lunes, 12 de mayo de 2025

Adamar, en Turia

 


A la espera de la reseña en papel, la Revista Turia recomienda hoy en redes mi poemario Adamar. 


Os dejo aquí el enlace:


https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088


¡Seguimos!


sábado, 10 de mayo de 2025

Los árboles caídos también son el bosque



Los árboles caídos también son el bosque es un volumen que recoge once relatos. Aunque su escritura finalizó en  2015, no fue publicado hasta 2024. Este libro forma una trilogía con las obras El sol mueve las sombras de las cosas quietas (2019, editado también en el 2024) y La paciencia del agua sobre cada piedra (que salió de imprenta en 2023). Es decir, hablamos de una escritora que, pese a que se hacía de rogar el viento de las mesas de novedades, no cejaba en su quehacer literario y, brújula en mano, se dirigía al Norte, confiando en llegar a su destino antes o después.

Lo primero que sorprende de esta colección de cuentos es su estilo. En efecto, los párrafos son breves; las oraciones, cortas: pura pincelada. Alejandra Kamiya, argentina de origen japonés, ha escrito un libro lírico, sugestivo y evocador. La autora nos recuerda que existe la belleza incluso en lo macabro: la guerra, la soledad, el abuso, la violencia, la muerte. Sus textos están traspasados por el amor. Con qué delicadeza relata el vínculo con el hijo, con el padre, con la amiga del alma, con la vecina anónima… Pese a la simpicidad de sus argumentos, estos relatos emocionan por la sinceridad que desprenden. De vez en cuando se cuelan entre las líneas versos de poetas (“alguien dijo que hay que mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”; de otra Alejandra: Pizarnik), así como obsesiones de otras protagonistas que tienen hijos. Es el caso del cuento “Breves como un trébol”, donde un bebé de 24 meses, sólo en el centro de un corral, es atacado por una oveja, frente a la mirada de una madre que se encuentra al otro lado de la alambrada: “Lo veo y siento miedo. Una aguja de miedo. Es algo que ha nacido en mí junto con él, este miedo. Un miedo tan real que puedo tocarlo, como toco este alambre. Tiene púas”, que recuerda al relato Distancia de rescate, de Samanta Schweblin. Si nos fijamos en la cita anterior, apreciamos la musicalidad de sus palabras. Escondidos, ralentizando el ritmo de una madre que no puede llegar hasta su hijo, se esconden versos alejandrinos, terriblemente lentos y angustiosos: Lo veo y siento miedo. Una aguja de miedo. / Es algo que ha nacido en mí junto con él. / Un miedo tan real… De donde se desprende que Kamiya domina a la perfección la técnica de su oficio.

 

Los árboles caídos también son el bosque es un libro altamente recomendable, poético, sutil, que habla de asuntos que sentimos como propios: el sentido de la vida, el desarraigo, la pérdida o la fuerza para salir adelante. No conocía la editorial, Eterna Cadencia, que ha editado un volumen precioso. No lo dejen pasar.

 

 

domingo, 4 de mayo de 2025

Adamar, en los Cuadernos del Sur


 

Alejandro López-Andrada firma una extraordinaria reseña de mi último poemario, Adamar (Pre-Textos, 2025). Ha salido en el suplemento cultural de El diario de Córdoba: Cuadernos del Sur. Os dejo por aquí algunas citas. Tdavía estoy reponiéndome de la emoción: 

 "deliciosa poesía para romper la capa de penumbra que envuelve el mundo que habitamos. Estamos, por tanto, ante un libro magistral, donde no sabra nada ni tampoco falta nada". 

 "La poesía que escribe desde algunos años Ariadna G. García está recogida en libros memorables como, por ejemplo, Apátrida (2005), La Guerra de Invierno (2013) o Ciudad sumergida (2018) [...] es en este Adamar donde alcanza su cénit, su imponente madurez, distinguiéndola como una de las voces más serenas, valiosas e imprescindibles de la poesía española contemporánea".

"Y es su voz pecular, su tono poético encendido por un resplandor fluvial, caleidoscópico, que todo lo abarca y difunde al mismo tiempo lo que la ha convertido en una poeta aquilatada, dueña de un universo lírico distinto al de otras voces de su generación". 

"un conjunto abundoso en instantes líricos magnéticos que nos atan los ojos, el alma, el corazón a un volumen poético escrito con solvencia, en estado de gracia,  colmado de ternura, amor y respeto a la Naturaleza".

La gratitud que siento no puedan evocarla estas palabras.


 

 

sábado, 3 de mayo de 2025

Los días perfectos


Los días perfectos, Jacobo Bergareche. Libros del Asteroide. 2024.

 

Escribía Albert Camus: “La peor desdicha / no es no ser amado / sino no amar”. El estado de enamoramiento eleva la vida por encima de las brumas diarias. Alienta, perfecciona, impulsa. La correspondencia es un milagro, pero no es necesaria. Sí lo es, en cambio, que esa persona amada esté en tu vida; que te permita ser ese sujeto dichoso que respira dentro de ti, que celebra cada día nuevo porque sabe que la razón de su existencia también lo celebra como parte de la suya, aunque esté en las antípodas de su amor romántico. Escribía Garcilaso de la Vega: “Lo amaba, mas no como él pensaba”. Pero ese amor puede ser suficiente si se aceptan los límites. Pedro Salinas gozó de una amante en su vida, y al perderla, también se perdió él. Cuando desapareció la causa de su alegría, se quedó sin su voz. El poeta murió dentro de sí, al ver morir un sol en sus entrañas. Por eso duelen las palabras del protagonista de Los días perfectos: “lo que de verdad temo perder es la posibilidad de ser la persona que estaba enamorada de ti, esa persona que puede hacer, decir y sentir las cosas que hace, dice y siente una persona enamorada”.

 

La novela narra la relación amorosa que mantiene Luis con la destinataria de su carta, Camila. La misiva es un largo flashback donde se rememora un amor ya pasado. Quizás amor sea una palabra demasiado grande. Se trata más bien de una pasión que barre la monotonía instalada en el corazón de ambos: dos personas maduras y casadas que se ven, por razones de trabajo, en una convención que tiene lugar sólo una vez al año. El libro da cuenta de la ilusión renacida que sienten, del impulso sexual que los hace temblar como terremotos, de las ganas de conquista, de los nervios, de lo loca alegría que produce la conexión intelectual y física con alguien nuevo. La promesa de encuentros futuros sacude el tedio presente. Y no obstante, ya desde las primeras páginas, Luis se lamenta de la condición caduca del enamoramiento: “yo también tuve esas vísperas con Paula”. Los días perfectos nos hace reflexionar sobre lo volátil de la pasión, y sobre qué signfica y dónde se encuentra la felicidad en pareja. Pienso en Salinas, en tantos escritores que tuvieron amantes y vieron estallar la pompa que los ascendía hacia una dicha suprema, pero enormemente frágil. Ni Luis ni Camila se amaron de verdad, se disfrutaron. Sin duda, eso es maravilloso, pero inestable y provisional. El miedo y la culpa son sus enemigos. Escribe Jorge Riechmann: “Enamorarse / es una especie de catástrofe natural / Pero amar es / un arte”. La novela, en ese sentido, es pesismista. Describe el amor de los amantes como un fuego condenado a extinguirse; camino que recorre también el del matrimonio. Con todo, a Luis le compensa esa pasión caduca: “a cambio me queda este dolor tan real y tan físico… y con gusto lo acojo dentro de mí”. Casi escuchamos detrás a don Miguel de Unamuno: “Mejor que no el vacío tu tormento”. Al final de la novela lo compadecemos. El amor en su casa se ha vuelto un páramo. Dice a su esposa: “hemos olvidado cómo hacer juntos un día perfecto”. La epístola que la dirige es hermosa y triste. Siente que su matrimonio está hundido, que la efervescencia se ha difuminado. Y eso, para él, representa un problema. Sus dudas se trasladan al lector: ¿Tendrá arreglo la situación? ¿Se puede reflotar su matrimonio? ¿Y qué lo reflota? ¿El sexo? Desde luego, un matrimonio es mucho más. El amor de una pareja con hijos que comparte casa, como es la suya, exige mucho músculo, así como altas dosis de comprensión y ternura. Bergareche nos recuerda que en pareja es fundamental el espíritu de aventura, la improvisación, las ganas de hacer cosas, la alegría, la locura, el juego erótico, así como no dar por sentado la presencia de nadie en nuestra vida. No son malos consejos. Es cierto. Pero no basta con eso. Igual si la novela la hubiese narrado Paula, la esposa, se hubiesen tratado otros temas. Puede que hubiese reivindicado más dulzura, más capacidad de escucha, más sensibilidad, más abrazos tranquilos en la cama, más palabras de sosiego cuando los días vienen con un hacha en la mano… Como quiera que sea, a una pareja no la sostiene el otro. No muere por la pereza de los demás, ni por su falta de imaginación o de estusiasmo. Igual, como dice Luis Cernuda: “no es el amor quien muere, somos nosotros mismos”. Ahí radica el verdadero desafío: en ser nosotros seres luminosos, para empezar, para nosotros. La felicidad no viene de fuera, procede de dentro. Esa luz interior es la que alumbra las restantes esferas de la vida. Y el amor.  Acabada la relación de amantes, ignoramos el desenlace con su esposa. El final es abierto. Ni Luis ni Paula sienten ya mariposas en el estómago, pero se aman y comparten un proyecto que da sentido a sus vidas. ¿Es suficiente? Debería. Y ahora me pregunto, ¿por qué las mariposas tienen que provocarlas las parejas? ¿Qué hay de la amistad? ¿No pueden ser los amigos/as quienen provean la vida de felicidad? ¿Por qué de manera insistente el arte reduce los días perfectos al ámbito del amor romántico? Cuántas horas perfectas comparten quienes se sientan juntos a tomar un café, a conversar; quienes quedan para hacer deporte, para viajar; quienes comparten experiencias enriquecedoras que los transforman por dentro. ¿Por qué un día perfecto tiene que pasar por la cama? El sexo, con todo lo importante que es, no lo es todo. Lo mismo la vida de Luis saldría de su hastío si ampliase su radio de relaciones. Esa felicidad conquistada fuera de casa luego nutre el hogar familar. La alegría es altamente contagiosa. En fin, sólo espero que Luis no acabe siendo Stoner.   

 Una bella novela para reflexionar...



viernes, 25 de abril de 2025

Actos mayo


 

Escuela de Escritores:

* 8 de mayo: imparto taller de poesía para alumnos iniciados.

* 13 de mayo: imparto taller de poesía para alumnos principiantes.



jueves, 24 de abril de 2025

Cronología de los poemarios publicados


 

Construyéndome en ti: curso 1995-1996 (1º de carrera).

Napalm. Cortometraje poético: 1997-2000. La parte lírica, "Seis segundos en boxes" la escribí entre 1997-1999. El resto de poemas, en el 2000. Por esas fechas (97-98) escribí otros textos, que acabaron en Helio. Tuvo dos versiones, con descartes y reestructuraciones: Orden alterno y Napalm. La segunda fue la que envié al Hiperión en diciembre del 2000. Para cuando se falló ya tenía compuestos algunos poemas de mi siguiente libro.

Apátrida: 2001-2004. Lo empecé en la Residencia de Estudiantes, aunque el proyecto inicial, Tercera esfera, era bien distinto. La "Resi" lo cambió por completo. El silencio me transformó. La energía de la Historia, del edificio, de sus fantasmas, me caló profundamente. El grueso del poemario lo escribí en mi habitación, la 447 del Gemelo II, entre septiembre del 2001 y julio del 2002. No quise renovar la beca, pero dejé el libro medio terminado. Escribí algún poema más en 2003 y 2004. Ese septiembre lo presenté al premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid, que gané en diciembre.


Helio: 2005-2011. Mis antologías de AKAL me robaron todo el tiempo que el aeropuerto me dejaba para trabajar. Desde el 2004 escribí muy poco. De vez en cuando, alguna experiencia me inspiraba poemas sueltos (2005-2006). El libro nació como tal en agosto del 2008, fecha en que compuse las elegías. El amor (los amores), ese motor que genera endecasílabos, me raptó de modo interrumpido hasta el 2010, año en que puse fin a la primera versión del poemario. Revisé el texto completo en la Residencia de Estudiantes, gracias a la generosidad de Alicia Gómez-Navarro, que me permitió pasar la noche allí para leerlo con calma en el Gemelo I, frente a la colina de los chopos. Todavía en 2011 estaba escribiendo algún texto más, cuando me llegó ese huracán llamado La Guerra de Invierno. Apalabré la publicación del libro con Joam de la Vega para sacarlo en 2013, pero lo pospusimos al 14.


La Guerra de Invierno: 2011-2012. Compuesto en dos tramos, abril-junio de 2011 y febrero-mayo de 2012. En enero del 2013 lo envié al Miguel Hernández Comunidad Valenciana, que gané  en abril. El libro vio la luz ese mismo año.


Ciudad sumergida: 2013-2017. Libro de escritura lenta, por tramos. "Devenir" lo escribí en 2013, antes de ganar el Miguel Hernández. En 2014 compuse varios textos, entre otros, el que da título a la obra. En diciembre del 2014 escribí "Origen". En primavera del 2015 compuse "La Tierra". Y en la Navidad del 15-16 me puse a trabajar en los poemas en prosa de "Memoria".  En esos tres años (2013-2016) escribí mucho y descarté sin que me temblara el pulso. Acabé la versión definitiva (tras encontrar, por fin, el modo de estructurarlo), en 2017.


Las noches de Ugglebo: lo escribí de un tirón entre agosto y septiembre de 2015. En 2016 lo presenté al Premio El Príncipe Preguntón, que gané.


Línea de flotación: colección de 33 poemas escritos entre 2005 y 2016. Es más bien una plaquette. Me lo editó Ediciones Aguadulce en 2017.


Adamar: lo comencé en junio de 2015. En realidad, lo que empecé a escribir fue El país de los olivos, poemario que tenía una fuerte impronta social y celebratoria. Escribí demasiado el curso 2015-2016, pero descarté casi todo. Me sonaba en exceso a Bertolt Brecht. Por esas fechas estaba trabajando en mi edición de Sor Juana. Experimenté un cambio en el otoño del 16, con la composición de poemas a modo de breves pinceladas en recuerdo de mi paso por Vietnam, Camboya y Tánger. No fue hasta el otoño del 2017 cuando vi que tenía un libro nuevo entre las manos. Compuse en esos meses "Naturaleza urbana". La Navidad 16-17 la paso escribiendo "Contracultura y mística", "Caesaraugusta" y "La Bola del Mundo". Tras el vendaval de Sublebación, que se me impuso en 2018, retomé Adamar en otoño, ya con mi puesto en el IES Cervantes, que tanto me habría de inspirar (en verso y prosa). Entre septiembre del 2018 y enero del 2021 me entrego por completo al poemario y a la novela El bosque sagrado (2019-2020), que es su espejo. Desgajo El país de los olivos en dos obras: Adamar y Sabiduría de los límites en septiembre del 2020. Esa Navidad, tan productiva como las anteriores, doy forma a "Zen". En agosto del 2021 Manuel Borrás se compromete a sacarlo en Pre-Textos.


Sublevación: nace como una fuerza de la naturaleza entre febrero y abril de 2018. Es hijo de las oposiciones, que tanto van a influir en mi vida. En diciembre Borrás me escribe para darme la grata noticia de que lo sacará Pretextos (iba a salir en mayo del 20, pero se retrasa a octubre debido a la pandemia).


Sabiduría de los límites: compuesto entre 2017-2019. Editado en 2023 gracias a Francisco José Martínez Morán, que me lo pide para la colección de poesía que dirige en la Universidad de Alcalá de Henares. Es decir, Sublevación y Límites los creo durante el período en que doy forma a Adamar. 


 




martes, 22 de abril de 2025

Encuentro en Huéscar




Este viernes 25 de abril daré una charla a alumnos de 1º y 4º ESO del IES La Sagra (Huéscar, Granada) dentro del marco "Encuentros con autor" del MEC.