorge Riechman, Fany Rubio, Ramón Mayrata. Sentados: Antonio Lucas, Carlos Briones, Fernando Beltrán, Álvaro Tato, Luis Martínez de Merlo, Jesús Munárriz, Ana Merino, Leopoldo Alas, Ángela Vallvey, Arrate Sanmartín (compañera de cultura en RNE), Javier Lostalé, Pepe Infante y Luis Cremades.

(In memorian de Félix, Paca, Juan Manuel, Concha y Leopoldo)



viernes, 11 de octubre de 2019

Memorial de ausencias

Memorial de ausencias, Antonio Crespo Massieu. Prólogo de Guadalupe Grande. Madrid, Tigres de papel, 2019. 500 páginas.



Hay poetas que van atravesando etapas a lo largo de su carrera, que viran tanto en sus contenidos temáticos como en sus propuestas estéticas, que van haciendo escalas en parajes diferentes hasta su destino final. Góngora, Meléndez Valdés o Salinas pertenecen a este grupo. Sin embargo, otros autores hacen girar su obra en torno a un centro, y desde él se expanden. Pienso en Garcilaso, Unamuno o Aleixandre. Y es el caso del escritor Antonio Crespo Massieu (Madrid, 1951), que acaba de publicar su poesía reunida, Memorial de ausencias, en Tigres de papel. 
            La obra publicada de Antonio se concentra en apenas once años. Sus títulos son En este lugar (Fundación Kutxa, 2004), Orilla del tiempo (Germanía, 2005), Elegía en Portbou (Bartleby, 2011), Los regresados (Ediciones del 4 de agosto, 2014) y Obstinada memoria (Amargord, 2015). Y de entre estos cincos libros, lo digo de entrada, destaca una colección brillante de extensos poemas que, lamentablemente, no tuvo en su momento el reconocimiento de la prensa escrita, y cuya excelencia reivindico yo ahora, sumándome a la cerrada defensa que del libro hicieron en su día Arturo Borra, Alberto García-Teresa o Miguel Veyrat, entre otros. Me refiero a Elegía en Portbou.
            53 años tenía Antonio Crespo cuando dio a la imprenta En este lugar. No era su primer poemario, y se nota. El veterano poeta se estrena con un libro maduro, y se presenta en el panorama lírico nacional con una voz personalísima y claramente identificable. En estos versos se revelan los temas nucleares de su obra y se fragua un estilo único que irá moldeando en las sucesivas entregas. Así, abundan las enumeraciones, los encabalgamientos abruptos, la selección eufónica de sustantivos abstractos (piedad, rebelión, ausencia) y de adjetivos de valencia semántica negativa. Todo ello contribuye a dar tono muscular al verso, tensa el ritmo. Ya en este poemario aparece uno de los lemas que caracterizan la obra de Antonio: “la historia es esta sucesión/ de gritos o catástrofes”. De manera peculiar, el poeta en este libro mantiene un diálogo con el diario El País para tratar asuntos de su tiempo. No deja de ser curioso, y apunto como anécdota, que Jorge Riechmann, amigo del autor, publicara en 1997 un título que apunta en la dirección contraria: El día que dejé de leer El País. En cualquier caso, ambos exhiben una misma intención en sus escritos: “Esta ansia infinita, inabarcable/de cambiar el mundo”. La palabra (medida, pesada, como aconsejaba fray Luis de León) deriva en continente del mundo y en vehículo de denuncia.
            A los 54 años sacaba a la luz su segunda colección, Orilla del tiempo. Y en este libro encontramos poemas memorables, caso de la poética Como una gota de resina o Una muerte pequeñita. Un motivo recurrente en la lírica de Antonio es la empatía hacia los animales, y en concreto, hacia los canes. Si no recuerdo mal, tenía una galga cuando lo conocí, allá por 2010, el IES Francisco Giner de los Ríos, donde dábamos clases de Literatura Española. Al igual que hiciera Unamuno en su Elegía a la muerte de mi perro, el poeta y activista se eleva desde el tablado de la experiencia personal a las cumbres del arte trascendiendo la anécdota privada. Por otra parte, Antonio alude a lugares icónicos de la barbarie humana (Terezin, Ramala) y a personajes que simbolizan la honradez o la dignidad (Paul Celan, Companys). No en vano, en estas páginas leemos otro emblema típico de Antonio: “Nada hay más fraterno que sentirse/ irremediablemente heredero de tantos llantos”. Por último, en los muros levantados por la intransigencia, el poeta abre ventanas que nos devuelven la esperanza en nuestra especie: el amor, la música, la pintura, la belleza de las ciudades.
            Será a los 60 años cuando Antonio Crespo publique su mejor obra hasta la fecha, la magnífica: Elegía en Portbou. De algún modo, sus libros previos son caminos que conducen a esta cumbre de la poesía en español de los últimas décadas. Aquí se recogen y dilatan motivos y temas ya tratados en ellos (“lo oculto,/ que siempre regresa”). Pero, sobre todo, se ahonda en un estilo desasosegante, agónico, que conmociona al lector.
            El libro está compuesto por diez extensísimos poemas. El metro utilizado es el versículo. Antonio hace descansar el ritmo de los textos en los paralelismos, en las repeticiones, en las asociaciones semánticas, en las enumeraciones y en los juegos fonéticos. El tono es grave. Oscila entre el desgarro y la letanía.
            Uno de sus rasgos carácterísticos es la intertextualidad. Junto a las alusiones a escritores (Alfonsina Estorni, René Char, Paul Celan, Paca Aguirre…pero, sobre todo, Antonio Machado y Walter Benjamin, cuyas vidas entrelaza en un destino común, puesto que ambos representan “la suma de personas que alguna vez huyeron de la barbarie” —cito a Álex Chico—), leemos citas de un buen número de obras que guían al autor (“el mar la mar” de Alberti, “otro no puedo más/ y aquí me quedo” de Unamuno, “vencido por el ángel” de Ángela Figuera…), quien establece con ellas un permanente diálogo estilístico y moral.
            Si el poemario tiene una misión, esta es –sin duda– “reparar lo roto”, “habitar la distancia”, traer al presente a quienes se encuentran “en el afilado margen de la memoria”. Precisamente esa empresa da título a las obras completas del autor: Memorial de ausencias. Sus palabras se adhieren, a modo de complemento, a las reivindicaciones de los familiares republicanos cuyos seres queridos fueron asesinados y enterrados por los fascistas en fosas comunes; esos que menospreciaba Pablo Casado, aspirante a la jefatura del gobierno —nada menos—, cuando decía: “los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién” (esta y otras declaraciones del mismo tenor son las responsables del lógico varapalo electoral del PP, apenas 60 escaños, en los pasados comicios). 
            “Cómo llevar el roto plural” se pregunta Antonio Crespo Massieu, y su respuesta es un contundente libro de altura ética y estética.
            Sus versos, además, suponen un faro que nos alerta de la proximidad de nuevos escollos, pues: “el vendaval de la historia sigue soplando,/ nos zarandea de nuevo”. La presencia de VOX en el parlamento, donde la fuerza ultraderechista tiene 24 escaños, dibuja en el horizonte un nubarrón para el que hay que prepararse.
            Como en anteriores ocasiones, la cultura, el amor, la empatía y la fraternidad serán antídotos contra el muro de la intransigencia y el malecón del odio.

A los 63 sacaba Antonio Los regresados, pequeño libro-homenaje a amigos y poetas de la talla de Félix Grande.
Obstinada memoria data de 2015. Tras la voz huracanada de Elegía en Portbou, estos dos últimos trabajos constituyen una ligera brisa. El ritmo de los textos se desacelera, el tono se remansa, el verso se contrae. No obstante, el autor da vueltas sobre los mismos temas, añadiendo algunas composiciones de cuño clásico, en alabanza de aldea y menosprecio de corte, donde resuenan ecos de Hesíodo, Virgilio, Erasmo o fray Luis de León.

El volumen se cierra con la incorporación de textos procedentes de libros inéditos, escritos en los ochenta.

No encontrarán el nombre de Antonio Crespo Massieu entre los poetas destacados de las últimas décadas; ni tampoco su obra entre las propuestas literarias más coherentes y personales de los últimos quince años. Pero, como ven, no es por falta de motivos. Es la suya una obra de calidad y de compromiso civil.
He intentado tallar una reseña que argumente con solidez los motivos por los que se debe leer a este excelente poeta madrileño. Ojalá lo haya logrado.


Esta reseña ha sido publicada en Culturamas. Original, aquí.
 

jueves, 10 de octubre de 2019

Reseña (y entrevista) de mi novela El año cero




El mes pasado, el crítico y novelista David Pérez Vega publicaba en su blog, Desde la ciudad sin cines, una reseña de mi segunda novela, El año cero (Ménades, 2019).

Acompaña al artículo una interesante entrevista que me realizó a propósito del libro.

Podéis leerlo todo, pinchando AQUÍ.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Grafitis para neandertales

Hace unos meses Jorge Riechmann me pidió una nota para la contracubierta de su nuevo libro, publicado con primor por Eolas Poesía (2019). Hoy, unas horas después de que la policía lo haya dejado en libertad con cargos por participar en una acción ecológica pacífica, comparto con vosotros esas líneas de entonces.


Grafitis para neandertales es un libro híbrido en cuya aleación se mezclan micro-ensayos en prosa y poemas. El cicerone que nos guía por sus páginas es Ñor, un monje taoísta preocupado por la revelación al mundo de su destino: el colapso ecológico-social y antropológico como conscuencia del “fracaso estrepitoso” del capitalismo. Jorge Riechmann, siguiendo el ideario de Albert Camus, pone su obra al “servicio de la verdad”, aun sabiendo de la incredulidad de la gente, que, como dice María Zambrano, levanta ante ella: “un castillo artillado”. Pese a ello, su objetivo no es otro que concienciar (no sin ironía o delicados haikus) de la importancia de la compasión, la piedad, la lucidez y el amor para evitar futuros genocidios por el descenso energético y el cambio climático. Es probablemente su libro más duro. 




En este enlace tenéis la noticia de su detención, así como una entrevista que ha concedido al diario La Vanguardia. 


sábado, 21 de septiembre de 2019

Tajo a "La estación azul" (RNE)



Como ustedes saben, en Radio Nacional de España (esa radio de todos) se emite los domingos el programa Tablero deportivo entre las 16:00 y las 00:00. Y seguro que conocen que justo antes se retransmite el programa La estación azul (15:00-16:00), dedicado en exclusiva a los distintos géneros literarios. Pues bien, el equipo de Facebook de este último acaba de anunciar el inminente recorte de 10 minutos al mítico espacio de cultura en favor del espacio deportivo. Por lo visto, necesita un poco más de tiempo para nombrar la alineación de los equipos de fútbol del partido de las cuatro. Precisamente ahora que es más necesaria que nunca la cultura, que existe un claro repunte del fascismo, que la ultraderecha se ha colado en las instituciones, Radional Nacional muestra un menosprecio absoluto hacia el Arte, hacia la literatura. Y eso que La estación azul va a celebrar en breve su 20ª aniversario, que ha recibido galardones como el Premio Audiovisual Internacional Antonio Machado (2000), el Premio Ondas (2002), el Premio Galicia de Comunicación (2007), el Premio Aula de las Metáforas (2009) y el Premio Nacional de Fomento a la Lectura (2011). ¿Es esta la política que debe guiar a la RTVE, la del hachazo a la Cultura en favor del fútbol? ¿Hay alguien que piense que esos diez minutos amputados a la Estación azul van a producir un trasvase masivo de oyentes desde Carrusel deportivo (Cadena SER) a Tablero deportivo? ¿De verdad que en un programa que dura ocho horas no hay tiempo para cantar la alineación de esos veinticuatro jugadores y de los soldados que lucharon en La batalla de Lepanto? Quitar diez minutos a un programa que dura 54 -y que se emite solamente una vez a la semana- es herirlo de muerte. Y por si fuese poco, acompañará al calvario de La estación azul otro espacio cultural, esta vez radiado los sábados: Nómadas (15:00-16:00), dedicado a los viajes por los rincones más fascinantes del planeta. Hoy, que tan necesaria es la cultura para erradicar el machismo, para evitar la violencia o la homofobia, para defender los Derechos Humanos y para contribuir a la consolidación de una sociedad libre y respetuosa, Radio Nacional de España va a dar un tajo mortal a un programa señero, va a imponer un capricho a un acto de justicia, el fútbol a las Letras. ¿Es esto lo que se espera de una radio pública?