miércoles, 25 de septiembre de 2024

La rosa contra el lino

 

La rosa contra el lino. Antología poética, Verónica Aranda. Selección y pralabras preliminares de Juan José Martín Ramos. Polibea, 2024. 197 páginas.

 

 

 

Quince son los poemarios que ha publicado la autora madrileña desde que se diera a conocer en 2005. En estos diecinueve años de carrera literaria se ha consolidado como una de las voces más personales de nuestro panorama poético. Verónica Aranda, verso a verso, ha levantado un mundo con su obra. Un mundo propio y diferenciado de los demás proyectos que se han venido publicando en España estas últimas décadas. Es decir, cumple con los requisitos que Pedro Salinas pedía para considerar a un vate como tal: “Para mí, todo el valor de un poeta está en razón directa de su capacidad para crear un mundo suyo, un mundo poético nuevo”. La presente antología, que ha sido preparada por Juan José Martín Ramos (editor de Polibea), en la medida en que recorre su trayectoria en orden cronológico, representa una oportunidad magnífca para demostrar hasta qué punto su obra se adecua a esas palabras.

      Si bien es verdad que su voz evoluciona y se modula con cada nueva entrega de su trabajo, Verónica se mantiene fiel a dos principios: el elogio de la vida sosegada y el estilo inmersivo.

El primero de estos rasgos determina su gusto por las ceremonias domésticas: del té, de la escritura y del baño (en el hammam). El rito exige delicadeza y un alto grado de concentración, representa un epicúreo goce del instante. La autora reivindica el valor de la lentitud para apresar la vida. Por ella, se ejercita en la contemplación. El tempo lento permite que su mirada se detenga en las cosas y se funda con ellas: “En cada viaje en tren me multiplico:/mi otredad son las gárgolas con musgo,/los campos justo antes de la siega” (pág. 131). Este sentimiento de comunión con todo lo creado  emparenta sus versos con el estoicismo de Marco Aurelio. Dos son los espacios por lo que posa su mirada Verónica: el paisaje, el café. Gracias a ambos se siente partícipe del mundo natural y del urbano. El motivo del viaje, tan característico de su poética, se subordinada a su querencia por el sosiego, que le brinda la oportunidad, no de ver, sino de contemplar. De ahí la abundancia de descripciones, sobre las que me detendré más tarde. Al igual que Ángel Ganivet, ella privilegia el paseo como forma de unión espiritual con cuanto la rodea. Escribía el granadino:

 

       Y no crea usted que es grano de anís la facultad de contemplar: es quizás la única que nos diferencia del hombre primitivo y salvaje, que por no saber contemplar las cosas no descubre las relaciones espirituales que hay entre ellas y el hombre.  (La conquista del reino maya, Planeta. 1988. Pág. 384)

 

         Por otra parte, también eleva el tren a medio preferible de transporte. De modo ocasional se asoma a la ventanilla de un avión (pág. 23), pero serán los expresos los que más recurrentes, en la medida en que permiten a la autora esa cercanía con el paraje.

        El segundo de los rasgos a los que aludía es el estilo inmersivo. Tras el sosiego inicial, la voz que enuncia se integra en el entorno. Esa interacción se manifiesta, por un lado, por medio de alusiones a los sentidos (vista: “rojo cadmio”, oído: “cláxones y voces”, tacto: “se enfría el té”, “roce de los torsos”, olfato: “olor a especias”, gusto: “un gusto a regaliz”); por otro lado, gracias a los pronombres demostrativos y a los adverbios de lugar, que actúan como indicadores de la deixis espacial y nos ofrecen información sobre la situación in situ del sujeto que habla: “este alto”, “subía hasta aquí”. Los poemas de Verónica a menudo semejan cuadros. Es interesante, a este respecto, la precisión en el cromatismo: “azul añil”, “rojo cadmio”, “azul celeste”. Muy posiblemente, esta paleta revele el interés de la poeta por la pintura, que veremos más tarde. No obstante, con frecuencia, estos colores no comunican con exactitud la experiencia vital de la voz que enuncia, que recurre a sorprendentes hallazgos exprexivos para evocar un tono: “sol de cúrcuma y mostaza”, “luz magenta y cobre”. Desde luego, estas metáforas dotan a los poemas de plasticidad y vuelo lírico. También encontramos sinestesias que dan cuenta de la inmersión vital de quien describe, al mezclar informaciones recibidas por dos sentidos: “fiebre acanelada”.

      Abundan en la antología verbos de contemplación previos a las descripciones que se nos ofrecen: ver, observar, contemplar. De entre estas topografías destaco una, integrada en el poema “El Cairo” (pág. 68). La descripción se realiza por medio de varios recursos literarios que evocan lentitud y ralentizan el ritmo: aliteración de la [s] (“quise ser escritora”, “en ese estado”) y enumeraciones de construcciones bimembres (“las once y las tres”, “lo milenario y la renuncia”). Además, este sopor se explicita con sustantivos (“languidez”). Este sosiego no sólo puede relacionarse con la hora del día en que transcurre el relato (el mediodía), sino también con la calma y tranquilidad de quien está de viaje y carece de problemas. En contraste con el sosiego dentro de la habitación del hotel, la voz que habla entrevé “la ciudad/cubierta de monóxido”. Es decir, fuera de la burbuja por la que se paga, se intuyen la contaminación y el ruido de los vehículos que recorren El Cairo.

De lo comentado se deduce que la autora madrileña da pequeñas pinceladas críticas. En otras ocasiones, da brochazos. A este respecto, me resulta interesante la compasión de Verónica Aranda hacia los individuos más humildes que salen a su paso, de la que da amplia muestra La rosa contra el lino: “vagabundos” tumbados sobre bancos, niños “descalzos por caminos polvorientos” y de “frágiles miembros desnutridos”, “mendigos” que imprecan y comen “ciruelas verdes”… Esta mirada cargada de amor quizás pueda relacionarse con el aprendizaje de quien mira la realidad con detenimiento. En nuestro día a día nos llenamos las agendas de tareas y compromisos, pero cuando viajamos, en esos días de ocio, nuestra frenética velocidad existencial se apacigua y ramansa. Es entonces que podemos mirar. Por eso, la voz que enuncia, según se desplaza por la geografía, superpone a su viaje espacial un viaje interno. Se despoja de quien es y se descubre otra; comienza un “exilio” interior (pág. 65) y emprende una ruta de autodescubrimiento: “Vine también a sondear mis límites” (pág. 129). Uno de sus hallazgos consiste en la ternura.

      Este punto nos lleva al siguiente: la relación de la autora con la realidad. ¿Son los poemas reflejos de la misma? Desde luego, Verónica posee un conocimiento delimitado del mundo. No se conforma con nombrar una determinada clase de seres (plantas), evocando la naturaleza de un modo general, sino que, por el contrario, menciona hipónimos de esa taxonomía cerrada (“menta”, “jazmines”, “cardamomo”).  Añadamos que la toponimia que cita existe en el mundo extratextual. Tanto los países y ciudades como las calles, plazas y cafés que menciona tienen su correlato físico. Pero, ¿los copia o reproduce? La respuesta es que no. Aranda los sublima. Aunque para la creación de los poemas parta —necesariamente— de la realidad, los textos resultantes se elevan por encima de ella, la embellecen. Y por eso, la salvan del olvido. Esta poetización se lleva a cabo a partir de dos movimientos. De uno hemos hablado ya, la inmersión (del sujeto que se deja vivir por el entorno). El segundo se orienta en sentido contrario, es el medio el que se transforma al proyectar la autora su sentir sobre él. No faltan en la antología muestras de esta proyección. Pongamos, como ejemplo, el poema “Oporto”, en el que la tristeza que produce la pérdida se evoca en un paisaje de tonos “grises” y “palmeras forzadas” (pág. 70). En conclusión, Verónica Aranda transforma en literatura sus vivencias, que sobreviven (alteradas) al transcurso de tiempo.

        Más allá de los dos aspectos fundamentales que veo en su poética, el sosiego y la inmersión, La rosa contra el lino muestra el devenir diacrónico de la métrica de su autora. Si en su primer poemario (Poeta en India, 2005) compuso sonetos (como por aquel entonces hacíamos muchos de nosotros: Álvaro Tato, en el Libro de Uroboros; Carmen Jodra, en Las moras agraces; o yo misma en Apátrida), pronto se decantó por el uso de la estancia sin rima y, desde hace un tiempo, también cultiva el haiku (Senda de sauces, 2011; Lluvias continuas, 2014; Sin rumbo fijo, 2019).

        Por último, esta antología recoge una amplia muestra del espectro temático de su autora: el amor, el deseo, la nostalgia, la decepción, el tempus fugit e incluso cierta reivindicación feminista. Precisamente, las piezas del libro Cobalto oscuro (2020) —que son las que empoderan a la mujer— entablan un diálogo con otros tantos cuadros en los que se inspiran. Esta obra renueva el quehacer poético de Verónica Aranda, que deja a un lado el discurso introspectivo y lo sustituye por el análisis de la experiecia ajena. Este culturalismo pictórico se relaciona con el literario. Los versos de la autora madrileña se tiñen de referencias a un amplio elenco tanto de escritores (Paul Bowles, Juan Ramón Jiménez, Luis de Camöes, Tennessee Williams…) como de pintoras (Sofonisba Anguissola, Artemisa Gentileschi, Mary Cassatt, Elizabteh Okie Paxton, Paula Modersohn-Becker…), estableciendo una polifonía que aumenta la polisemia de los textos.

       La rosa contra el lino es una muy buena antología de una poeta excelente. Sin duda, se trata de una muestra representativa y coherente de su obra. Tanto, que puede concebirse como su poemario más completo. Los lectores que se adentren en sus casi doscientas páginas descubrirán un mundo caracterizado por la lentitud, por el amor a lo pequeño, por la fascinación que produce la contemplación de la vida en todos sus matices, por las ceremonias sociales y los ritos íntimos.

Estos valores fundan una ética.

 

La antología se cierra con la bibliografía de su autora y un corpus de ensayos criticos sobre sus libros. Francisco José Martínez Morán denomina a Juan José Martín Ramos “Príncipe de los editores”, y creo que razones no le faltan.

 

Esta reseña la publicó la revista Paraíso. Universidad de Jaén. 2024.

martes, 3 de septiembre de 2024

Más allá de los clásicos

 


Hoy comienza en plazo de inscripción en el curso Más allá de los clásicos: la literatura española en el siglo XXI. Se incluye dentro del marco de Innovación y Formación del profesorado de la CAM. Tengo el honor de participar dando la ponencia dedicada al género poético. Os dejo toda la información sobre el curso en el siguiente enlace:


https://innovacionyformacion.educa.madrid.org/actividades/mas-alla-clasicos-literatura-espanola-siglo-xxi-cxxxx

Nos vemos allí.

miércoles, 31 de julio de 2024

Balance del curso 2023-2024

 


Acaba un curso más (septiembre 2023-junio 2024) y toca hacer balance. Como acostumbro, he tenido la oportunidad de participar en distintos eventos, que pondré por aquí según los vaya recordando.

 

El curso arrancaba con mi participación en el homenaje que el Instituto Cervantes realizaba a Luis Cernuda, el 20 de septiembre. Gracias a la invitación de Luis García Montero, tuve el honor de ser testigo del legado que la familia del poeta donó a la Caja de las Letras, de leer un texto suyo y de introducir uno de sus libros en la cámara acorazada 1684.

 

El día 30 de septiembre, todas las autoras españolas que hemos tenido el placer de acudir a Cereté (Colombia) estos últimos años conmemoramos su “Encuentro Internacional de Mujeres Poetas”.

 

El 16 de octubre, con motivo del Día Internacional de las Mujeres Escritoras, me entrevistaron en Radio Enlace.

 

El 30 del mismo mes Charlie Marrero me sometió al tercer grado a través de su cuenta de Instagram a propósito de mi álbum ilustrado La sirena que no sabía nadar.

 

2024 comenzó de un modo maravilloso. El crítico estadounidense Paul Cahil (docente de la Universidad de Pomona, California) publicó un extenso artículo sobre mi obra en la célebre revista literaria norteamericana Romance Quarterly: "Queer Futurity and Conflicted Feeling(s) in the Poetry of Ariadna G. García".

 

El 20 de enero leí un par de poemas en el macrorecital por Palestina que tuvo lugar, de modo simultáneo, en varios países del mundo. La sede de mi recital se fijó en el centro social ocupado La Ferroviaria.

 

En febrero se producía un nuevo milagro crítico. Otro profesor, Juan Carlos Abril (Universidad de Granada), analizó –entre otros– mi poemario Ciudad sumergida en un ensayo que vio la luz en el prestigioso Bulletin of Hispanic Studies: “De la conciencia a la autoconciencia: el ecofeminismo como respuesta poética”.

 


 

 

Y por supuesto, la noticia del año fue la aparición de mi doble poemario Sabiduría de los límites. Línea de flotación, editados por la Universidad de Alcalá de Henares. El libro lo presenté en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH el 27 de febrero. Me hizo el honor de acompañarme mi querido Javier Lostalé.

 

El 21 de marzo fallamos el XXXVIII Premio de Poesía Hiperión. Recayó en el joven poeta Lorenzo Roal, por su libro Oro en las grietas.

 

Un año más, he tenido la inmensa fortuna de participar en el Programa del MEC “Encuentros con autor”. Agradezco, de corazón, al departamento del IES “Altaír” (Getafe) la oportunidad brindada para hablar a sus estudiantes de la ESO sobre mi poemario juvenil Las noches de Ugglebo y sobre mi actividad literaria.

 

A su vez, han aparecido reseñas mías en las revistas especializadas Paraíso y Turia. Y al revés, he tenido la inmensa fortuna de que reseñen mi último poemario en el Diario Montañés (Carlos Alcorta) y en La Estación Azul (Javier Lostalé).

 

El 6 de abril mostré mi apoyo al colectivo “Rebelión científica” participando en una lectura colectiva ante el Museo Reina Sofía, junto a Jorge Riechmann, entre otros.

 

Como cada año, acudí a la Feria del Libro de Madrid, y este año, además, a la de Alcalá de Henares.

 

El 8 de junio, Javier Lostalé y yo ofrecimos una lectura conjunta en la Casa de la Cultura de Chamberí.

 

Por último, se ha consolidado mi Tertulia poética itinerante, de la que tenéis más información en la entrada de ayer del blog.

 


 

 

En fin, ha sido este (otro) curso intensito. El 2024-2025 viene cargado de sorpresas. En septiembre os resumo cómo ha ido el verano.

 

 

¡Feliz agosto!

 

martes, 30 de julio de 2024

Tertulia Poética Itinerante

 

Verónica Aranda, Rosana Acquaroni, Gracia Iglesias y yo. 

 

En junio del año 2023, siguiendo el ejemplo de los grandes tertulianos literarios que hemos tenido a lo largo del tiempo, puse en marcha en Madrid, mi ciudad, una reunión de carácter mensual a la que denominé “Tertulia Poética Itinerante”. Desde luego, el proyecto nunca habría salido adelante sin la ayuda de dos grandes poetas y amigos: Verónica Aranda y Francisco José Martínez Morán, que se sumaron enseguida a la propuesta. ¿Por qué itinerante? Por la simple razón de que selecciono distintas cafeterías cada cierto tiempo para sostener nuestras conversaciones. En efecto, así como no siempre coincidimos los mismos autores, el espacio varía con nosotros; simboliza la alternancia y el cambio. Además, es un guiño a El castillo ambulante y a la Librería ambulante. Lo mágico se mueve y se desplaza, se muestra y se oculta. Desde la primera vez, nos hemos reunido siete veces. Hasta aquí, hemos charlado en las cálidas mesas del Café Barbieri, del Hotel Only You y del Coco Mocca. Por supuesto, en septiembre tendremos nuevo enclave. Al principio los temas que sacaba eran espontáneos: en qué obras estábamos trabajando, lecturas recientes... Ahora, sin ceder a la tentación de la improvisación, les envío con tiempo los temas a tratar (quiero decir, que les mando artículos para debatirlos cuando nos veamos). Nuestros asuntos estrella son el concepto generacional y la construcción del canon. Lo bueno del grupo es que los afrontamos desde miradas diferentes, ángulos múltiples y puntos de fuga variados. Esto se debe a que entre los tertulianos no sólo hay escritores, sino también editores y periodistas que, además, son narradores y poetas. Dejo constancia de la tertulia en el blog a modo de resumen fotográfico anual. Lamentablemente, carezco de tiempo para recoger en actas los temas de los que hablamos. Pero en el futuro, ¡quién sabe!

Verónica Aranda, Jorge Valdés, Amalia Bautista y yo.

 

Dejo aquí, para el recuerdo, las fechas de las tertulias, los lugares de encuentro y la nómina de participantes:

 

26 de junio de 2023. Café Barbieri: Verónica Aranda, Rosana Acquaroni, Gracia Iglesias y Ariadna G. García.

 

25 de septiempre de 2023. Café Barbieri: Verónica Aranda, Jorge Valdés Díaz-Vélez, Amalia Bautista, Ariadna G. García.

 



 

27 de diciembre de 2023. Hotel Only You: Verónica Aranda, Ketty Blanco, Juan José Martín Ramos y Ariadna G. García.

 

 19 de febrero de 2024. Hotel Only You: Francisco José Martínez Morán, Marina Casado, Javier Lostalé y Ariadna G. García


22 de abril de 2024. Hotel Only You: Fracisco José Martínez Morán, Verónica Aranda y Ariadna G. García.



Francisco José, Marina Casado, Javier Lostalé y yo.


28 de mayo de 2024. Coco Mocca: Juan José Martín Ramos, Marina Casado, Fracisco José Martínez Morán, Javier Lostalé y Ariadna G. García. 


28 de junio de 2024. Coco Mocca: Javier Lostalé, Marina Casado, Fracisco José Martínez Morán y Ariadna G. García. 


Francisco, Verónica y yo.


Juanjo Martín, Marina Casado, Francisco y yo.


Lostalé, Frsncisco, Marina y yo.

 

Mi agradecimiento desde aquí tanto a quienes forman parte, a día de hoy, del núcleo de la tertulia (Francisco, Verónica, Marina, Lostalé y Juanjo), como a quienes nos han acompañado con sus apariciones estelares.

 

Seguimos en septiembre.


lunes, 29 de julio de 2024

Oh, Poetry! 2024

 


Tuve el honor de participar hace unos días en el festival Oh, Poetry! de Albacete. Esta es una foto de familia, tomada el 10 de julio. Valdría como muestra antológica de algunas de las voces más destacadas del panorama lírico actual. Como dice Juan Antonio Bernier: "Cuánto talento sobre el escenario". Por aquí posamos Marcos Díez, Jaime Siles, Luna Miguel, Curro Bernier, Martha Asunción Alonso, Antonio Praena, Ángeles Pérez López, David Refoyo, Almudena Sánchez, Francisco José Martínez Morán, Rubén Martín Díaz, Andrés García Cerdán, Mario Obrero o yo, entre otros.



domingo, 28 de julio de 2024

Fotos de mi paso por la UIMP

 

Rueda de Prensa. Palacio de la Magdalena.

 

Salón Real. Palacio de la Magdalena.

 

Salón Real. Palacio de la Magdalena.

 

sábado, 27 de julio de 2024

Materia

 

Materia, Yolanda Castaño. Trad. Por ella misma. Visor. 2023. Edición bilingüe. 119 páginas.

 

 

 

Subversión y heterodoxia

 

 

Llega un momento en la vida de todo poeta en el que necesitamos ponernos en un mapa, no tanto físico –que también– como temporal. Buscamos ubicarnos en un plano moral, reconocer las deudas y agradecer los valores heredados. Pero no sólo eso. La mina del compás que somos traza un círculo completo alrededor de un eje. Así nos proyectamos del pasado al futuro, siguiendo un orden cronológico. Y, por supuesto, anclamos con fuerza nuestra aguja de acero en el presente. 

    Materia se articula en tres partes. Las dos primeras, “Ríos subterráneos” e “Iceberg”, remiten, respectivamente, a los estados líquido y sólido. Son metáforas del devenir y de la inmutabilidad. Y, curiosamente, ambas se refieren a la esfera de lo oculto. 

Que la familia fluya hasta nosotros está relacionado con la biología, pero también con las ideas y con un posicionamiento ante el mundo. Desde luego, Yolanda ha cogido el testigo de su abuela en su actitud desafiante frente las convenciones (“Modas Lolita Rivas”):

 

Qué poco valemos nosotras para ser mandadas, abuela […]

Quríamos marcar el ritmo del pedal con nuestras piernas,

cubrir la niebla de brocados,

trazar a mano alzada nuestro propio patrón.

 

El presente, por su parte, está constituido por elementos permanentes, compactos y estables. En esas coordinadas del yo, aquí, ahora encontramos poemas al hermano, a la madre, a las amigas, al hogar, al cuerpo y a un antiguo amor. Yolanda Castaño hace un guiño a Parménides a propósito de la negación del cambio. Así, recuerda el nudo de complicidades que la une a su hermano, pese al paso del tiempo:

 

Alberto, la gente no lo dice, pero en el fondo

aman los grilletes, nosotros en cambio

queríamos nadar, sacudir el tiempo, queríamos erigir

nuestra propia disciplina.

  

Incluso el amor se resiste a su extinción. Las llamas aún calientan. El fuego todavía arde, si bien su intensidad es otra. Me refiero al hermoso y emotivo poema “El viento no rompió”. El amor poesee unas propiedades que pueden cambiar con el transcurso de los años, en tanto que son accidentales:

lloramos por todo cuanto hemos perdido la manos las rodillas pegadas la loza humeante de la lealtad jardines la lumbre de las palabras emulsionar juntas la disidencia…

 

Sin embargo, la esencia de ese amor es inalterable:

 

 El viento no rompió lo caminado yo siempre voy a sentirme unida a ti.

 

La última sección del libro remite al estado gaseoso: “Nube o el peso de la ingrávida”. Como adelantaba, se centra en el futuro. Los poemas reflexionan sobre la maternidad. Y aquí sí se vislumbra el temor a que los hijos modifiquen la consistencia del mundo real. La sombra de Heráclito se extiende de modo sutil. Quien ansiaba nadar por un vasto océano sin límites ve en la descendencia un obstáculo a su liberdad. Así leemos en los poemas “Plomo” y “Ortodoxia”, respectivamente:

 

Los niños son

cemento.

 

Un niño es una piedra.

 

Debido a la crianza de los vástagos, la vida –sin remedio– entraría en crisis, se transformaría, mutaría en otra cosa para la que el sujeto que enuncia no está preparado (ni tiene porqué estarlo). Recordemos que los gases tienden a ocupar siempre todo el espacio disponible que se les deje, lo mismo que los hijos. De ahí la renuncia de la autora a ser madre, que explicita en un poema conmovedor: “No llegaré a”. 

 

Nunca detendrás mi viaje […]

No me sorberás el tiempo.

 

Así y todo, la nostalgia por la experiencia descartada queda patente en los versos más extremecedores de todo el poemario:

  

Ya nunca sabré […]

Qué significaría amarte.

 

Esta última sección, por tanto, es polisémica. El estado gaseoso puede referirse, o bien a la condición volátil de quien suelta un lastre existencial con su rechazo de los deberes y obligaciones de la crianza; o bien a esos niños que, como el gas en el aire, se acaban adueñando de la vida de sus progenitores (lo que tiene asociadas continuas deflagraciones, pues las fricciones entre madres, padres e hijos generan chispas).

Por lo que respecta a la estética del libro, Yolanda Castaño incluye una variante con respecto a las anteriores entregas. Junto a la disidencia verbal (largos poemas en versículos, omisión de signos de puntuación, símbolos herméticos, textos en prosa…) leemos poemas que combinan la vanguardia con la métrica y los recursos formales de la lírica tradicional (no en vano, encontramos canciones compuestas por cuartetas y coplas, así como un amplio abanico de figuras de repetición: paralelismos, anáforas, versos bimembres…).

La subversión de la forma está realacionada con la heterodoxia del fondo. Yolanda Castaño reivindica en Materia una opción antipatriarcal (la renuncia a la maternidad); así como varias actitudes antinormativas: el desafío a las convenciones sociales de postguerra en la España franquista y la rebelión contra toda forma de imposición externa (simbolizada en las “bridas”, esas riendas contra las que luchan las “bravas e indomables” amigas, quienes:

  

Se hicieron un día con sus propios estribos).

 

Es decir, frente a los “grilletes”, las “bridas” y los “patrones” que tratan de imponer su presión anajenadora a la voz que habla, a su hermano, a sus amigas y a su abuela; Yolanda Castaño reivindica la “disidencia”, la “independencia”, el “escándalo” y la “emancipación” como formas apetecibles de proyecto vital. 

Materia acaba de obtener el Premio de la Crítica al mejor libro de poesía escrito en lengua gallega. Desde aquí felicito a Yolanda por su estremecedor poemario.

 

 

 

 

Esta reseña fue publicada en la revista Turia,

número 149-150. Páginas 485-487. 2024