Me acaba de llegar la reseña que la poeta, profesora y doctora Marina Casado realizó de mi doble poemario para la revista Paraíso (nº 25, extra. 2025. Págs. 186-188). Os dejo con sus palabras:
G. GARCÍA, ARIADNA (2023). SABIDURÍA DE LOS LÍMITES, LÍNEA DE FLOTACIÓN
ALCALÁ DE HENARES: EDITORIAL UNIVERSIDAD DE ALCALÁ
MARINA CASADO
No es tan frecuente, en esta época, encontrar una poética sustentada, en gran parte, sobre la crítica social. Sin embargo, es el caso de la de Ariadna G. García, una voz muy reconocida en el panorama actual que centra su mirada en el equilibrio de la naturaleza, alterado y herido. Su obra más reciente acaba de ser publicada en la colección «De luz, piedra y espejo: poesía en la UAH», que dirige con gran acierto el poeta Francisco José Martínez Morán, quien ya ha publicado, en volúmenes anteriores, a José Manuel Lucía Megías, Olga Bernad y Ángela Álvarez Sáez.
La obra de Ariadna G. García, la cuarta de la colección, incluye, en realidad, dos libros: Sabiduría de los límites y Línea de flotación, con sendos prólogos de Luis García Montero y Jamila Medina Ríos, y palabras de contraportada de Jorge Riechmann. El primer libro vio la luz en 2017, en Ediciones Aguadulce, de Puerto Rico, pero resultaba difícil acceder a él dentro de las fronteras españolas. Se trata de una obra que, en palabras de la propia autora, «habla de los conceptos que nos hunden y de aquellos que nos reflotan» y «persigue un equilibrio». Un equilibrio que, como advertía anteriormente, está alterado.
La poeta desarrolla una conciencia de esa herida que afecta al planeta en múltiples ámbitos. Quizás el fundamental sea el cambio de valores producido en las últimas décadas, que nos conduce hacia una sociedad descarnada, de consumo, que ha enterrado la sensibilidad y el idealismo. No resulta casual que el segundo poema del libro trate del traspaso de una floristería que, para la autora, tenía un significado especial. Las flores, con su fragilidad y su belleza, han sido sustituidas por una tienda de telefonía móvil, una muestra de la imparable invasión del capitalismo. El teléfono móvil vuelve a aparecer como símbolo de la falta de sensibilidad en el poema «La oferta», en el que se plantea una reflexión: «¿No te valen / las risas de tus hijos, / una taza de café, / el temblor del deseo, / el lazo que te une a los amigos […]? / Tú naciste / para comprarte, / hoy, / el nuevo Iphone X». Desde un estilo irónico, Ariadna imita el lenguaje del marketing para denunciar la superficialidad social.
El recurso de la ironía resulta constante en la obra, a la hora de mostrar al lector estas incoherencias. España es «el viejo país de los olivos / y de los girasoles» donde «las grandes compañías industriales / cocinan y nos venden alimentos / con aceite de palma». En otro poema, se reproduce una ficticia llamada en la que un interlocutor pretende que otro con cierto renombre participe en una cumbre contra el clima, y le acaba ofreciendo la posibilidad de elegir entre «jet privado» o «crucero de lujo». Más adelante, reflexiona: «Ahora que ya se agotan las reservas / de petróleo, / […] ¿cómo andamos / de reservas morales?». Contrastes, hipocresía que traspasa el umbral del descaro. Sin embargo, no falta realidad en sus versos.
El realismo es una de las principales virtudes de la obra, que incluso se inspira en noticias, como la que da pie al magnífico poema «Baltyc Dry Index», escrito a dos voces. La primera es informativa: «No hay un solo carguero transoceánico / en ruta / por todo el Atlántico Norte». La segunda, múltiple, representa la voz de diferentes personas que son víctimas de la injusticia social, desde una profesora de la Escuela Pública a un tercio de jornada hasta un sintecho que pide en la calle. Aquí la autora abandona el habitual egocentrismo poético para ponerse en la piel de los desamparados; demuestra la capacidad de asumir una mirada que trasciende a la propia, concediéndole una especial importancia a las desigualdades sociales. Es capaz de salir de sí misma y contemplar el mundo, como una observadora en la distancia, con un tono reflexivo y profético. «Somos el pasado de esa tierra / sin gente», sentencia. Y la poesía, entonces, se convierte en una manzana del pueblo de su suegro –frente a la homogeneizada sociedad de consumo– o un tallo que brota en el asfalto como «un esforzado Eneas»: testigos de esa parte natural que vamos perdiendo.
El segundo libro, Línea de flotación, ha permanecido inédito hasta la fecha y, aunque prosigue con la crítica al capitalismo, también constituye un canto a la vida desde la perspectiva de mujer, madre, amante y habitante del planeta, partiendo de la visión humanista de Francisco de Osuna: «El Hombre es Dios». La familia se erige como un refugio –«Los temporales / con mi tripulación / no me dan miedo»– y surge la fe en forma de esperanza: «Yo también / encerré a las mariposas / que latían sobre mis omóplatos / […] por eso / creo / en ti».
Lo cierto es que Linea de flotación podría leerse como una continuación de Sabiduría de los límites. Primero, la poeta plantea una crítica hacia la invasión del capitalismo y el hundimiento de la naturaleza, de la sensibilidad. Después, se reafirma a sí misma desde su lugar en el mundo para acabar celebrando «este amor absoluto por las cosas»: la mujer, los hijos, el «milagro de la vida»; incluso la gata negra que, protectora, se tumba junto a ella y, de repente, «el cielo escampa». Por último, muestra «a sus lectores futuros» el sentido de su poética, extensible también a su vida: «Mis libros son lianas de solidaridad / con que atravieso el tiempo hasta sus manos».
Nos encontramos, pues, ante dos libros que han de leerse también unidos, enlazados en una armonía que ha sido construida a través de versos narrativos, testimoniales y directos: dardos cargados de realidad que se clavan directamente en el corazón y parecen advertirnos, desde una sabia serenidad, que el planeta sigue siendo hermoso y que estamos a tiempo de salvarlo. Como escribió Alejandra Pizarnik: «Mis brazos insisten en abrazar el mundo / porque aún no les enseñaron / que ya es demasiado tarde».
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