domingo, 8 de julio de 2018

Tacha

Tacha, Francisco José Martínez Morán. Sevilla. Renacimiento. 2018. 84 páginas.


El nuevo poemario de Francisco José Martínez Morán (1981) comparte algunos rasgos con sus trabajos anteriores: obra de tono menor, humilde y confidencial, trata asuntos morales (el tempus fugit, la memoria, la muerte, la futilidad de la existencia, el desengaño) con un estilo sentencioso, accesible y cercano. El poeta complutense es un maestro de las composiciones cortas, que remata de manera impecable. No obstante, con Tacha se adentra en un motivo temático nuevo: el metaliterario. Si en Obligación (Polibea, 2013) tan sólo leíamos un texto que tratara este asunto (Y seguir escribiendo: “He seguido escribiendo cada día,/ como quien rompe el mundo entre los dedos/ y derrama su pulpa sobre nieve”), comprobamos que su última criatura es, ante todo, un homenaje a la propia poesía, así como una parada que el autor se impone para reflexionar acerca de su creación. Cada libro publicado por Francisco ha salido con un año de retraso sobre el anterior. Los intervalos entre ellos cada vez son más largos. En esta tesitura, el poeta se detiene a contemplar su obra, que siente hueca, vana, caduca, imprecisa e inútil. Ya conocíamos el pesimismo del sujeto que enuncia en sus poemas, que ahora se cuestiona si proseguir o no juntando letras:

“por quién me esfuerzo y velo,
si todo se amontona
en el interminable
prólogo de un vacío”

              (del sobrecogedor Comunicarse).

En esta agónica incertidumbre, Morán ha realizado breves homenajes a algunos de sus poetas de cabecera: Lope, Manrique, Cervantes, Espriu, Otero, Cuenca o Keats. Al juego intertextual de citas y alusiones une el autor el ensayo de un género específico: la canción, que reelabora de modo personal. Da la impresión de que Francisco está buscando nuevos bríos, y que trata de coger impulso indagando en la tradición. De ahí que se exija un límite, que cerque su expresión con el imperativo tacha (borra, destruye). Porque no todo vale en poesía, pese a que vivamos en un tiempo en que parezca relucir todo lo contrario. Señala Debicki que la verdadera lírica reflexiona sobre su tejido y su alma. Francisco José, como Unamuno, se interroga por el objeto del Arte si la vida carece de sentido (pues es la “nada entre nada y nada”). Igual una manera de saturarla de significado sea salirse del yo y avanzar hacia el tú o el mundo. Pero es esta una impresión mía que, tal vez, no comparta el autor. Con todo, se vislumbra en Tacha un intento por mirar hacia fuera, en clave simbólica. Así vemos vencejos, yeguas y gaviotas hinchados de connotaciones semánticas, de emociones con las que vibramos todos (como quería el bueno de Antonio Machado): angustia por la caducidad, tesón frente a la adversidad y frustración de expectativas. ¿Por qué rumbo se decantará Francisco, superada esta crisis introspectivo-creativa? Ya estamos deseando una nueva entrega de sus sutiles, hondos y lacerantes versos para salir de dudas.


Esta reseña ha sido publicada por Oculta Lit.


sábado, 30 de junio de 2018

Un poema mío en la revista Poder popular



Amigos:

Os dejo el enlace a la revista Poder popular, que ha tenido a bien publicar un poema de mi libro Apátrida (Hiperión, 2005), que trata sobre el tema de la violencia de género.

https://poderpopular.info/2018/05/27/ariadna-g-garcia-poema-hubo-un-dia-hace-tiempo-que-sonaste/

Abrazos,
A.


lunes, 25 de junio de 2018

Recital en el I Congreso Internacional de Humanidades Ambientales


I CONGRESO INTERNACIONAL DE HUMANIDADES AMBIENTALES: “RELATOS, MITOS Y ARTES PARA EL CAMBIO” ALCALÁ DE HENARES, DEL 3 AL 6 DE JULIO DE 2018


La temática del congreso, “Relatos, mitos y artes para el cambio”, se encuadra dentro de lo que se denominan Humanidades Ambientales las cuales suponen un marco crítico trans- disciplinar y transnacional que ha surgido con fuerza en los últimos años. Dicho marco cuestiona la división entre las ciencias humanas, sociales y ecológicas, por resultar obsoleta a la hora de enfrentar, analizar y articular los retos sociales, culturales y ecológicos del siglo XXI, con sus múltiples escalas, sus riesgos biofísicos y sus dificultades representacionales. 

Este congreso pretende contribuir a este fascinante debate al tiempo que lo introduce en España, donde todavía no se ha establecido. Por todo ello este encuentro aspira a fomentar el diálogo y los contactos entre investigadores de diversas áreas relacionadas y, por tanto, su estructura será́ algo distinta a lo habitual. La participación activa durante su desarrollo será́ un eje central. Además de paneles tradicionales, el congreso contará con varias conferencias plenarias sobre filosofía, arte, y literatura, además de talleres temáticos (de debate, eco-teatro, música, escritura creativa o realización artística) y sesiones poéticas y musicales. Habrá unas 130 ponencias de una veintena de países tanto en inglés como en español.
Para más información visite la web:

http://www.institutofranklin.net/eventos-franklin/congreso-internacional-humanidades-ambientales/
Este congreso forma parte de los proyectos de investigación “Humanidades ambientales. Estrategias para la empatía ecológica y la transición hacia sociedades sostenibles” (HUAMECO) HAR2015-67472-C2-2-R (MINECO/FEDER); y “Actividades de Investigación en Mitocrítica Cultural” S2015/HUM-3362, CAM/FSE.
Este congreso pretende resaltar el papel de las humanidades en la concienciación ecológica y de transformación social, partiendo de las sinergias entre artes visuales, literatura, mitos y ética y cómo estas dan forma a nuestra cosmovisión.

Por ello, tendrá lugar un recital de poesía el jueves 5 a las 20 h. en el Hostal Complutum en la Pl. San Diego (justo en frente de la fachada histórica de la universidad). Las sesiones del congreso terminan a las 19:30. Cada poeta (somos 4: Jorge Riechmann, Jose Parreño, Jose Manuel Marrero y Ariadna G. García -aunque probablemente alguien lea poemas de Julia Barella-) tiene 15 minutos. Terminará sobre las 21:15. La entrada es libre. 


sábado, 16 de junio de 2018

La Guerra de Invierno en la revista cultural Amanece Metrópolis



Descubro ahora esta estupenda reseña de mi poemario La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013. Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana):

http://amanecemetropolis.net/la-guerra-de-invierno-de-ariadna-g-garcia-la-resistencia-del-hielo/

¡Gracias, Víctor M. Sanchís!

domingo, 10 de junio de 2018

El don de la fiebre

El don de la fiebre, Mario Cuenca Sandoval. Barcelona. Seix Barral. 335 páginas. 2018.



¿Cómo escribir sobre la vida de un músico vanguardista? ¿Qué lenguaje podría ser el apropiado para describir el alma de un místico? Mario Cuenca Sandoval ha encontrado la fórmula adecuada en su prodigiosa novela El don de la fiebre, donde la forma está en perfecta consonancia con el fondo. Y en un doble sentido. La obra narra la vida del compositor Olivier Messiaen, más conocido como el Mozart francés. El narrador autorial recorre su existencia justo antes de que finalice, cuando el músico sobrepasa los ochenta años y su mente divaga por el tiempo, mezclando fantasía y realidad, el mito y su desacralización. Al igual que en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, en el último trabajo de Sandoval la idas y venidas en la línea del tiempo vienen justificadas por el delirio de un hombre entrado en años que recuerda, a su vez, los delirios febriles de un joven que sobrevivió a un campo nazi en la Segunda Guerra Mundial. Pero resulta que, además, la obra aborda temas, los deja, los retoma, los amplía, los repite, está salpicada de ecos y reververaciones; los leit motive aparecen de manera obsesiva, imitando las melodías sinfónicas. Sandoval, un virtuoso de las palabras como Messiaen lo fue de los acordes. Ambos ponen su talento al servicio de la ruptura de los moldes tradicionales.
        Ya en El ladrón de morfina (451 editores, 2010) Sandoval jugaba con la temporalidad de su relato, e incluso realizaba disertaciones sobre la nieve, la fiebre, los ángeles o la guerra análogas a las que leemos en su nuevo libro. No en vano aquella obra estaba protagonizada por soldados de la U.S. Army durante la Guerra de Corea. Pero es que incluso en su primera incursión en la narrativa, Boxeo sobre hielo (Berenice, 2006), el escritor catalán demostró un sorprendente dominio de la técnica, así como su audacia innovadora: variando las voces, las perspectivas, ramificando las tramas y simultaneando las coordenadas espacio-temporales. Hablamos, pues, de un autor que, tras doce años de trabajo (y con sólo un altibajo –a mi modo de ver– en su carrera, Los hemisferios), acaba de consagrarse con El don de la fiebre como uno de los novelistas más importantes de la actualidad.
           La obra, decía, recrea la vida de Olivier Messiaen: organista titular de la Iglesía de Santa Trinidad de París y compositor de vanguardia. En 1932 se casó con la violinista Claire Delbos (Mi), para quien compuso piezas que interpretar a dúo. Para cuando fue llamado a filas (1940) ya gozaba de reconocido prestigio gracias a las obras El banquete celeste o La ascensión. Al año fue apresado por los alemanes e internado en un campo de Silesia. Allí compuso su célebre Cuarteto para el fin del tiempo, estrenado ante los propios reclusos y soldados. Una vez reincorporado a la vida civil en calidad de profesor de Armonía del Conservatorio parisino, durante el régimen colaboracionista de Vichy, Messiaen alternará momentos de crisis domésticas (la demencia y fallecimiento de su esposa, el cuidado de su hijo) con el advenimiento de un nuevo amor (la pianista Ivonne Loriod, discípula suya), que correrá paralelo a su consagración internacional. 
            La novela, por tanto, pivota en torno a dos núcleos argumentales: la experiencia militar de Messiaen y sus relaciones amorosas. La Guerra y el amor. Lo material y lo espirital. Lo mundano y lo celeste. El cuerpo y el alma. El propio personaje protagonista encarna este dualismo platónico y se convierte en hito de la resistencia, porque, sobre todo, El don de la fiebre es un canto a la creación artística pese a la adversidad, a la preservación del mundo interior frente a las injerencias del entorno. Como San Juan de la Cruz, que escribió su maravilloso y rompedor Cántico espiritual en prisión allá por 1577, el músico francés trabajó en su Cuarteto para el fin del tiempo en unas condiciones miserables; y exactamente igual que César Vallejo, que compuso Trilce –obra cumbre del creacionismo y de la experimentación vanguardista también en la cárcel (1920), Messiaen se entregó a la creación de una obra de ritmos liberados, sin ataduras armónicas, a modo de grito de libertad ante la presencia de sus captores, los oficiales nazis. Su coraje para proteger sus querencias y enhelos musicales de la invasión de la realidad (Bousoño dixit), de esas “fuerzas erosionantes de la Historia” posee vigencia en un siglo, el nuestro, monotorizado por la publicidad. Lo describía Chomski: “la propaganda es a la democracia lo que la violencia a los totalitarismos”. Nos resta albedrío. Hoy, que vivimos en una sociedad hiper-activa, esclava de su exceso de velocidad, de la acumulación innecesaria de datos, del constante ruido de fondo de las tecnologías… los creadores no necesitamos una habitación propia, sino un tiempo privado. ¿Tendremos la misma fuerza que Messiaen para aislarnos, para escribir en tiempos de penuria, para elevarnos sobre lo abyecto, para mantenernos fieles a nuestra vocación, para buscar la belleza y la espiritualidad, para inventar lenguajes de tormenta?
            Mario Cuenca Sandoval ha escrito un novela formidable: honda, moderna, polifónica, donde la estética (surreal, onírica, visionaria) está en consonancia con el fondo temático (la experiencia mística de un hombre que pretende emular la música de la Ciudad Celeste). 
            Buscar El don de la fiebre en una de las casetas puede ser una buena excusa para acercarse a la Feria del Libro de Madrid, pese a los aguaceros. Créanme. Me lo agradecerán.
               


 Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit.

lunes, 4 de junio de 2018

La ética del fragmento

La ética del fragmento, Luis Artigue. Pre-Textos, Valencia, 2017. 113 páginas. 17 euros.



El nuevo poemario de Luis Artigue tiene una sólida estructura formal y una interesante propuesta ideológica. El autor recurre al verso libre para connotar el cambio de paradigma que protagonizaron las mujeres en la Europa de entreguerras, inspirado, en parte, en el modelo de Safo. Esta ruptura rítmica (con respecto a la métrica convencional imperante en nuestro país desde el siglo XVI) pretende emular, por otro lado, la cadencia del jazz (de moda en los felices años veinte). La subversión, además, se pretende extensible al papel que representan los hombres en nuestro propio siglo, y viene simbolizada por la misma cadencia entrecortada del verso. Fondo y forma son inseparables. El poeta leonés rinde una serie de homenajes a varias artistas de cabecera, la mayoría homo/bisexuales. El primero, siguiendo una cronología lineal: a la célebre poeta griega. Artigue la eleva a símbolo de la diversidad sexual y de la rebelión:

De nuevo hoy, sabia Safo…te revelas
al proponer modelos alternativos
así, como quien hace el amor sin apelar
a la autoridad de la tradición…
¡Y qué más da, oh dioses transitivos,
la dirección del viento del deseo!” (p.37).

El segundo tributo lo centra en aquellas mujeres que mencioné más arriba, quienes trataron “de aportar algo al histórico proceso de invención de la realidad” (p.50). Hablamos de la pintora checa Tamara de Lempicka (quien piensa que “todos los caminos son posibilidades de asombro”), de la escultura nortamericana Thelma Wood (por cuyas venas corre “sangre de jaguar y bohemia/que la dirige ardiente al bosque de la noche” –guiño a la novela que escribió su pareja, Djuna Barnes, para resarcirse de su relación con ella), de la también escritora estadounidense Gertrude Stein, o de la bailarina negra Josephine Baker. París es la ciudad en la que convergen todas. Un símbolo del cambio, de la emancipación femenina, de la reivindicación de la individualidad. En última instancia, Luis Artigue realiza un llamamiento a la transformación de los hombres para convertirse en seres de cristal, transparentes, frágiles y resistentes; llama a la construcción de un yo “alejado/de la masculinidad hiperbólica”. Hasta aquí el libro es impecable. Pero le pongo algunos reparos.

Creo que la reivindicación de Artigue es incompleta. Por ejemplo, se describe la desnudez del cuerpo de Josephine Baker (se habla de sus “pezones”, de su “cinturoncito de plátanos”, de sus “muslos de nácar y humo”), de modo que el personaje queda reducido a una imagen erótica, cuando lo cierto es que la famosa vedette además de un cuerpo tenía un compromiso moral que la convirtió en espía durante la ocupación nazi de Francia. ¿Y no habría sido mejor hablar de también de esto? Comparto la relevancia de que aquellas mujeres reclamasen para sí el derecho a la sexualidad o al goce (cuánto les debemos), pero no es menos importante que asumieran responsabilidades y tuvieran actitudes prototópicamente asociadas a sus congéneres masculinos (valentía, arrojo, audacia).  ¿No habría que nombrarlo también, para compensar la actual reducción de la mujer a un objeto sexual?

El autor, por otro lado, pide la transformación de los hombres, que muestren –sin miedo– su lado vulnerable, débil e inseguro. Sin embargo, el poema inaugural de esta sección nos narra la pasión que el protagonista siente hacia una mujer con la que comparte un encuentro erótico, acabado el cual ella acaba iluminada. Y me pregunto qué tiene este sujeto de nuevo, si resulta que lo guía el deseo (un impulso físico, primario, presente en la lírica masculina desde Catulo) y que encarna la luz (sin él su compañera estaba a oscuras).

Por último, el libro me parece demasiado conceptual, no apela al corazón, sino a la razón. Estoy convencida de que esa frialdad ha sido buscada. Artigue, que es un experimentado poeta, ha hecho un guiño a las Vanguardias y a la deshumanización del arte (un ejemplo, cuando relata el suicidio de Renée nos describe así lo nublado del día: “el papel albal del cielo de París”). Su elección estética está perfectamente justificada, no en vano, los textos transcurren en la Europa de entreguerras, pero me da la impresión de que nos exilia de las vidas que ha querido acercarnos.

Así y todo, La ética del fragmento es un libro que merece la pena leerse. Artigue rinde homenaje a artistas y escritoras que le han servido de modelo. Y esa deuda que explicita es encomiable:

Alguien que habita en mí,
el que no cree que existan las paradojas
epistemológicas ni las ecuaciones sin misterio,
lee lo que escriben ellas
en la Historia de la Resistencia de la Normalización.
Y se reconoce en dicha búsqueda. Y
siente que ese discurso de algún modo le grita:
¡ayer soñé tu vida! (p. 22)

Por otra parte, es de agradecer que haya escrito un poemario donde sea tan visible la homosexualidad femenina.

También me resulta valiente su intento de construcción de una nueva identidad masculina –alejada del viejo esterotipo, que les presupone duros, insensibles y fuertes–,  acorde con los nuevos tiempos, en los que las mujeres –liberadas, emancipadas– exigimos un trato en condiciones de igualdad.

Por último, creo que La ética del fragmento constituye un perfecto complemento al documental Las sin sombrero, para que nuestra sociedad conozca –estime y valore– no ya sólo a las olvidadas escritoras y artistas españolas de los años 20-30, sino también a las americanas y a las europeas. Falta nos hace.



viernes, 25 de mayo de 2018

Olmo abatido


 
Hoy no hemos vivido una tragedia en el instituto, de milagro. Tenemos 75 árboles en el patio. Enormes olmos negros de 50 metros de altura, imponentes y frondosos. Fueron plantados en los años 80. De su mantenimiento se encarga el ayuntamiento de Madrid. Hablamos de árboles de crecimiento rápido y raíces de superficie. De gigantes con pies de barro. Uno de ellos no ha resistido los embates de la tormenta nocturna que ha anegado la capital. Su enorme copa estaba desparramada por el porche –que ha hundido– y el patio, sus raíces levitaban varios metros por encima de su lugar de origen, una tierra reventada que, de pronto, se ha quedado vacía. Por fortuna, esa fatídica suma de agua y viento ha arrancado al olmo en la madrugada, y no durante los recreos cuando cientos de niños corretean por el patio central que cruza entre los edificios principales, donde ha caído el árbol, acorazado de madera con mascarón de hojas y popa de raíces. Un milagro. A lo largo de la mañana ha venido la policía a precintar la zona y los bomberos a cortar el inmenso tronco y sus docenas de ramas, que no han podido llevarse aún. Todos hemos estado pendientes de sus maniobras. Hablando con un agente, y antiguo alumno del instituto, nos comentaba a una compañera y a mí que este tipo de sucesos podrían prevenirse de forma bien sencilla: no plantando árboles de raíces poco profundas (olmos, plátanos) y modificando el criterio de poda del ayuntamiento. Los jardineros encargados del cuidado de estos gigantes reciben instrucciones muy claras: han de podar a lo alto, para que las copas queden esbeltas. El problema salta a la vista. En los días de tormenta, las copas -empapadas de agua y zarandeadas por el viento- hacen de contrapeso y convierten al conjunto en un improvisado balancín de savia y corteza de 50 metros de largo. Ahora bien, si el criterio de poda no fuese la estética, sino la seguridad, igual nos ahorrábamos sustos como el que hemos vivido hoy en mi instituto o disgustos como el de la familia que perdió a su hijo en el parque del Retiro hace escasas semanas. ¿Es que tendría que morir algún alumno para podar los árboles de modo que no se descompensen con las lluvias? Sirva este suceso como símbolo de nuestra sociedad, donde prima la imagen, la apariencia, la belleza externa por encima de nuestro bien común. Las copas altas, la fruta plastificada y las corbatas en el gobierno, pese a que son un peligro, ponen en riesgo nuestro hábitat y gangrenan las instituciones del país.  
  

jueves, 17 de mayo de 2018

Día contra la lgtbfobia



Hace ahora 21 años que publiqué mi primer poemario, Construyéndome en ti (Libertarias/Prodhufi, 1997). En aquel libro adolescente (compuse los poemas entre los 18 y los 19 años) incluí un texto sobre la desazón de quien no podía mostrar en público su amor, por miedo a las reacciones ajenas. Quien reconozca la procedencia de la cita, verá el paralelismo que establezco entre las parejas hetero de postguerra y las homos de finales del siglo XX:


UN CUERPO

                       

                                    ¿A dónde huir, entonces?
                                       Ángel González




Tumbada entre las flores, las amapolas muerden
los restos de ternura que me quedan.



Unos años más tardé, en Napalm (Premio Hiperión, 2001) denuncié abiertamente la persecución homófoba que padecí con mi pareja de entonces. Bien es verdad que la crítica es simbólica, pero en mi taller había fragmentos de expulsiones de cafeterías o insultos en la calle.


IMÁN

                  
      
No serán suficientes las caricias para decir  “te quiero”,
pero mi mano aprieta el corazón
tendido como un puente hacia tu boca.
No caben más guirnaldas en mis venas,
ni más miel en tus pechos.
El más breve latido de tu carne
es un astro que tira de mis ardientes músculos
hacia su mar de brasas o carbones.
Ya en órbita,
doy forma a tu sonrisa con mis labios.

La tarde lentamente va llegando
allí donde termina el tobogán,
mientras cuento uno a uno
los gajos de ternura que me llevo a la boca.
La hostilidad del mundo,
las hélices de plomo
que cortaban el vuelo
a todos nuestros globos y cometas,
vive fuera del cuarto.
En el cuarto,
nuestro amor siembra puertos
donde las naves tienen corazones atados a los puños,
y los mapas revelan
la duda de las norias,
y las brújulas huelen
el resplandor del oro,
y los sueños desbordan los bolsillos
cada vez que se zarpa.

Monedas de sudor
acarician tus senos
y van dejando un rastro
de pisadas de estrellas.
No me duele la vida
cuando veo en tus ojos de gorrión mojado por la lluvia
lo risueño del niño
que espera sonriente como un ancla
su regalo.

No me escuecen las alas
cuando tus labios vienen a salvarme
del incendio en que vivo,
y la pasión nos toma la cintura,
y el ritmo de la sangre golpea los tabiques
y deshace la cama.

Nuestro amor empapela las paredes del cuarto
y vivimos felices entre algodón y fresas.

En la calle es distinto,
la gente nos recibe con una calurosa bienvenida 
                                         [a base de volcanes,
y el odio es un revólver
que apunta a nuestras manos cuando van enlazadas,
que apunta a nuestros labios si nos damos un beso.
Pero somos más fuertes,
y nuestro corazón bombea en las ventanas
                                          [sin miedo a los cristales.


Pero como creo que la lucha contra la homofobia no debe realizarse sólo desde la frustración o la denuncia, sino también desde el canto entusiasta que celebre el amor a la pareja y a la familia creada con ella, en mi último trabajo (Línea de flotación, Ediciones Aguadulce, 2017) también introduje esta composición:





No es más real la nada

que los trenes que oigo,
la noche que me envuelve,
la brisa de las ocho,

que mi cuerpo consciente de que existe,

que este amor absoluto por las cosas,
mi mujer y mis hijos.




Son ya 21 años de actividad literaria y de lucha por los derechos del colectivo lgtb (entre otros, el derecho a la visibilidad).

Y lo que te rondaré morena.


lunes, 7 de mayo de 2018

Vivitas y coleando


 
Aquí les dejo los 81 nombres de las poetas que hemos publicado nuestros libros en Hiperión, gracias a Jesús Munárriz y Maite Merodio, que llevan 40 años dando voz a la poesía escrita por mujeres. Juntas sumamos 124 títulos individuales (muchas de nosotras hemos publicado varias obras en la casa), a los que hay que añadir varias antologías de referencia obligada para conocer la lírica femenina española. En total, pues, hablamos de 128 libros de autoría femenina en una de las editoriales más prestigiosas de este país.

Como verán, las mujeres sí existimos en Hiperión.

¿Comenzamos?


Francisca AGUIRRE (2 títulos)
Delmira AGUSTINI
Anna AJMÁTOVA
María Asunción ALONSO
Rosaura ÁLVAREZ
Ángela ÁLVAREZ SÁEZ
Blanca ANDREU (2 títulos)
Verónica ARANDA
Elizabeth  BARRET BROWNING
Pilar BLANCO
Piedad BONNETT
Carmen BOULLOSA
Paula BOZALONGO
Laura CAMPMANY
Pureza CANELO
Laura CASIELLES
Juana CASTRO (2 titulos)
Luisa CASTRO (3 titulos)
Vittoria COLONNA,  Gaspara STAMPA, Chiara MATRAINI
Ana Isabel CONEJO (4 títulos)
Julia CONEJO ALONSO
Valeria CORREA FIZ
Isla CORREYERO
Rosa DÍAZ (4 títulos)
Emily DICKINSON (2 títulos)
Mariluz ESCRIBANO PUEO
Isabel ESCUDERO
María Teresa ESPASA
Elaine FEINSTEIN
Ángela FIGUERA AYMERICH (2 títulos)
Ariadna G. GARCÍA (3 títulos)
Carmen GIL (3 títulos)
Esther GIMÉNEZ
Carmen GÓMEZ OJEA
Pilar GONZÁLEZ ESPAÑA
Marta GUIJARRO
Almudena GUZMÁN (3 títulos)
Teresa HERRERO
María Elena HIGUERUELO
HO Xuan Huong
María Jesús JABATO (2 títulos)
Clara Janés (5 títulos)
Carmen JODRA DAVÓ
Raquel LANSEROS (2 títulos)
Denise LEVERTOV
LI Qingzhao
Elsa LÓPEZ (3 títulos)
Marisa LÓPEZ SORIA
Marta LÓPEZ VILAR
Aurora LUQUE
Alma MAHLER
María MAIZKURRENA
Carmen MARTÍN GAITE
Concha MÉNDEZ
Inmaculada MENGÍBAR
Marianne MOORE
Angélica MORALES
Inmaculada MORENO (2 títulos)
Sachiki NISHIGUCHI, Masajo SUZUKI, Chie KAMAGAYA
Julia OTXOA
Katy PARRA
Mar PAVÓN (2 títulos)
Isabel PÉREZ MONTALBÁN
Vanesa PÉREZ-SAUQUILLO (2 títulos)
Sylvia PLATH (2 títulos)
Margaret RANDALL
Miriam REYES (2 títulos)
Lucía RODRÍGUEZ GARCÍA HERREROS
Ana María ROMERO YEBRA
Rosa ROMOJARO (2 títulos)
María ROSAL (2 TÍTULOS)
Ana ROSSETTI (3 títulos)
Christina ROSSETTI
SAFO
Ada SALAS (3 títulos)
María SANZ (3 títulos)
Alfonsina STORNI (2 títulos)
Marina TSVIETÁIEVA (3 títulos)
Ángela VALLVEY
Raquel VÁZQUEZ
Akiko YOSANO

Y algunas antologías fundamentales:

Ramón BUENAVENTURA
Las diosas blancas. Antología de la joven poesía española
Noni BENEGAS & Jesús MUNÁRRIZ
Ellas tienen las palabra. Dos décadas de poesía española
Sharon KEEFEE UGALDE
En voz alta. Las poetas de las generaciones de los 50 y los 70.
Teresa GARULO
Diwan de las poetisas de al-Andalus






sábado, 5 de mayo de 2018

La presencia "inexistente" en mi casa



Leo por ahí que en el catálogo de Hiperión las mujeres somos "inexistentes". Y no sé si quien realiza tal declaración desconoce cuáles son las obras publicadas por una editorial tan prestigiosa o si su objetivo es otro: rebajemos a los demás para encumbrarnos. Pero la maniobra no cuela. No sólo las editoriales independientes publican voces femeninas. Que lo hacen. A Hiperión la sostienen 40 años de historia en los que Jesús Munárriz y Maite Merodio han visibilizado a muchísimas autoras aparcadas en los márgenes del canon, a la vez que nos han dado a conocer a muchísimas otras que estamos abriéndonos paso por dicho territorio, paraíso que alguna celebridad pretende controlar otorgando sus propios pasaportes y visados.  

Hago aquí mención a los libros de poemas escritos por mujeres que tengo en casa, y que ha publicado Hiperión. ¡Para ser una presencia "inexistente", anda que no ocupa espacio!

*Ángela Figuera Aymerich: Obras completas
*Carmen Martín Gaite: Después de todo
*Para Aguirre: Historia de una anatomía, Nanas para dormir desperdicios
*Ana Rossetti: Indicios vehementes. Poesía 1979-1984, Punto umbrío
*Juana Castro: Los cuerpos oscuros

*Noni Benegas y Jesús Munárriz: Ellas tienen la palabra. Dos décadas de poesía española.
*Suzuki Masajo: 70 haikus y senryûs de mujer 

*Almudena Guzmán: Usted, Calendario, El príncipe rojo
*Blanca Andreu: De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall
*Luisa Castro: Los versos del eunuco, Ballenas, Señales con una sola bandera. Poesía reunida. 1984-1997
*Ada Salas: Variaciones en blanco, La sed, Lugar de la derrota, Esto no es el silencio, No duerme el animal. Poesía 1987-2003
*Ana Isabel Conejo: Atlas
* Ángela Vallvey: El tamaño del universo

*Carmen Jodra: Las morar agraces
*Esther Giménez: Mar de Pafos
*Ariadna G. García: Napalm. Cortometraje poético, Apátrida, La Guerra de Invierno
*Miriam Reyes: Bella durmiente, Desalojos
*Verónica Aranda: Tatuaje
*Vanesa Pérez-Sauquillo: Bajo la lluvia aquivocada, Estrellas por la alfombra
*Raquel Lanseros: Croniria, Las pequeñas espinas son pequeñas

*Raquel Vázquez: El hilo del invierno 




Y esto, lo que tenemos en casa de poesía. En el catálogo, más.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Un acuario

Un acuario, Jeffrey Yang. Traducción y prólogo de Jordi Doce. La Garúa. 156 páginas. 14 euros. 2018


Dice Van Dijk en Discurso y dominación que quien controla los medios, controla  los discursos, y con ellos, los modelos mentales y las acciones. Orwell ya presagiaba en 1984 el intento del Estado de “limitar el alcance del pensamiento, de estrechar el radio de acción de la mente” por medio de la poda del lenguaje, de la destrucción de conceptos. La literatura, claro está, debe ser un bastión contra este tipo de manipulaciones y ha de visibilizar aquellos otros temas que ocultan, precisamente, quienes controlan los contextos de producción de discursos, es decir: los grupos dominantes. ¿Lo hacemos? Nosotros, novelistas y poetas, ¿de qué asuntos hablamos? El poeta californiano Jeffrey Yang ha pretendido con Un acuario ofrecer una visión distinta de la relación de la humanidad con el mundo: desde el punto de los seres que estamos sometiendo, y no desde nuestra óptica autocomplaciente. En su libro encontramos no ya sólo una crítica a la naturaleza invasiva de nuestra especie, sino un mosaico precioso de leyendas de origen diverso (chinas, nórdicas, mexicanas, hawaianas, hindúes…), de lenguas vivas y muertas (griega, vietnamita, inglesa, latina…), así como de citas o alusiones a autoridades varias (historiadores, poetas, filósofos, científicos, políticos… Plinio, Santa Teresa, sor Juana, Aristóteles, Galileo, Borges, Garibaldi…). El acuario simboliza, según Juan Eduardo Cirlot, el final de un ciclo y el comienzo de otro, “la liberación por la destrucción”. Yang asume el punto de vista de la fauna marina para que oigamos la voz de aquellos que no la tienen y, por tanto, ni pueden representarse ni tampoco defenderse. Aquí, en su poemario, se rebelan contra la injerencia humana, gracias al milagro de la literatura, que puede hacer posible lo imposible. No se lo pierdan.

Muy buena la traducción de Doce. Y preciosa la edición de La Garúa.


lunes, 30 de abril de 2018

En El País



Dejo por aquí la noticia publicada en El País sobre el fallo del premio El Ojo Crítico de Poesía, 2016, de cuyo jurado formé parte:

https://elpais.com/cultura/2016/12/16/actualidad/1481891565_587186.html


miércoles, 25 de abril de 2018

Poemas a Argos


 
  
Ha pasado ya un año desde el día
en que te recogimos de la calle
para darte un hogar. Ahora eres miembro
de esta alegre familia. La ternura
que siento cuando subes a mi mesa
de estudio y te recuestas sobre pilas
de apuntes y de libros por quedarte
a mi lado, no puedo describirla.
Cuánto has crecido en todos estos meses.
Lo noto en que te cuesta desplazarte
de la impresora al flexo, de las obras
del siglo XVI hasta la esquina
opuesta, en donde tienes la toalla
que te suelo poner para que duermas
un poco más mullida; ésa que ignoras
por sentir en la piel el tacto suave
de unos folios escritos con un amor tan grande
como es este que sabes que te tengo.

(Poema de mi libro Apátrida. Hiperión. 2005)


No soy tu dueña.
Ni me perteneces.

                             En cambio,
somos dos seres que nos reconocemos
en el mismo relato.

Una felina y una humana.
Quién iba a imaginarlo.

Compartimos
sin pausa
la sucesión de días,

el milagro que nos convocó
para respirar al unísono.

Ángel negro, sin envés,
de alma transparente
me ayudas a cargar
con todo lo vivido,
la gravedad
de aquello que me pesa.


Tu lealtad es incondional.

Todos somos vasijas agrietadas,
pero hay seres, como tú,
que restauráis a otros,
                                     como yo.

Subes a mí muy débil,
buscando redención.
Ninguna lo sabemos,
pero el tiempo se encoge entre nosotras.

Me hueles.
          Ronroneas.
Son tus actos de insufrible belleza.

Hasta el último día, dando amor.
Hasta el último instante, dando amor.

(Poemas de un cuaderno inédito a mi gata)

 2001-2017

lunes, 23 de abril de 2018

El cazador

 El cazador, Mario Míguez. Pre-Textos. Valencia. 76 páginas. 10 euros. 2008.

  
Una de las novelas más brillantes que diera el Grupo del 98 fue, sin duda, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, firmada por Ángel Ganivet (1897). Se trata de un libro clásico, en el sentido de que sus páginas aún tienen mucho que decirnos a los españoles del siglo XXI. Obra política, y de plena actualidad, encontramos además pasajes interesantísimos sobre otros asuntos, como este del Trabajo tercero, donde define qué es ser poeta: “Poetas son los hombres capaces de ver las cosas con amor”. El novelista distingue a “los versificadores de oficio” de los verdaderos creadores, que son las mujeres y hombres que “se sirven de todos los medios humanos de expresión, entre los que la acción ocupa quizás más alto lugar que las formas artísticas más conocidas: las palabras, los sonidos, los colores”. El poeta nunca permanece ensimismado en su obra, absorto en sus cuartillas, encerrado en su estudio de trabajo, sino que encarna la poesía cuando obra con generosidad. Es la poesía cuando cumple la máxima que años más tarde defendería otro ilustre granadino, Federico García Lorca: “El poeta ha de abrirse las venas por los demás”. Los artistas, en suma, no son esas personas egocéntricas, envidiosas, vanidosas que componen sus textos o sus piezas dando la espalda al mundo, sino que se entregan a él para ayudar al prójimo. Sus grandes creaciones no están escritas sobre pentagramas, ni pintadas en lienzos, ni archivadas en un documento de word, sino que son sus actos. Mejores que sus libros, sinfonías y pinturas son sus nobles acciones para mejorar su entorno o para transformar el mundo. Su amor les hace ver lo espiritual que flota, las conexiones que el resto de los mortales no alcanza. Ese don amoroso mide la calidad de cada una de sus obras. Así lo expresa Ganivet: “como hay quien ama poco y quien ama mucho, hay pequeños y grandes artistas”. A este grupo, precisamente, pertenece el poeta Mario Míguez, una voz que acabamos de perder con apenas 55 años y tres libros de poemas publicados. Una voz solidaria, perteneciente a un hombre comprometido con su pluma y con su cuerpo. Un artista inundado de amor, original, reconocible, libre de las imposiciones del marcado, y por tanto, en palabras del músico Gidon Kremer: “una joya, no bisutería”.


El cazador (2008) es su tercer poemario. Aquí, el autor reelabora conceptos cristianos como el recogimiento, la quietud o el amor, necesarios no ya sólo para gozar de una vida plena, sino para embellecer el mundo. Libro luminoso, exhorta a los lectores a no buscarse fuera de sí mismos, sino dentro de ellos; a no poner su descanso en las cosas caducas, materiales, sino en la dimensión trascendente a la que conduce una vida amorosa (solidaria y fraterna). Ejemplo de esa dedicación al prójimo, sobresale el extraordinario poema Care pater:

Duerme tranquilo, padre, estoy despierto.
Tu mano está en mi mano, como estuvo
la mía entre las tuyas, cuando niño,
y nunca he de soltarla mientras vivas. […]

                                          yerran
aquellos que me dicen que a tu lado
yo destruyo mi vida, que la pierdo […]

y al escucharlo me es inevitable
sentir asco del tiempo en que vivimos:
me parece tan triste y repugnante
que esa noble palabra, sacrificio,
les sea incomprensible a casi todos…
No es extraño; ya apenas nadie sabe
qué cosa es el amor…

Muchos son los ecos áureos del libro. A los erasmistas (fe viva) y franciscanos (recogimiento, muerte en vida), añadamos la impronta del capitán Andrés Fernández de Andrada, cuya Epístola moral a Fabio sobrevuela en estos versos:

Y fue quien me explicó qué es lo importante:
que no basta tener conocimiento,
saber qué es la bondad o la nobleza,
que hay que intentar vivirlas, encarnarlas.
No eran sólo palabras: eran hechos.


En los tiempos que vivimos, de empobrecimiento espiritual, manipulación mediática, corrupción política, aumento de la pobreza y destrucción de los servicios públicos, no es mala idea recuperar una filosofía vital fundamentada en el amor, la reflexión y la ayuda recíproca. Mario Míguez nos ha dejado un legado precioso. Y a los artistas, en concreto, nos ha confiado una misión ineludible: sumar al compromiso estético un deber ético-civil. Seamos custodios de esa luz.


 Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit el pasado 5 de abril.

miércoles, 11 de abril de 2018

Fotos de la presentación de Celebración de la memoria

Junto a la cantante Raquel González y las poetas Siomara España y Verónica Aranda


Ayer tuve el honor de presentar Celebración de la memoria (Huerga y Fierro. 2018), el nuevo poemario de Siomara España (Ecuador, 1976). Ya en 2016 tuve la suerte de moderar una mesa en la que participó, dentro de los actos del célebre festival literario de Córdoba: Cosmopoética. En el diálogo que mantuvimos anoche no sólo le pregunté por su nuevo trabajo, sino que traté de dibujar el mapa de su poética estableciendo puentes y diferencias entre Celebración y su anterior libro de poemas Construcción de los sombreros encarnados (Polibea. 2016).

Os dejo por aquí otra foto de nuestra entretenida -e interesante- charla en la sede de su editorial.



domingo, 8 de abril de 2018

Presento a la poeta Siomara España



Queridos amigos:

El próximo martes 10 de abril presento Celebración de la memoria, el nuevo poemario de la poeta Siomara España Muñoz (Ecuador, 1976). Será en la librería de la editorial Huerga y Fierro, a las 20:00 (calle Sebastián Herrera, 9).

Os esperamos.


jueves, 22 de marzo de 2018

Jurado del XXXIII Premio Hiperión



Ayer, día de la poesía, se hizo público el fallo del XXXIII Premio de Poesía Hiperión. He tenido el honor de ser miembro del jurado, junto a Jesús Munárriz, Paco Castaño, Luis García Montero y Benjamín Prado. Decidimos, por mayoría, conceder el galardón al libro El desgarro, del poeta malagueño Jorge Villalobos. Enhorabuena al ganador.  


miércoles, 14 de marzo de 2018

IES Rosa Chacel

El pasado jueves 1 de marzo tuve el honor de dar una conferencia a los estudiantes de bachillerato del IES Rosa Chacel, en Colmenar Viejo. Mi participación se incardinó dentro del programa de animación a la lectura Por qué leer a los clásicos, fomentado por la Secretaría de Estado de Cultura. Durante una hora, expuse a los estudiantes de bachillerato y bachillerato internacional cuáles fueron las principales estéticas y revistas de la poesía española de posguerra, de 1939 a 1975. Además, leímos algunos textos de una pequeña antología que preparé para la ocasión.  

Buena parte del material que utilicé lo saqué de mi libro Antología de la poesía española. 1939-1975, publicado por ediciones Akal en 2006. Haciendo, no obstante, mayor hincapié en la presencia de autoras (Ángela Figuera Aymerich, Angelina Gatell, Francisca Aguirre o Clara Janés), e introduciendo bastantes anécdotas.

Una semana más tarde, El Día de la Mujer Trabajadora, me llegó esta bonita fotografía de la mesa de libros recomendados por la biblioteca del centro, donde aperecen dos de mis poemarios (Napalm, Hiperión. 2001. "Premio Hiperión"; y Las noches de Ugglebo, Diputación de Granada. 2016. "Premio El Príncipe Preguntón") junto a grandes escritoras a las que tanto admiro: Carmen Martín Gaite, Emilia Pardo Bazán, Carmen Laforet, Ana María Matute, Rosalía de Castro, Rosa Chacel e Isabel Allende, entre otras.

No puedo estar más agradecida por la invitación -a dar la conferencia- y por el cariño recibido -estampado en la foto-.
 


martes, 13 de marzo de 2018

Sueño mío contigo

Javier Lostalé


La Facultad de Educación de la Universidad de Castilla La Mancha celebró los días 7 y 8 de marzo, en Albacete, el "Primer Encuentro del Lenguaje: Cratilo". Estas jornadas las dirigieron Francisco Linares Valcárcel y Andrés García Cerdán, quien me pidió un texto para el homenaje que se le iba a realizar al poeta y perodista Javier Lostalé. 

En la publicación celebratoria participamos -además de Andrés y yo-: Matías M. Clemente, Rubén Martín Díaz, Javier Lorenzo, María Ángelez Pérez López y Arturo Tendero. 

Os dejó aquí el enlace.

sábado, 10 de marzo de 2018

Mapa de una ausencia

Mapa de una ausencia, de Andrea Bajani. Trad. Carlos Gumper. Siruela, Madrid, 2017. 176 páginas, 16.95 euros.


Hace una década, el escritor italiano Andrea Bajani (1975) publicó en su país Se consideri le colpe. Se trataba de su segunda novela, y con ella cosechó varios premios: Súper Mondello, Recanati y Brancati. Él mismo relata en una reciente entrevista concedida a El Cultural que aquel libro le cambió la vida: “Y no sólo por el éxito y los premios que ha obtenido, sino por una razón más significativa: fue en estas páginas donde encontré por primera vez mi propio estilo, es decir, la forma con la que quiero cruzar el mundo a través de las palabras. Íntima y política al mismo tiempo, con lirismo y ternura, cinismo e ironía, todo a la vez, y no puede ser de otra manera.” La obra ha sido publicada por Siruela con el espléndido título Mapa de una ausencia. Con una prosa clara y en apenas 170 páginas, Bajani nos cuenta la historia de una búsqueda, despliega por el suelo varias piezas para que su protagonista reconstruya el puzzle de su madre. Al igual que en Eres como eres, la última novela de Melania Mazzucco, la obra comienza in medias res con la muerte inesperada de un progenitor. Por medio del flash back, se irá dando a conocer a los lectores episodios que evoquen el carácter y el pasado de la persona ausente. Bajani, emplea, no obstante, técnicas distintas a las utilizadas por su compatriota. Para empezar, recurre al narrador en primera persona, una voz que apela de continuo a la finada, estableciendo un diálogo con la mujer añorada, la que protagoniza sus recuerdos, con el fantasma de la madre que tuvo y desapareció. Esta elección es intensamente emotiva, por lo que tiene de conversación a destiempo, abocada al fracaso. No hay nostalgia en la interlocución, ni tan siquiera quejas o reproches. Sino simple constatación de que los viejos puentes entre la madre y el hijo se han volatilizado.
El libro comienza con el aterrizaje del avión que lleva a Lorenzo desde Italia a Rumania, para asistir al entierro de su madre. En apenas unos días, gracias al trato obligado con los amigos y conocidos de ella (el socio, el chófer y otros empleados de la empresa para la que trabajaba), completa el dibujo inacabado, la mitad invisible, de una progenitora fugitiva. El resto de la imagen la lleva dentro de él, y en su conversación frustrada, nos la pinta. Así, convergen en el libro varios tonos (el ligero y el grave) junto a varias miradas (la infantil y la adulta). Estos contrapuntos ayudan a destensar la obra, a amabilizar la narración de una experiencia traumática, a rebajar los grados de tragedia por la muerte de un ser –en realidad– completamente desconocido. A este fin contribuyen también las escenas absurdas que jalonan el relato (los móviles sonando junto al féretro, la posado al lado del palacio de Ceaucescu con las manos llenas de cabezales de ducha). No dramaticemos. No es tan grave la cosa. Aquí no ha pasado nada (en lo político, en lo personal), parece que nos diga Bajani con su aguda ironía. Estas boutades, por otro lado, me recuerdan a las de Luces de bohemia.

La entrañable relación de la madre con su hijo pequeño, mientras teje una relación erótica con su socio a espaldas del marido, guarda relación con Incendios, de Richard Ford, otra formidable novela sobre el abandono materno, contada –también– por un narrador testigo. Ambas nos plantean preguntas difíciles, para las que –seguramente– no existe una única respuesta: ¿es legítimo que una mujer destruya su familia por un sueño (sexo-laboral)?, ¿qué debe priorizarse: la felicidad personal o la de un hijo?, ¿es ético engrendrar una vida para luego desentenderse de ella?, ¿puede llamarse madre a una mujer que ni acompaña, ni cuida, ni protege, ni alienta a su retoño a lo largo de su camino?
Estupenda novela, de capítulos breves muy bien cerrados, a modo de poemas. Quien la lee, pide más.




Esta reseña fue publicada por Oculta Lit el 2 de marzo de 2018.


viernes, 2 de marzo de 2018

Tu sangre en mis venas. Poemas al padre

Tu sangre en mis venas. Poemas al padre. Edición de Enrique García-Máiquez. Renacimiento, Sevilla, 2017. 277 pp. 12 €



Enrique García-Máiquez firma una antología en Renacimiento que compila poemas dedicados a la figura del padre. Explica el escritor, en el prólogo, que se ha circunscrito a la producción lírica española e hispanoamericana contemporáneas. Leyendo el índice, una se pregunta si otro criterio de la selección no habrá sido que sólo tenga voz el sexo masculino, como si la figura del padre fuese monopolio de los hijos varones, un coto vedado a la injerencia de las mujeres. No en vano, frente a la torre de los 84 poetas varones que expresan su punto de vista sobre el tema del padre, nos encontramos con la banqueta de las –escasas– 6 autoras femeninas. Como resultado, el discurso familiar, la representación del progenitor, queda en manos de los de siempre: los hombres. Y el modelo que dibujan entre otros se justa a los roles patriarcales y a los esterotipos tradicionales. Estos hijos nos hablan de padres “de alma fuerte, sobria y senequista” (Duque-Amusco), de carácter seguro, orgulloso, seco, severo y a menudo violento; no faltan las escenas de caza, de pesca, en bares y burdeles. Por supuesto, han sido educados para la incomunicaión afectiva, para la represión de sentimientos, y esa distancia, a veces, está simbolizada por el despacho o el estudio donde acometen empresas de mayor calado que el disfrute de sus hijos. Me pregunto qué imagen habría exportado de sus padres la mitad ignorada. Porque, obviamente, no todos los varones del siglo pasado, nuestros padres y abuelos, fueron cortados con la medida del tópico. ¿Habrían hablado las hijas de esos otros modelos alternativos a la ideología dominante?
Vamos a poner un ejemplo paradigmático. Paca Aguirre, en su poemario Los trescientos escalones (1976), nos evoca el apego de un padre hacia su hija –del estrecho vínculo amoroso que comparten– en una escena donde él, pincel en mano, esboza el retrato de la pequeña en un hotel de París, ya en el exilio. La mujer que dialogada con su padre treinta años después del episodio descrito, aún mantiene viva la calidez del trato, la complicidad que los unió en la lejana infancia:

Papá me dice que levante la cara un poco más,
dos o tres pinceladas y termina el retrato […]

Papá, perdimos tantas cosas […]
Y para eso pasaste días enteros
pintando una escalera interminable,
una hermosa escalera rodeada de árboles y árboles,
llena de luz y amor,
una escalera para mí,
una escalera para que pudiese subir,
vivir

Este otro modelo de padre –cercano, accesible, cariñoso–, además, pretende la autonomía de su hija, la quiere libre, autónoma.

Pongamos un segundo ejemplo: Miriam Reyes abre Espejo negro (2001) con un durísimo poema dedicado a un padre hundido, desorientado, vulnerable, que sueña con su tierra y con la juventud perdida:

Luego despierta en un piso alquilado a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.

Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.  


¿Cuántas otras poetas habrán elaborado, en las últimas décadas, un arquetipo distinto al patriarcal? ¿Cuántas lo habrán criticado?
No obstante los reparos mencionados, Tu sangre en mis venas recoge algunos poemas verdaderamente bellos, conmovedores, que se ofrecen a modo de elegía funeral, o de homenaje al padre que aún pervive. Algunos recogen motivos manriqueños: la estimación del plazo de la vida, la reflexión sobre la inexorabilidad de la muerte, o el elogio del fallecido. Otros desarrollan motivos tradicionales de la elegía fúnebre renacentista y barroca. Lo hay que guardan relación con Garcilaso: la idea de que la muerte no daña a quien muere sino a aquellos que le sobreviven, el anhelo de la propia extinción, o el contraste entre las “memorias llenas de alegría” y el dolor actual (precioso La tierra se ha quedado negra y sola, del poeta argentino César Fernández Moreno).
Destaco Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (de Jaime Sabines) e In Memoriam J.B. (de Paco Brines), por el tono grave y sentencioso; Coral roto (de Vincent Andrés Estellés), De re rústica (de Aquilino Duque), Noche de los furtivos (de Andrés Trapiello) y Escribir es sembrar (de Pedro Sevilla), por la belleza de sus imágenes y el trabajo con el léxico; Frente a la estatua del poeta Leopoldo Panero (de Juan Luis Panero), por la ironía y la crítica que condena los excesos de un padre violento, alcohólico y promiscuo; Habla a su padre (de Miguel d´Ors) y Don Manuel (de Fernando Ortiz) por el sincero testimonio de quienes evocan las frustraciones y desencuentros vividos en casa; Padre (de José Carlos Llop), por la búsqueda –abocada al fracaso– de un vínculo en la muerte que fue imposble en vida; Oración por mis padres (de Jesús Aguado), por el himno que celebra el milagro de la existencia; Sueño con mi padre (de Amalia Bautista), por el delicado e ingenioso texto dedicado un fantasma; y sobre todo: Care Pater (de Mario Míguez), excelente poema dedicado a un padre enfermo, necesitado de cuidados que asume su hijo, toda una lección moral sobre el sentido de la vida y de la poesía:

…Hay que entregarse.
No es sólo escribir versos ser poeta […]
Que no basta tener conocimiento,
saber qué es la bondad o la nobleza,
que hay que intentar vivirlas, encarnarlas.

Detrás suena, claro, la Epístola moral a Fabio, del capitán Andrés Fernández de Andrada: “Iguala con la vida el pensamiento”.

Ojalá la antología vea en el futuro una segunda edición, y que García-Máiquez equilibre la presencia de mujeres y hombres en sus páginas. Son muchas las voces fememinas que han quedado fuera, y son cada vez más los autores varones que se están replanteando su masculinidad. Quizás sea este un buen momento para una compilación dedicada al padre no se quede en la mera recolección de textos, sino que sirva de reflexión a la sociedad sobre la confrontación de modelos, y sobre la progresiva evolución de un concepto que necesitamos –pensemos en la violencia machista– moderno y democrático.    


Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit. Original, aquí.