sábado, 22 de septiembre de 2018

Harrison Ford en la Cumbre Mundial contra el Cambio Climático


 
Discurso del actor Harrison Ford (76 años) para concienciar a la población mundial de los efectos adversos del cambio climático, apelando a nuestra responsabilidad moral para cambiar de modelo civilizatorio. Está el planeta en juego. Y la vida humana en él.

“Estamos aquí porque nos importa esto. No sólo hoy, nos importa mucho el futuro. Sabemos que sólo tenemos una posibilidad de evitar la catástrofe que se avecina y la gente como nosotros se niega a abandonar. Los programas de conservación internacional [estadounidenses] llevan trabajando 30 años en proteger la naturaleza para la gente y en otros países lo llevan haciendo unos 20. Hemos hecho un buen trabajo durante este tiempo y hemos trabajado todos juntos. Hemos cumplido muchos objetivos, pero eso incluye muchos riesgos: no hemos conseguido cambiar el camino en el que estamos hoy. El futuro de la humanidad está en juego. A todos los que trabajáis en el desafío contra del cambio climático, os lo ruego: No os olvidéis de la naturaleza, porque hoy la destrucción de la naturaleza produce más emisiones contaminantes que todos los camiones y los coches del mundo.

Podemos poner paneles solares en todas las casas, convertir todos los coches en vehículos eléctricos, pero mientras Sumatra siga ardiendo, habremos fracasado. Lo mismo pasará, mientras el Amazonas esté siendo talado y quemado y hagan lo mismo con las selvas y los parajes tribales protegidos. Mientras que los indígenas están siendo invadidos y se están destruyendo los humedales y las turberas, nuestros objetivos climáticos seguirán fuera de nuestro alcance, y nos quedaremos sin tiempo. Si no nos preocupamos de parar la destrucción de la naturaleza, dará igual lo que hagamos. ¿Por qué? Porque proteger y unir fuerzas a favor de los manglares, de los humedales y las cuevas de carbón representa un 30% de lo que necesitamos hacer para protegernos contra la catástrofe del calentamiento global. Si no protegemos la naturaleza, no podemos protegernos a nosotros mismos. Esto es lo que necesitamos hacer con el calentamiento: incluir a la naturaleza en todos los apartados corporativos y en cada objetivo nacional contra el cambio climático.

Cada vez que se ponga en marcha un plan con su horario y su planteamiento, hay que invertir en los manglares y en los bosques tropicales, igual que lo hacemos con las energías renovables. Hay que trabajar en frenar la destrucción de estos ecosistemas, hacer el esfuerzo en la próxima década de mantenerlos para el futuro. Hay que investigar en reforestación, igual que lo hacemos en las reservas de carbono. Ponéoslo como meta. El coste de las talas está creciendo dramáticamente y hay que empoderar a las tribus indígenas para usar su conocimiento, su historia, su imaginación para que crezcan en sus territorios. Respetadles y asegurad sus derechos. Educad y elegid a líderes que crean en la ciencia y entended la importancia de proteger a la naturaleza.

¡Por el amor de Dios, parad esta denigración a la ciencia! ¡Dejad de darle poder a la gente que no cree en la ciencia! O peor aún, a aquellos que fingen no creer en ella por sus propios intereses. Ellos saben quiénes son y nosotros sabemos quiénes son ellos. Ricos o pobres, poderosos o no, todos sufriremos las consecuencias del cambio climático y la destrucción de los ecosistemas. Estamos enfrentándonos a la mayor crisis moral de nuestro tiempo y aquellos que menos culpa tienen cargarán con los mayores costes.

Mina abierta en México
No olvidéis por lo que estamos luchando: por los pescadores en Colombia, en Somalia, que se preguntan cuál será su próxima pesca. Sus gobiernos no les protegen frente a las piscifactorías de todo el mundo. Es una madre en Filipinas la que piensa que la próxima tormenta podrá solucionar un daño irreparable. Es gente en California, en la Costa Este, la que está haciendo frente a incendios y a las peores tormentas de la historia. Es nuestra propia gente, nuestra comunidad, son nuestras familias. Esta es la principal verdad. Si queremos sobrevivir en este planeta, el único hogar para nosotros es nuestro clima, nuestra seguridad y nuestro futuro, necesitamos la naturaleza. Ahora más que nunca. La naturaleza no necesita a la gente, la gente necesita naturaleza. Vamos a apagar los teléfonos, a remangarnos y vamos a patearle el culo a este monstruo". 
 
 
Parte del video podéis verlo Aquí.
 
 

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Recordando a León Felipe

Ayer hizo cincuenta años que murió León Felipe, poeta que nunca rehuyó su responsabilidad moral para con sus lectores, que encaró la verdad en sus escritos. Miró de frente tanto los abismos de la condición humana, como los suyos propios. Ya fuese en la juventud, o en la vejez.  

Escribe Gerardo Diego en su prólogo a la Obra poética escogida de León Felipe (Espasa-Calpe, 1980), que éste escribió un “aluvión incontenible” de nuevos libros a partir de 1939. Tenía el poeta 55 años cuando acabó la guerra. Entre otros poemarios, daría a imprenta El hacha, Español del éxodo y del llanto, Ganarás la luz, Antología rota, El cuervo o ¡Oh, este viejo y roto violín! Es decir, compuso lo más granado de su obra bien entrado en la madurez, cuando no directamente en la tercera edad. En  esos versos predomina –nos confiesa el propio autor– una voz de “grajo, destemplada y maldiciente”. Sobrecoge El ciervo (1958), escrito a la muerte de su esposa, de cuño “herético” y tono “desesperado” (Diego, dixit). En él leemos fragmentos como los siguientes: “Todos somos fantasmas/ hechuras del viento”, somos “una larga e interminable familia de fantasmas”. Por entonces contaba setenta y tres años y reconocía: “no he averiguado todavía si la vida es un acertijo o una trampa”. En su dolor, sólo aguardaba la muerte, daría –dice– : “todas mis lágrimas por un profundo e interminable sueño”, y así se lo exigía a Dios: “No me despiertes más”, “Quiero entrar en la Nada”. Cuando Losada publicó –un lustro después– sus Obras completas, León Felipe reaccionó con furia. Muestra de ello es la carta que escribió a su editor:

“Al libro, con su preciosa encuadernación, le pusisteis una camisa de fuerza, y la metisteis (me metisteis) en una caja de cartón dura y gris, con una cerradura japonesa: un perfecto catafalco. Así me quisisteis enterrar. Pero no estoy muerto”

(De Castillo interior. Edición de Gonzalo Santonja, Fundación Santander, 2015)

Para reivindicarse a sí mismo en la senectud, para demostrar su buen estado de salud poética, para sacar músculo existencial a los ochenta años, publicó en 1966 ¡Oh, este viejo y roto violín! Del que dice:

Es verdad que suena muy mal este violín […]
Pero con él tengo que tocar todavía
unas cuantas canciones
que se me olvidaron en mis Obras completas […]
Y no quiero marcharme sin tocarlas.

En el libro se oye el latido de su sangre. Y supone un cambio con respecto a su obra anterior: “El infierno enseña mucho…y ahora de vuelta… me he puesto a escribir de otra manera. Y a decir cosas que no había dicho antes” (carta citada). Este viejo rebelde, de “verso recto y limpio como una lanza”, pretendía “tocar algo nuevo antes/ de marcharme definitivamente/ de la tierra”. En sus páginas encontramos una trémula llama de esperanza (“Si existe el infierno/ no existe la Nada”) y un imperativo deseo de eternidad (“¿Y es tan difícil/ hacer que todos los hombres sean dioses?”). No obstante, no se encuentra ahora tan lejos de aquella descripción que realizaba de sí en una carta a Juan Larrea fechada en 1949: “He sido un espíritu de la noche, un lamento lunar”. Si bien León Felipe renació, a dos años del fin, a un ansia espiritual, lo cierto es que su estilo siguió siendo agónico, bronco y febril: “Me gusta lo que he escrito/ sin levantar la pluma”.

León Felipe desapareció de la tierra hace medio siglo. Él sólo aspiraba a que le sobreviviesen algunos poemas de los Versos y oraciones del caminante y El ciervo: “Quedará menos, una gotita de rocío diluida, perdida y anónima en el gran río de las canciones eternas” (carta a Camilo José Cela, 1959. Obra citada). Puso el destino de su obra a las órdenes del viento:

“Mi palabra está aún trémula y tímida en el aire, y a merced del viento estará siempre. Es posible, casi seguro, que se la lleve el vendaval. Si al mundo el día de mañana llega algún resto de mis versos, eso será lo que recojan los antólogos venideros”. (artículo publicado en Letras de México, 1941. Obra citada)

Lo cierto es que a nuestras manos ha llegado su obra a través de distintos volúmenes. A la mencionada selección de Gerardo Diego, sumemos la edición de Akal/Bolsillo de su Antología rota (yo tengo la edición de 1990), o más recientemente, la que acaba de publicar Visor. Ha ganado su batalla al olvido con su obra, que es también una plegaria a la divinidad: “La poesía no es más que un sistema luminoso de señales… Hoguera que encendemos aquí abajo, entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea… para que no nos olviden… ¡Aquí estamos, Señor!” (Ganarás la luz, 1942).

Leerlo es la mejor manera de celebrarlo.


domingo, 16 de septiembre de 2018

Entrevista a Siomara España



Me estreno en el mundo de las entrevistas culturales con esta batería de preguntas a la poeta ecuatoriana Siomara España Muñoz, por motivo de la publicación en nuestro país de su último trabajo: Celebración de la memoria (Huerga & Fierro, 2018). El diálogo tuvo lugar en la sede de la editorial el mismo día de la presentación del libro, que corrió a mi cargo, el pasado 10 de abril. 

Publica la entrevista la revista Oculta Lit. Para leerla, pinchad AQUÍ.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Un final para Benjamin Walter

Un final para Benjamin Walter, Álex Chico. Candaya. Barcelona. 2017. 254 pp. 16 euros.

Un final para Benjamin Walter es una especie de diario escrito por su autor, el poeta y docente de secundaria Álex Chico. Compuesto por capítulos breves, cada uno supone una pieza de lego con la que recomponer una vida, un pedazo del mapa de las últimas horas del celébre filósofo y crítico alemán fallecido en Portbou, un trozo del espejo que habrá de devolver la imagen borrosa, cubierta de vaho, de un hombre elevado a la categoría de símbolo del refugiado, exiliado o apátrida. El libro gira en espiral desde el paisaje que envuelve al mito hasta su propia esencia, la niebla de su biografía. Chico se detiene en la estación de ferrocarril, en el cementerio o en el memorial de Karavan para crear la atmósfera de lo irrecuperable: “ahí no sólo reposa lo que queda de un hombre, sino la suma de restos y de personas que alguna vez huyeron de la barbarie”. Walter Benjamin, como Antonio Machado, perdió la vida en la frontera, empujado por el miedo y el horror al fascismo. En nombre de la libertad. Portbou y Colliure representan la resistencia a los totalitarismos. De ahí, por ejemplo, que el régimen franquista tratara de ocultar el lugar de la muerte de Machado poniendo en su baja por defunción en el Cuerpo de Catedráticos de Instituto que había perdido la vida en un campo de concentración en Francia (así consta en un documento que puede consultarse en el IES Cervantes, donde tenía la plaza al estallar la guerra). De ese modo, se eliminaba del imaginario colectivo la posibilidad de la subversión, la defensa de la alternativa, la lección de coraje. Álex Chico reflexiona en su diario sobre las causas del abandono de los pueblos fronterizos, limítrofes entre los estados español y francés, liderados respectivamente –en 1940– por el general golpista Franco y el presidente colaboracionista Vichy: “se trata de una historia que genera vergüenza, una historia fea que conviene olvidar, porque remover en el pasado puede pasar factura en el presente, puede alterar la tranquilidad de quien esconde una memoria turbia”. Ishiguro también centraba su última novela, El gigante enterrado, en este mismo asunto: ¿olvidamos nuestro pasado para construir un futuro sobre la amnesia, o recuperamos su memoria para limpiar bien la herida, que cicatrice y no supere más adelante? El debate no puede ser de mayor actualidad. Pero quizás las páginas más memorables del libro sean aquellas que el escritor dedica a la caducidad, a la transitoriedad de la existencia, o la frustración de su intento por dar sumaria cuenta de una vida, pues sólo encuentra girones, fragmentos que, como escribía yo en Napalm, apenas ofrecen una versión limitada de un mundo ilimitado. La verdad es que me ha gustado mucho el libro hasta casi el final, que ya repite ideas e incoporta un afluente un poco innecesario. Por lo demás, su estilo es impecable, lírico y lapidario:  “Portbou no es más que la narración de un silencio”. Su pensamiento, hondo. Su fin, digno de alabanza: “hacer regresar una lejanía”. 

Foto de Andy Solé
Junto a su lectura, recomiendo la de un poemario que cita Chico al comienzo de su crónica: Elegía en Portbou, del también profesor –ya jubilado– Antonio Crespo Massieu (Bartleby, 2011), obra de gran belleza estética y de alta tensión emocional. 

La fotografía de cubierta, del propio Álex Chico, portentosa.




Dejo AQUÍ mi reseña de otro libro mencionado por Chico en su ensayo: El truco preferido de Satán, Walter Benjamin (Salto de Página, 2012).

Y AQUÍ, mi artículo sobre la novela de Ishiguro (Anagrama, 2016).


sábado, 8 de septiembre de 2018

Cuaderno griego


Cuaderno griego, José María Bermejo. Polibea, Madrid. 168 páginas. 2016. 12 euros.


En una entrevista concedida a la revista Alcántara (1972), el joven cacereño José María Bermejo, recientemente galardonado con un accésit del premio Adonáis por su libro Epidemia de nieve (del que ya hablaré), confesaba: “Asimilo la evocación de mi tierra a mi espíritu interior”. Paisaje y alma son la misma cosa. Es la tesis que sostenía Azorín en La ruta de don Quijote (1905): 

“Hay en esta campiña bravía, salvaje, nunca rota, una fuerza, una hosquedad, una dureza, una autoridad indómita que nos hace pensar en los conquistadores, en los guerreros, en los místicos, en las almas, en fin, solitarias y alucinadas, tremendas, de los tiempos lejanos”

“La fantasía se echa a volar frenética por estos llanos; surgen en los cerebros visiones, quimeras, fantasías torturadoras y locas”

Pero, ¿qué tierras son esas en que se sustenta la espiritualidad? En aquella entrevista Bermejo se refería a Tornavacas. No obstante, son muchas las patrias que nos construyen por dentro. Algunos vivimos en un paisaje leído, evocado por enardecientes palabras, del que nos sentimos parte antes incluso de conocerlo in situ para constatar a posteriori que sí, que nuestro yo proviene de otro tiempo, detenido, parado, en un lugar remoto. Tal parece el caso de nuestro autor, enamorado de Grecia, de su cielo y sus islas, de su esencia y sus dioses, ya antes de que viajara hasta allí en 1977. Cabría preguntarse ahora cómo es tan legendario espacio pasa saber qué comparten el hombre y la naturaleza; o qué gracia transfirió el mundo exterior al deseante corazón humano para que éste levantase hace milenios toda una cosmogonía en el Mediterraneo. José María Bermejo da cabal respuesta en su libro de ensayos Cuaderno griego (Polibea, 2016), donde ofrece su interpretación de la mítica tierra helena, territorio que, kilómetro a kilómetro, ruina a ruina, le va revelando no ya una geografía, sino lo ignoto de su ser –cumpliendo así la máxima que en la mencionada entrevista pronunciaba: “el poeta debe adivinarse a sí mismo” –.

Bermejo comenzó la escritura de los ensayos que componen el volumen “el mismo día en que visité Delfos”. Cuál honda sería la impresión que le produjo el santuario consagrado a Apolo. ¿Y quién ha recorrido el archipiélago griego, se ha bañado en sus aguas o ha respirado su brisa sin sentir la presencia divina en su interior, el fuego de lo sacro en la mirada? No se sale indemne de Grecia, cuna de las regiones nobles del espíritu, bajo cuyo cielo hasta el cuerpo parece digno reflejo de la perfección de un dios.

Me han gustado mucho los artículos La marioneta y el héroe, Ítaca, Música de sirenas, Ambigüedad del canto, Lo divino, Laberinto marítimo y Delos.

Dejo aquí algunas citas de cada uno, a propósito de Ulises y de Orfeo:

 “No basta la memoria de la aventura. Es la aventura misma la que sostiene el héroe como émulo de los dioses y ejemplo para los mortales […] No hay que llegar jamás a Ítaca” (p. 32)

“Seducción: mito, pasión ambigua por donde la fugacidad aún podría precipitarse en un ser profundo, si fuéramos capaces de escuchar a una única sirena y de merecerla desde el silencio puro. Esa concentración es hoy, más que nunca, una tarea de héroes, porque vivimos atrapados por la vana y dispersa dulzura de mil cantos” (p. 39)

“La impaciencia puede matar la posesión, y siempre, aunque la logre, acaba degradándola. ¿Cuándo aprenderemos a esperar, incluso a renunciar?” (p. 49)

“En Grecia la hospitalidad es sagrada: un huésped puede ser un dios” (p. 85)

José María Bermejo extrae conclusiones de los mitos perfectamente válidas para el siglo XXI, un siglo reducido –en palabras de Jorge Riechmann– “a tratar de obtener satisfacciones inmediatas por el consumo de mercancias” (¿Vivir como buenos huérfanos? Catarata, 2017), poniendo en peligro la vida humana en la Tierra. De las citas anteriores se deducen lecciones de modestia, compasión, caridad y humildad, valores imprescindibles para autoconservarnos. ¿Cómo no relacionar los mitos, su sabiduría de los límites –Riechmann–, cifrada en la sentencia de Delfos “Nada en demasía” con las reivindicaciones de los humanistas-ecologistas, que tratan de frenar el sistema capitalista visibilizando nuestras principales crisis contemporáneas: de valores, energéticas y ambientales?

Absolutamente recomendable este Cuaderno griego, de bellísima edición. Y José María Bermejo, un intelectual del que aún queda mucho por descubrir.


Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit.


sábado, 1 de septiembre de 2018

Las moras agraces y Rincones sucios


Las moras agraces, Carmen Jodra. “XIV Premio de Poesía Hiperión”. Hiperión, Madrid, 80 pp. 1999.

Rincones sucios, Carmen Jodra. Accésit del “XIX Premio de Poesía Joaquín Benito de Lucas”. Ayuntamiento de Talavera, Colección Melibea, Talavera de la Reina, 69 pp. 2004.


      Sé que la poesía, salvo excepciones, no suele ser santo de devoción del que guste alardear (desplazada, sin duda, por el mayor prestigio social que tienen otros géneros), sino que, por el contrario, exige un culto privado (circunscrito a la esfera de lo doméstico) que se venera en la intimidad de una habitación propia (caso distinto del de la novela, que suele consumirse en espacios públicos, como el metro). Siendo consciente de que la poesía gusta aunque sea en secreto (no vayáis a pensar que somos unos cursis), me arriesgo a recomendaros a la poeta Carmen Jodra. Pocos saben que la poesía es un género incendiario y que el fuego purifica las almas. Con los buenos libros de poemas desarrollamos la musculatura de la mente. Cada libro es un disco de cromo de un kilo, ¿cuánto peso podéis levantar con las mancuernas de la lectura? Si queréis saber el estado de vuestra fortaleza interior, enfrentaos a dos libros: Las moras agraces y Rincones sucios. Y si ya consideráis que no pasáis por vuestro mejor momento de forma psíquica, no dejéis de leer estas dos obras y de tonificar vuestras mentes con un poco de ejercio diario.

        En un encuentro literario convocado por El Cultural entre la novelista Carmen Martín Gaite y Carmen Jodra, explicaba esta última que tendía “a la tristeza sin razón”, que la buscaba “donde sea, viendo cómo es la vida”. Mucho deben al nihilismo y al existencialismo también sus textos. Carmen, o su trasunto poético, anhela un equilibrio que armonice la polaridad que enfrenta dialécticamente dos maneras de ser y de estar en el mundo. Sin embargo, al igual que fray Luis, no encuentra esa paz y el sujeto lírico se ve en un permanente fuego cruzado entre distintos pares de oposición: virtud-perversidad, dicha-pena, ironía-desconsuelo, placer-dolor, homosexualidad-heterosexualidad, aceptación-denuncia, vida-muerte… La búsqueda de una identidad que vertebre un proyecto de vida, identidad amenazada por las inseguridades que atraviesa todo ser humano desde su adolescencia, es el gran tema tanto de Las moras agraces como de Rincones sucios.

        Si alguna de vosotras no teme enfrentarse a esos espejos que ponen a una delante de sus propias dudas, pase esta página encuéntrese a sí misma en los poemas de Carmen Jodra.


Esta reseña apareció publicada en la antología Los Jueves Poéticos en La casa del Libro, publicada por Hiperión en 2006, páginas 34-35.


jueves, 30 de agosto de 2018

En el blog de Emma Gunst



Estoy muy agradecida a Emma Gunst por dar a conocer en su bitácora algunos poemas de mis libros Napalm, La Guerra de Invierno, Helio y Línea de flotación. La retrospectiva (2001-2017) viene acompañada por bellas imágenes que implementan el contenido de los textos. 

Si tenéis curiosad por ver su estrada, la dejo aquí.


martes, 28 de agosto de 2018

PREMIO «JAVIER LOSTALÉ» DE POESÍA JOVEN 2018

PREMIO «JAVIER LOSTALÉ» DE POESÍA JOVEN 2018

1. La Editorial Polibea convoca el IV Premio de Poesía Joven «JAVIER LOSTALÉ».
2. Podrán concurrir a él todos los poetas españoles residentes en España, menores de 35 años, excepto aquellos que hubieran ganado el Premio en ediciones anteriores.
3. El premio tendrá una dotación económica de 500 euros y un trofeo conmemorativo, y la obra galardonada se editará en la colección EL LEVITADOR -serie «Premio Javier Lostalé»-, de la editorial Polibea, de la que entregará al autor 50 ejemplares, en concepto de derechos por la primera edición, que constará de 300 ejemplares.
4. Cada poeta podrá presentar una sola obra, de tema, forma y métrica libres, escrita en castellano, no admitiéndose la incoporación de ilustraciones y fotografías. La extensión de las obras no podrá ser en ningún caso inferior a 400 versos ni superior a 800 (o líneas en el caso de los poemarios en prosa). Las obras serán originales e inéditas, aunque se admitirán obras que hayan sido dadas a conocer parcialmente, hasta un cincuenta por ciento del total de la misma, en revistas especializadas, impresas o digitales, y siempre y cuando no se vea comprometido el anonimato del autor.
5. Las obras se enviarán por correo electrónico, de una cuenta identificada por LEMADELAOBRA@SERVIDOR.COM -o de otra existente que no revele la identidad del remitente-, en un archivo word o pdf, nombrado con el título de la obra o una palabra significativa de la misma. Acompañando al archivo de la obra, el correo contendrá asimismo otro archivo (nombrado TÍTULO_PLICA), en cuyo interior figurará una imagen escaneada del DNI, datos de contacto (dirección, teléfono, e-mail), una nota biobibliográfica del autor, una declaración de que los derechos de la obra no están comprometidos por otro premio y/o plan editorial alguno; y una referencia de los medios especializados donde hubieran aparecido, en su caso, los textos no inéditos de la obra presentada. No se admitirán obras que no preserven suficientemente, en el correo electrónico o en los correspondientes archivos, el anonimato del concursante.
6. La obra se enviará por correo electrónico a premiojavierlostale@gmail.com, antes del 15 de noviembre de 2018 inclusive.
7. El jurado estará compuesto por un grupo de escritores y críticos de reconocido prestigio.
8. A juicio del jurado, el premio podrá declararse desierto. Igualmente, a juicio del jurado podrán otorgarse dos premios ex aequo.
9. El fallo del jurado tendrá lugar a lo largo del mes de diciembre de 2018, y se dará a conocer por los procedimientos oportunos.
10. La entrega del premio se efectuará a lo largo del primer trimestre de 2019 en un acto público que se anunciará con la suficiente antelación. Será inexcusable la presencia del autor de la obra premiada, salvo causa de fuerza mayor, en cuyo caso el/la autor/a delegará por escrito en la persona que estime oportuna, que se encargará de recoger el premio en su nombre y hacer la explicación de su obra y una lectura extractada de la misma. Igualmente, el autor premiado se compromete a participar en cuantos actos promocionales considere oportunos la editorial.
11. Las obras no premiadas serán destruidas y Editorial Polibea no mantendrá comunicación alguna con los autores de las mismas.
12. El fallo del jurado será inapelable.
13. Presentarse al concurso implica la aceptación de todas y cada una de las bases de esta convocatoria, entendiéndose que el incumplimiento de una sola de ellas podrá ser suficiente para dejar fuera de concurso a la obra presentada.
14. Para cualquier duda, discrepancia, reclamación o cuestión que pueda suscitarse sobre la interpretación y ejecución de las presentes bases, las partes renuncian al fuero propio que pudiera corresponderles y se someten expresamente a la jurisdicción de los Juzgados y Tribunales de Madrid Capital, España.


Luciana

Luciana, Pilar Tena. Tres hermanas. Madrid. 2018. 244 páginas.

 
Hay libros cuya belleza  nos acompaña para siempre, que leemos una vez y se quedan con nosotros para toda la vida, relámpagos que nos hacen retumbar por dentro e iluminan esas zonas oscuras que da miedo mirar. Otros cumplen la noble misión de recordarnos motivos y temas que debemos tener en nuestra agenda moral, obras bien escritas cuyo mérito consiste en mantener viva la llama de la ética, para que no se extinga. A esta especie pertenece la última novela de la periodista y escritora Pilar Tena, de quien ya reseñé un libro de relatos realmente bueno, innovador, crítico, que reproduce a la perfección la mímesis conversacional y que recoge las congojas de distintos tipos sociales golpeados por la reciente crisis económica : Contratiempos (Salto de Página, 2014). En Luciana (Tres Hermanas, 2018) Pilar Tena recurre a la narración multiselectiva para dar cuerpo a su historia, de manera que recompone el puzzle de los acontecimientos a través de las miradas de varios personajes separados en el espacio-tiempo. Esta técnica pretende avivar el interés del lector por seguir una trama que conocemos, porque ya se ha contado muchas veces: la del matrimonio acomodado, bien avenido, que se desintegra por las infidelidades de él y la paciencia estoica de su esposa. No obstante, no acaba de funcionar. El nuevo ingrediente que aporta Tena a esta trama trillada es el protagonismo de la sirvienta, Luciana, cuya vida se dilata hasta desplazar hacia los márgenes a la pareja principal (un profesor universitario español instalado en Dublín y su mujer, una meticulosa traductora con quien tiene cuatro hijos). Su existencia no ya sólo merecía el premio del título de la novela, sino más extensión. Se pasa por su biografía de puntillas. Se nos dan los suficientes datos como para jutistificarla, pero no para quererla. Demanda a gritos tiempo para el análisis pormenorizado de sus crisis familiares, sexuales, económicas, afectivas, maternas… pero apenas se han juntado las piezas que permiten hacerla funcionar, que no existir. Pasa lo mismo con el profesor Lago y con Olga. No conocemos nada de sus dudas, de sus remordimientos, de sus complejos, de sus sentimientos de culpa, de sus ansias, más allá de los meramente necesarios para que la novela avance. En mi opinión, Luciana tiene un gran argumento que debería haber tenido mucho más desarrollo. Los episodios relatados desde la perspectiva de Felipe (hijo primogénito de los Lago) y Kate (hija de Luciana, entregada en adopción al poco de nacer) también son funcionales. Sirven a la acción, pero no al estudio de la reconstrucción de los personajes. Una lástima, porque sus puntos de vista, además, habrían coloreado zonas en sombra de la sirvienta. Aquí Tena deja morir a su protagonista, porque todos la olvidan. Ni Felipe ahonda dentro de sí para rescatar esos recuerdos únicos de quien fuera el ojo derecho de la criada durante años, ni Kate se atreve a conocer la tierra de su madre para buscarse en ella. Entonces, tanta lucha por conocer sus orígenes, por descubrir el manantial oculto de su sangre, para qué. Lejos estamos de la necesidad existencial de Hortense (la protagonista de la película de Secretos y mentiras, de Mike Leigh. 1996) por conocer a su madre biológica en busca de un pasado en que reconocerse, que responda a sus dudas o ensanche su visión de sí misma. Kate recorre medio mundo para renunciar, finalmente, al reencuentro materno, simbolizado en el viaje a España, a tierras de Logroño. Este final a mí no me convence. 

Así y todo, la novela afronta un asunto que sigue siendo actual medio siglo después: la denuncia de Tena del negocio de la compra-venta de bebés en la Irlanda de los años 60 -con el beneplácito de la Iglesia Católica- podemos relacionarla con el lucrativo tráfico de recién nacidos hoy en día en países como Malasia. Además, Luciana nos muestra algunos de los grandes avances que las mujeres hemos logrado en las sociedades de Occidente: la liberación sexual, la maternidad en solitario o la independencia económica. Añadamos a esto el atractivo del oficio de la protagonista: una criada, la niñera que cuida de los vástagos del matrimonio Lago, un tipo social escaso en la narrativa del siglo XXI, y que tiene por obra emblemática al thriller Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire. 2017). Pese a las objeciones referidas más arriba, el último libro de Pilar Tena es grato de leer, posee voluntad crítica, una estructura amena, así como describe muy bien el contexto socio-cultural español e irlandés de la Europa de postguerra.      

miércoles, 1 de agosto de 2018

Balance


Justo cuando se cumple una década de mi primera participación en las oposiciones de secundaria de la CAM, me he sacado la plaza. En aquel 2008 obtuve un 7,11 en la oposición. Las siguientes convocatorias siempre las aprobaría sin plaza, si bien la rocé en 2014 con una tota ponderada final de 7,31 (la 39ª mejor en un año que sólo se ofrecieron 27). Este 2018, en que he opositado en el instituto donde elegí de adolescente que estudiaría Filología Hispánica para ser profesora de Lengua Castellana y Literatura (el IES Laguna de Joatzel, de Getafe), he cerrado el círculo de un sueño. Con una nota ponderada final de 8,667 no sólo he ganado la plaza, sino he conseguido el primer puesto en unos procesos selectivos muy duros. Quiero agradecer desde aquí al Tribunal 5 de Lengua (presidido por Berta González Álvarez) su profesionalidad, así como el trato cordial, cortés, respetuoso y agradable que ha tenido con todos los opositores que estábamos en él. De la misma manera, agradezco la confianza y la fe que han depositado en mí tanto la familia como los amigos. Sin su apoyo constante, estos diez años habrían sido mucho más difíciles de lo que han sido. 



En estos diez años he complementado mi faceta de profesora -interina- con la de escritora. Antes del 2008 ya había publicado varios libros de poemas: Construyéndome en ti (Libertarias/Prodhufi, 1997), Napalm ("Premio Hiperión". Hiperión, 2001) y Apátrida ("Premio Arte Joven de Poesía de la CAM". Hiperión, 2005). También había publicado algunas antologías: Veinticinco poetas españoles jóvenes (en colaboración con Guillermo López Gallego y Álvaro Tato. Hiperión, 2ªed. 2006) y Antología de la poesía española (1939-1975) (Akal, 2006). 


A partir de entonces compaginaría mis clases con la creación de obras literarias de diferentes géneros. Poemarios: La Guerra de Invierno ("Premio Internacional Miguel Hernández". Hiperión, 2013), Helio (La Garúa, 2014), Las noches de Ugglebo ("Premio El Príncipe Preguntón". Diputación de Granada, 2016) y Línea de flotación (Aguadulce, Puerto Rico, 2017). Novela: Inercia (Baile del Sol, 2014).


 También publicaría una nueva antología para estudiantes de la ESO y Bachillerato: Poesía española de los Siglos de Oro (Akal, 2009), así como una traducción (en colaboración con Ruth Guajardo): Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, del escritor Ray Bradbury (Salto de Página, 2013). 
Por último, colaboré con SM en la elaboración de los libros de texto de Lengua y Literatura de 3º y 4º de la ESO (2015 y 2016).


Añadamos, finalmente, que desde hace una década ejerzo la crítica literaria en diferentes medios (La tormenta en un vaso, Culturamas, La estafeta del viento, Oculta Lit...). Dirijo este blog: El rompehielos. Y en 2015 representé a España en el XXII Encuentro Internacional de Mujeres Poetas que tuvo lugar en Cereté, Colombia.


Una década, por tanto, intensa y complicada: compaginando mis clases y la oposición; la tiza y el portátil para escribir mis libros; la frustración por las oposiciones aprobadas sin plaza y la ilusión por conocer cada curso a mis nuevos estudiantes; la crianza de mis hijos y el repaso del temario.

Mando desde aquí energía a quienes sueñan con sacarse la plaza. Hablamos de una carrera de fondo con llanos, repechos y puertos de montaña. Pero llega un día en que los planetas se alinean y se obtiene la recompensa por la que se ha luchado con tanto empeño. ¡Ánimo!


martes, 31 de julio de 2018

De conjuros y ofrendas

 De conjuros y ofrendas, Ángela Álvarez Saez. Polibea. Madrid. Prólogo de Marta Fuentes. 114 páginas. 2015.



Ángela Álvarez Saez (1981) lleva doce años publicando libros de poemas y ganando premios meritorios. Allá por el curso 2005-2006 fue becaria de creación de la Fundación Antonio Gala. Unos meses más tarde ganaba el Antonio Carvajal y publicaba en Hiperión su primera obra: La torre de las tortugas, a la que siguieron los títulos Metales en la voz (Premio Gran Hotel Canaria, Vitruvio, 2006), Las versiones del tigre (Vitruvio, 2007), De conjuros y ofrendas (Polibea, 2015), La columna rota (Huerga y Fierro, 2016), La estación de las Moras (Premio Carmen Conde, Torremozas, 2017), El libro de la nieve (Premio María del Villar, 2017. En imprenta) y La casa salvaje (Premio Internacional León Felipe, 2018. En imprenta). Su obra se construye sobre un bosque de símbolos. Es muy visual, muy plástica. La voz que enuncia en De conjuros y ofrendas se aparta del egocentrismo romántico para eregirse en portavoz de quienes acometen el paso del rito. No falta la escenografía tribal (tambores, aborígenes, fuego), el bestiario amenazante (lobos, minotauros, tigres), ni el fin del sacrificio (“Aprendimos a doblegar el miedo”, “a través de un sendero de arterias transparentes/ llegamos a la entrada de nuestra identidad”). La poesía comunica una experiencia de autodescubrimiento que nos atañe a todos. El sujeto que habla dice: “Descubrirse en la extrañeza de la propia voz”. Su viaje es simultáneo a la escritura. Como explicaba José Ángel Valente, el texto es un “conocimiento haciéndose”, una revelación que tiene lugar en la propia exploración del verbo. En ese sondear en la noche, Ángela se adentra en los enigmas del mundo y de su propia concepción: “Tal vez en el libro sagrado…haya un misterio áspero”, que trata de resolver por medio de la palabra, mediante conjuros, ofrendas, oraciones, escenas de caza o bailes chamánicos que brotan del inconsciente. Dámaso Alonso, a propósito de Otero, comentaba: “Toda poesía es religiosa”, en la medida en que “se vierte hacia las grandes incógnitas que fustigan el corazón del hombre”. La joven poeta madrileña refrenda esta tesis con su poemario: “He regresado a la ciudad desconocida, esperando encontrar/ una respuesta”.

Dejo por aquí un par de poemas que dan buena cuenta de la pulsión del libro. Una autora a seguir.


Tormenta

En el sueño aparece un palacio antiguo
con pasillos interminables,
hileras de libros en habitaciones
blancas.
Un reloj mide mis pasos
sobre las losas de piedra,
ahuyentando todas las mentiras.
Al fondo,
una pared de cristal que da al interior de uno mismo.
O tal vez un bosque. Un paseo de estatuas.
Tal vez
el incio de la nieve después del deseo.


Invierno

Los árboles avanzan desnudos hacia la ciudad,
entretejiéndose los sueños a través de sus raíces
y de sus algas azules. Mientras que el pueblo
de tu infancia está a punto de despoblarse.
El fondo del mar huele a leña,
como el primer sorbo de luz de la mañana.
La memoria
hilvana musgo a orillas de febrero.



sábado, 28 de julio de 2018

Incendios en Laponia


Este verano se han registrado en Laponia varias docenas de incendios causados por las altas e inusuales temperaturas registradas más allá del Círculo Polar. Ya en 2012 nos contaban los finlandeses de Luosto que la nieve se derretía en mayo, cuando lo normal -a lo largo de los siglos- era que permaneciese intacta en todas las estaciones. Ahora, sin embargo, no sólo se deshiela el Gran Norte Polar, sino que el fuego está deforestando bosques milenarios y asolando las poblaciones más septentrionales del continente. Una lástima para quienes amamos la región, un desastre para los habitantes de la zona -núcleos samis, osos polares, zorros árticos- y una tragedia para el planeta. El recalentamiento global está poniendo en peligro el efecto albedo. La desaparición de nuestros páramos helados, de los espejos que rebotaban al espacio la luz solar, nos deja sin las defensas naturales que impedían que el planeta se convirtiera en el horno en el que acabará por convertirse. 

En el verano de 2013, con la intención de alertar a los más jóvenes sobre los efectos del cambio climático escribí mi fábula distópica Las noches de Ugglebo, libro con el que conseguiría en 2015 el premio de poesía infantil El príncipe Preguntón. Esta obra es mi Viaje de Chihiro. La protagoniza un búho preadolescente que trata de defender su personalidad pese a las injerencias del entorno, y que busca conocer de primera mano la realidad del mundo y de sus amenazas. Por ello emprende junto a sus amigos -una bandada de aves rapaces nocturnas- un esclarecedor viaje desde las islas del Báltico al continente, auténtico rito de paso que le abrirá las puertas de la madurez. 

IES Altaír, de Getafe.


Hoy día, por desgracia, este libro juvenil tiene más sentido que nunca. Por ello, quiero agradecer a los profesores madrileños que lo hayan seleccionado para que sus estudiantes lo lean en las aulas. Y desde El rompehielos agradezco también a los alumnos la buena acogida que han dispensado a Ugglebo, así como los interesantes coloquios que hemos compartido a propósito de él en sus respectivas bibliotecas.

Os dejo por aquí un fragmento de la obra, a ver si entre todos cobramos conciencia de los peligros (megatsunamis) que se nos avecinan:

 
             Pesadillas

  
En el segundo sueño,
los cultivos
se echan a perder por el calor.
Los pétalos se incendian en las ramas.
Todos los animales se adentran en los bosques
en busca de una sombra. Incluso las rapaces
se ocultan en los troncos
hasta que al fin se extinguen sobre el mar
los últimos arpones incendiados del sol.

Esta noche arde el mundo.

Un búho centinela llega exhausto
de su puesto en el Ártico.
Ugglebo lo recibe en una playa.
Tiene un ala partida y en sus ojos
se apagan las hogueras.

No trae buenas noticias.

-Se deshiela el glaciar…
Se desploman al mar rocas de hielo
del tamaño de bosques.
Su hundimiento levanta olas gigantes
que vienen hacia aquí…

La voz desaparece en las tinieblas
y deja solo a Ugglebo con mil dudas.

¿Cómo evacuar la isla?
Las lechuzas y búhos emprenderán el vuelo,
pero ¿cómo sacar a los mamíferos?

¿Cuánto tiempo les queda?

Un estruendo suena en la distancia.
Un rugido que avanza sin descanso.

Ugglebo se dirige con angustia a la región más alta de la isla
y se posa en las aspas
de un antiguo molino. Frente a él,
una enorme montaña
de agua negra. La ola.

No hay salvación posible. Ni volando.

La cresta va creciendo en sus pupilas.

Es un oso polar al que han robado
el invierno. Un oso enfurecido
que ha sido despertado a media noche.



jueves, 26 de julio de 2018

Poema al padre


 
No supimos de ti más que la vida
a tu lado era siempre una gran fiesta.

Sacabas tu paleta y con los óleos
que dormían en ella nos pintabas
los colores que habrían de envolvernos
con su manto de luz.

                                    Eso bastaba.

Y no tuvimos miedo a la partida.

Dejamos nuestra casa años después
de su abrazo desnudo,
por encontrar en ti
la parte que te toca
del conjunto que somos,
la respuesta acertada
a los interrogantes
de nuestra edad en brumas.

Pero el fuego que vimos en la noche
no era un leño cortado que prendía
para darnos calor, era un incendio.

Apenas convivimos como extraños
durante el tiempo aquel.

Pasaste largas horas con nosotros
en torno de una mesa
en que abundaban todos los manjares,
hablando del trabajo, pero nunca
de las cosas que importan: del torrente
de peces de colores y de lodo
que arrastraba el caudal de nuestra infancia.

Al poco comprendimos que ese padre
que nos puso delante de los ojos
la realidad idílica que sueña
un niño a cada instante hasta ser hombre

(Los torneos de justas en la arena
de un castillo gigante frente al mar,
esas dulces muchachas que entre tiros
bailaban el cancán en un salón.
           ¿Recuerdas?)

no volvería nunca.

Del fuego sólo quedan ya las brasas
que enrojecen el bosque.

La lluvia es la promesa de un futuro que aguarda
con su tela de lienzo por pintar.



(De Apátrida. Hiperión, 2005)

domingo, 8 de julio de 2018

Tacha

Tacha, Francisco José Martínez Morán. Sevilla. Renacimiento. 2018. 84 páginas.


El nuevo poemario de Francisco José Martínez Morán (1981) comparte algunos rasgos con sus trabajos anteriores: obra de tono menor, humilde y confidencial, trata asuntos morales (el tempus fugit, la memoria, la muerte, la futilidad de la existencia, el desengaño) con un estilo sentencioso, accesible y cercano. El poeta complutense es un maestro de las composiciones cortas, que remata de manera impecable. No obstante, con Tacha se adentra en un motivo temático nuevo: el metaliterario. Si en Obligación (Polibea, 2013) tan sólo leíamos un texto que tratara este asunto (Y seguir escribiendo: “He seguido escribiendo cada día,/ como quien rompe el mundo entre los dedos/ y derrama su pulpa sobre nieve”), comprobamos que su última criatura es, ante todo, un homenaje a la propia poesía, así como una parada que el autor se impone para reflexionar acerca de su creación. Cada libro publicado por Francisco ha salido con un año de retraso sobre el anterior. Los intervalos entre ellos cada vez son más largos. En esta tesitura, el poeta se detiene a contemplar su obra, que siente hueca, vana, caduca, imprecisa e inútil. Ya conocíamos el pesimismo del sujeto que enuncia en sus poemas, que ahora se cuestiona si proseguir o no juntando letras:

“por quién me esfuerzo y velo,
si todo se amontona
en el interminable
prólogo de un vacío”

              (del sobrecogedor Comunicarse).

En esta agónica incertidumbre, Morán ha realizado breves homenajes a algunos de sus poetas de cabecera: Lope, Manrique, Cervantes, Espriu, Otero, Cuenca o Keats. Al juego intertextual de citas y alusiones une el autor el ensayo de un género específico: la canción, que reelabora de modo personal. Da la impresión de que Francisco está buscando nuevos bríos, y que trata de coger impulso indagando en la tradición. De ahí que se exija un límite, que cerque su expresión con el imperativo tacha (borra, destruye). Porque no todo vale en poesía, pese a que vivamos en un tiempo en que parezca relucir todo lo contrario. Señala Debicki que la verdadera lírica reflexiona sobre su tejido y su alma. Francisco José, como Unamuno, se interroga por el objeto del Arte si la vida carece de sentido (pues es la “nada entre nada y nada”). Igual una manera de saturarla de significado sea salirse del yo y avanzar hacia el tú o el mundo. Pero es esta una impresión mía que, tal vez, no comparta el autor. Con todo, se vislumbra en Tacha un intento por mirar hacia fuera, en clave simbólica. Así vemos vencejos, yeguas y gaviotas hinchados de connotaciones semánticas, de emociones con las que vibramos todos (como quería el bueno de Antonio Machado): angustia por la caducidad, tesón frente a la adversidad y frustración de expectativas. ¿Por qué rumbo se decantará Francisco, superada esta crisis introspectivo-creativa? Ya estamos deseando una nueva entrega de sus sutiles, hondos y lacerantes versos para salir de dudas.


Esta reseña ha sido publicada por Oculta Lit.


sábado, 30 de junio de 2018

Un poema mío en la revista Poder popular



Amigos:

Os dejo el enlace a la revista Poder popular, que ha tenido a bien publicar un poema de mi libro Apátrida (Hiperión, 2005), que trata sobre el tema de la violencia de género.

https://poderpopular.info/2018/05/27/ariadna-g-garcia-poema-hubo-un-dia-hace-tiempo-que-sonaste/

Abrazos,
A.


lunes, 25 de junio de 2018

Recital en el I Congreso Internacional de Humanidades Ambientales


I CONGRESO INTERNACIONAL DE HUMANIDADES AMBIENTALES: “RELATOS, MITOS Y ARTES PARA EL CAMBIO” ALCALÁ DE HENARES, DEL 3 AL 6 DE JULIO DE 2018


La temática del congreso, “Relatos, mitos y artes para el cambio”, se encuadra dentro de lo que se denominan Humanidades Ambientales las cuales suponen un marco crítico trans- disciplinar y transnacional que ha surgido con fuerza en los últimos años. Dicho marco cuestiona la división entre las ciencias humanas, sociales y ecológicas, por resultar obsoleta a la hora de enfrentar, analizar y articular los retos sociales, culturales y ecológicos del siglo XXI, con sus múltiples escalas, sus riesgos biofísicos y sus dificultades representacionales. 

Este congreso pretende contribuir a este fascinante debate al tiempo que lo introduce en España, donde todavía no se ha establecido. Por todo ello este encuentro aspira a fomentar el diálogo y los contactos entre investigadores de diversas áreas relacionadas y, por tanto, su estructura será́ algo distinta a lo habitual. La participación activa durante su desarrollo será́ un eje central. Además de paneles tradicionales, el congreso contará con varias conferencias plenarias sobre filosofía, arte, y literatura, además de talleres temáticos (de debate, eco-teatro, música, escritura creativa o realización artística) y sesiones poéticas y musicales. Habrá unas 130 ponencias de una veintena de países tanto en inglés como en español.
Para más información visite la web:

http://www.institutofranklin.net/eventos-franklin/congreso-internacional-humanidades-ambientales/
Este congreso forma parte de los proyectos de investigación “Humanidades ambientales. Estrategias para la empatía ecológica y la transición hacia sociedades sostenibles” (HUAMECO) HAR2015-67472-C2-2-R (MINECO/FEDER); y “Actividades de Investigación en Mitocrítica Cultural” S2015/HUM-3362, CAM/FSE.
Este congreso pretende resaltar el papel de las humanidades en la concienciación ecológica y de transformación social, partiendo de las sinergias entre artes visuales, literatura, mitos y ética y cómo estas dan forma a nuestra cosmovisión.

Por ello, tendrá lugar un recital de poesía el jueves 5 a las 20 h. en el Hostal Complutum en la Pl. San Diego (justo en frente de la fachada histórica de la universidad). Las sesiones del congreso terminan a las 19:30. Cada poeta (somos 4: Jorge Riechmann, Jose Parreño, Jose Manuel Marrero y Ariadna G. García -aunque probablemente alguien lea poemas de Julia Barella-) tiene 15 minutos. Terminará sobre las 21:15. La entrada es libre.