jueves, 14 de diciembre de 2017

Migrante

Migrante, Giovanni Collazos. La Garúa. Santa Coloma de Gramenet. Barcelona. 60 páginas. 10 euros.

Cuando un hombre, o una mujer, abandona su tierra natal y emigra a otro estado, se siente desubicado, tarda un tiempo en adaptarse a las nuevas costumbres, a la climatología, o a la lengua foránea. Como en un cuadro de Chirico, se convierte en la pieza desencajada de su contexto para implantarse en un entorno extraño, en las antípodas de su naturaleza. Es la estatua helena en medio de una fábrica, la canoa que surca un gran salón. Esa experiencia resulta inefable. Ni compartiendo un mismo código, se puede transmitir con exactitud. Por eso Giovanni Collazos, poeta peruano afincado en Madrid desde hace dos décadas, reniega en su nuevo poemario de la claridad conceptual o de los metros tradicionales para hablarnos de sus tribulaciones de emigrante. Compartimos la lengua, pero no las emociones: el desarraigo, la incertidumbre, la soledad, el miedo. Con el objetivo de que nos identifiquemos con él, con su extrañamiento, desvertebra la sintaxis y la morfología. Retuerce la semántica. La estética del libro connota, por tanto, la incomprensibilidad que rige la convivencia entre quien estrena un país y sus nuevos vecinos. En la novela Intento de escapada (Anagrama, 2014), Miguel Ángel Hernández reflexiona sobre este asunto a propósito del diario escrito en bambara por un emigrante de Mali, que pretende exponer Jacobo Montes en una galería de arte sin traducir al castellano: “Prefiero que nadie lo entienda –defiende el artista social–. Eso es lo de menos. Además, por mucho que entiendan las palabras, no sabrán lo que es […] ¿Y qué sentido tiene no traducirlo? El sentido de hacer consciente a la gente de la imposibilidad de conocer. Lo contrario es incluso peor. Si alguien cree que sabe cómo es el mundo, ya no se ocupará de buscar una solución. Pero es mucho más problemático no saber, no comprender. Ésa es la única manera de reaccionar”. Los lectores de Migrante harán suya la frustración de los que no se hacen comprender, de los que no se integran, de los que se golpean contra el muro de una vida que no les satisface, porque se encuentran solos o andan marginados. ¿Y cómo lo consigue su autor? Con un estilo próximo a Vallejo. Al igual que el célebre creador de Trilce, Collazos connota la tragedia existencial por medio del lenguaje. Así, la tensión emotiva del sujeto que enuncia viene expresada por imágenes irracionales (“se forman en las costillas guayabas relámpagos y albas de nieve”), enumeraciones caóticas, ausencia de puntuación y visiones (realmente prodigiosas: “baile carnívoro”, “piedra destejida”, “el pezón de una trompeta”, “el toldo mojado de una égloga”, “un campo escayolado”, “luzco mandibular”, “hombro descalzo”). El poema se convierte en un golpe para despertarnos a la realidad. Collazos bien puede identificarse con estos versos del poeta vasco Gabriel Aresti: “yo les diré/ que la poesía/es/ un martillo”. El libro supone un alegato contra la incomunicación humana y sus consecuencias (la soledad, la exclusión, el hambre), pero a la vez es una delicia desde un punto de vista estético. 

A la plasticidad de las imágenes debemos sumar la eufonía de su vocabulario, lograda por la incorporación de americanismos (mondonguito, guagüita), la querencia por las palabras esdrújulas, los neologismos (hombresvapor, pelosable) o la aliteración de fonemas líquidos. Muy buen poemario este Migrante. Seguiremos de cerca a su autor. Y mis felitaciones a La Garúa, no ya sólo por el poemario, sino por las cada vez más elegantes y cuidadas ediciones que alberga su catálogo.        








martes, 5 de diciembre de 2017

Crónica de mi lectura en el diario manchego Lanza



Os dejo aquí la crónica que recoge Lanza. Diario de La Mancha sobre mi lectura anoche en el Aula de Poesía de la Facultad de Letras del campus de Ciudad Real.

http://www.lanzadigital.com/cultura/ariadna-garcia-presento-aula-poesia-las-pequenas-balas-linea-flotacion/


domingo, 3 de diciembre de 2017

Recital en la Universidad de Castilla-La Mancha


Mañana lunes 4 de diciembre ofrezco una lectura de poemas en el Salón de Grados de la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha, que tiene su sede en Ciudad Real. Será a partir de las 18:00. La actividad se enmarca en el ciclo Aula de Poesía. La entrada es libre hasta completar aforo.

Aquí tenéis la convocatoria y un mapa: 
http://eventos.uclm.es/agenda/show_event/15249/aula-de-poesia_-lectura-de-poemas-ariadna-garcia.html

¡Nos vemos!


domingo, 26 de noviembre de 2017

Árbol desnudo




La revista Oculta Lit publica mi reseña del libro Árbol desnudo, de José Cereijo (Renacimiento, 2017). La antología ha sido preparada por el poeta y crítico literario Javier Lostalé.

La tenéis aquí.




jueves, 23 de noviembre de 2017

Oculto sendero



La revista Oculta Lit publica mi reseña del libro inédito -y autobiográfico- de Elena Fortún: Oculto sendero. La obra, escrita en el exilio -lejos de la censura- relata la lucha de una mujer por dedicarse al arte, por conseguir la independencia económica, por tener tener libertad de movimiento para relacionarse con quien quiera, por romper un molde, por reivindicarse a sí misma, por conocerse, por derribar el espejo donde el mundo le decía que tenía que mirarse para sustituirlo por el horizonte de su propia inquietud.

Podéis leerla completa, pinchando aquí.





lunes, 13 de noviembre de 2017

El abrazo contrario

El abrazo contrario, Rafael Saravia. Bartleby, 2017. 80 páginas. 11 euros.


En una entrevista concedida por el poeta Rafael Saravia al Diario de León afirmaba: “No concibo el poema dentro del facilismo verbal que agrede la emoción de lo incomprensible. No creo en la voluntad domesticada del lenguaje plano, jocoso y simple para llegar a más y más ventas. No me interesa el mercado como estratagema de cercanía literaria. Si he de escribir simple y complaciendo para que me lean más, desisto de hacerlo. No escribo para conquistar; escribo para compartir.” Hablaba, entonces, el autor, de su reciente libro de poemas (Carta blanca, Calambur, 2013), pero esa misma estética (hermética y oscura, favocedora de la polisemia) también es perfectamente válida para acercarnos a su última entrega: El abrazo contrario (Bartleby, 2017). Apuntaba Luis Antonio de Villena –a propósito de un libro enorme: Pasión de la Tierra, de Vicente Aleixandre– que los poemarios surreales, irracionales, que tensan el lenguaje para evocarnos emociones, tienen dos posibles lecturas: una relacionada con nuestra necesidad de comprensión (de buscarle un sentido al texto, una ideología, un significado); y otra que descansa en el placer estético que nos producen las imágenes y la musicalidad de los poemas. Como esta última es privada de cada lector, me centraré en la primera. No obstante, afirmo que he disfrutado con sus juegos y símbolos (“Somos remanso y no atajo”… “Ser maíz en tierra de orquídeas”, de Transición).

Rafael Saravia da cuenta en su libro de la precariedad instalada en los hogares (“Cada familia junta las uñas del día y las cuece en lágrimas/para hacer caldos más transparentes”) y premoniza una era de cambios (“Llegan tiempos de osadía./La palabra se empieza a poner el guante de la acción”, de Carta al Norte). No especifica si se refiere a una Revolución general o una rebelión localizada en lugar concreto y dirigida hacia una injusticia seleccionada. Pero lo cierto es que el cambio se ha puesto en marcha (“Los bocados de argumento están naciendo ahora”), la ciudadanía ha despertado a la conciencia de su estatus (“Se sabe esclava de su condición,/y eso ya es mucho pedir”). Jorge Riechmann –en su libro de ensayos ¿Vivir como buenos huérfanos? (Catarata, 2017)– apunta que el origen de “las cosas horribles” que nos pasan es, precisamente, que “preferimos no saber”, que negamos aquello que consideramos incómodo para, de esta manera, no actuar, ni tampoco involucrarnos, aunque esta actitud pasiva pueda precipitarnos a situaciones dramáticas. Saravia critica también esa indolencia: “La verdad se oía en cada foto pero el silencio seguía siéndolo todo” (de El síntoma), “Los contenedores jamás han vivido una paz tan duradera/en época de hambre y disimulo” (de VII). Echo en falta en esta sección del libro –de carácter social y de compromiso civil– algo más de desarrollo. Un ejemplo: en El síntoma se habla de una enfermedad, la “falta de amor por la vida” –que yo creo que es más bien la indiferencia–, pero, ¿cuál es el riesgo que corren quienes la contraen? Quizás, si no en este poema, sí en otros, se podría haber formulado o sugerido la amenaza que pende sobre una sociedad no empática, individualista e insensible hacia las tragedias lejanas que padecen los demás.

En las dos restantes secciones del poemario Rafael Saravia introduce el tema del amor y de la plenitud de una vida que se basta a sí misma. Destaco los poemas XIII y XV (entre los que median tres poemas, por cierto: Sin cubierto, XIV y Lo habitable. ¿Por qué esa alternancia de títulos y números romanos?), del que extraigo estos hermosos versos: “Luego…/tumbarse boca arriba,/notar crecer la hierba en la espalda,/fracturar el tiempo incómodo y poder mirar,/sin más,/el calor azul de lo importante”. Ahí radica nuestro punto de inflexión, en esa vida exenta de ambiciones, pausada, como la cantaba fray Luis de León, y antes que él, Horacio.  

El firmante del prólogo es el célebre Antonio Gamoneda, con quien Saravia comparte el gusto por la imagen alucinada, la abstracción, el carácter fragmentario del texto, la yuxtaposición de emociones, la ausencia de enécdotas y cierta concepción del mundo. No es mala tradición la onírica para adentrarnos en las convulsiones de nuestro tiempo. Julieta Valero, Antonio Lucas o Ana Gorría –por citar sólo unos nombres– también crean sus obras desde sus postulados. Pero de entre todos, puede que Rafael Saravia sea el más evocador y delicado: “Todos los días eran invierno./Eran calor forzado y lanas imborrables,/Todas las tardes eran el peso que justifica la vida./Las campanas nacían discretas,/su ego se repartía en el silencio blanco./El hielo aterido de sí mismo./Lo triste sembrado con la ternura momentánea de los geranios secos/y apenas una mujer rompiendo la mansedumbre del gris” (del mejor poema del libro, Lo habitable). 

La cubierta, editores de Bartleby, preciosa.


martes, 7 de noviembre de 2017

Koundara



En la revista Oculta Lit publico la reseña del último libro del escritor David Pérez Vega, Koundara (Baile del Sol, 2016), una colección de siete relatos donde el autor proyecta su aguda mirada generacional.

La tenéis aquí.