En el extenso prólogo de la antología Un estallido, que recoge la obra de poetas nacidos entre 1984 y el 2000), sus seleccionadores, Raúl Molina y Álvaro López, me citan cuatro veces. La primera, en calidad de coantóloga del libro Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003; 2ª ed., 2006), que preparé junto a Guillermo López Gallego y Álvaro Tato (p. 19).
Las tres restantes, como poeta destacada de comienzos de siglo. La primera vez que me nombran lo hacen a propósito de la renovación de los "aspectos temáticos" (p. 22) que emprendimos algunos integrantes de mi generación (cuyo arco cronológico no está, ni muchos, delimitado). En concreto, se refieren a que con Napalm (Hiperión, 2001. Premio Hiperión) renové el "interés por la sintaxis cinematográfica y televisiva" (p. 23). En la segunda ocasión me incluyen entre los poetas nacidos en los 70 que, junto a los autores de los 80, repensamos nuestros "posicionamientos líricos desde lo figurativo". Lo que nos unía a Elena Medel, Verónica Aranda, Ben Clark, Antonio Lucas, Pablo García Casado, Miriam Reyes y a mí (entre otros) era "el intento de distanciarse de los modelos puramente experienciales" (p. 54). Y, por último, se refieren a mí en el epígrafe titulado Nuevos diálogos culturales. Aquí los prologuistas ponderan "la imbricación [en nuestras obras] entre una alta y una baja cultura de masas integrada en la cotidianidad" (p. 78). Es más, añaden que esa mezcla "alcanzó con renovada fuerza a las autorías jóvenes de principios del siglo XXI en libros como Mester de cibervía (2000), de Vicente Luis Mora; Libro de uroboros y Cara máscara, de Álvaro Tato (2000); Napalm. Cortometraje poético (2001), de Ariadna G. García [...] (p. 79).
Agradezco desde aquí a Raúl Molina y Álvaro López las menciones citadas. Es un verdadero honor constar en un libro de Cátedra.

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