viernes, 22 de marzo de 2019

Carlos Alcorta reseña Ciudad sumergida



El poeta y crítico literario Carlos Alcorta ha publicado en El cuaderno (Cuaderno digital de cultura) una minuciosa reseña de mi poemario Ciudad sumergida, recientemente publicado por Hiperión.

El texto completo lo tenéis en este enlace:


Aquí destaco algunos fragmentos:

Ariadna G. García,  “con rigor poético”, “configura un paisaje emocional simbólico en el que predomina una visión optimista de la realidad.”

"Poemas escritos en poderosos alejandrinos." "El ritmo que impone este metro resulta primordial para resaltar la preeminencia de lo expresado en estos poemas. Se trasmite una seguridad vital que solo los muy convencidos son capaces de participar elocuentemente.” 


sábado, 16 de marzo de 2019

Un recuerdo de anoche


Gema Palacios, Olalla Castro y yo, en Mujeres y Cía

Amigas, os dejo por aquí un recuerdo de la presentación, anoche, del poemario bajo la luz, el cepo (Premio Internacional "Antonio Machado en Baeza". Hiperión, 2018) de la granadina Olalla Castro. Gracias a todos por venir.


martes, 12 de marzo de 2019

Presento "Bajo la luz, el cepo", de Olalla Castro



Estimadas amigas:

Este viernes co-presento, junto a Gema Palacios (recientemente ganadora del premio de poesía joven "Javier Lostalé", del que tuve el honor de ser jurado) el último poemario de la autora granadina Olalla Castro: Bajo la luz, el cepo, flamante ganador del premio "Antonio Machado en Baeza", que publica Hiperión. La cita es este viernes en la librería Mujeres y Compañía, a las 19:00. Os esperamos.


domingo, 10 de marzo de 2019

Zenda recomienda mi Ciudad sumergida



El pasado 28 de febrero la revista digital Zenda. Autores, libros y compañía, editada y co-fundada por Arturo Pérez-Reverte en 2016, recomendaba a sus lectores mi último poemario: Ciudad sumergida (Hiperión, 2018).

Tenéis aquí el enlace: https://www.zendalibros.com/zenda-recomienda-ciudad-sumergida-ariadna-g-garcia/

Feliz lectura.

 

viernes, 8 de marzo de 2019

8 de marzo, por la emancipación de la mujer



En estos 22 años de carrera literaria he publicado 15 libros, entre ellos, 8 poemarios y una novela. Si hay una columna que vertebre mi obra es la reivindicación de espacios de visibilidad para la mujer, de libertad, de lucha contra los prejuicios de género y de denuncia de la violencia doméstica. 

Celebro este 8 de marzo compartiendo algunos de los poemas que responden a esta concepción de la obra artística como un medio de transformación de la convivencia y del mundo.

* Poema contra la homofobia lésbica, de Napalm (Hiperión, 2001). AQUÍ.

*Poema contra la violencia machista, de Apátrida (Hiperión, 2005). AQUÍ.

*Poema celebratorio da la libertad femenina, de La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013). AQUÍ.

*Poema hímnico al amor entre dos mujeres, de La Guerra de Invierno. AQUÍ.

*Poema contra la homofobia eclesiástica, de Helio (La Garúa, 2014). AQUÍ.

*Poema a sor Juana Inés de la Cruz, de Línea de flotación (Ediciones Agualdulce, Puerto Rico, 2017):

 
Juana Inés de la Cruz
  

Mi querida hermana
-no de hábito, de complicidad en el tiempo;
de luchas por causas justas y nobles:
la igualdad, la pureza-,
amaste a María Luisa como amaron
los grandes escritores
a otras damas imposibles y bellas:
como Dante a Laura,
como Garcilaso a Isabel Freyre,
como Bécquer a Julia Espín,
como Keats a Fanny Brawne…
con pasión,
desde la distancia,
en tus horas de sueño,
en tus sueños a deshoras.

pero sólo a ti

los críticos
negaron
el amor.


*Poemas por la visilibidad de la familia homoparental formada por dos mujeres y sus hijos, de Ciudad sumergida (Hiperión, 2018). AQUÍ.

* Poema-homenaje a los hombres feministas, como bisabuelo Esteban Planellas, de Ciudad sumergida:

 
El padre se remanga la camisa y reparte los libretos entre sus hijos. El bullicio de la pensión, la prisa de los huéspedes, queda del otro lado de la puerta. Las hijas también han recibido sus guiones mecanografiados. El padre fue un actor profesional y quiere que todos sus vástagos disfruten de la misma educación. De la mayor a la pequeña, las jóvenes cocinan y cosen, así como interpretan sus papeles. Este hombre de mirada serena, bondadosa, y chaleco impecable sobre un torso de atleta, está haciendo lo imposible para que sus niñas no enturbien sus miradas dentro de un pozo oscuro y vean bien el fondo de las aguas. Le ha costado el matrimonio. Está solo frente a un sueño. No importa. Cuando sus hijos se prueban otras vidas conocen más el mundo. Saben que de las grietas brotan flores, que la belleza existe aunque la oculte la niebla; y también su contrario: que no todos los caminos nos llevan hasta el sol. Este padre anduvo sobre la tierra muerta, la palpó y renunció a la sombra de su cuerpo. Para no perder la dignidad, puso un puesto de pescado en medio de la plaza. La noche que llovieron tumbas, bajo la luz más triste que recuerda, amenazó a sus vecinos desde el portón de su casa de piedra: “Si me forzáis me iré. No quiero estar con nadie y quiero estar con todos. Mi casa estará abierta a todo el mundo.” Este hombre detuvo el avance de una nube. Sus hijos aprendieron que al milagro no se le espera, uno sale a buscarlo. En sus jóvenes pechos, la estrella del asombro no se oxida, arroja luz al patio de butacas, calienta el largo invierno de un país.


miércoles, 6 de marzo de 2019

Las cosas como fueron. Poesía completa 1964-2017


Las cosas como fueron. Poesía completa. 1964-2017, de Eloy Sánchez Rosillo. TusQuets, Barcelona, 2018. 768 páginas.


Afirma Antonio Colinas en su ensayo El sentido primero de la palabra poética que la poesía revela. “Aparece así –nos dice– la poesía como una vía de conocimiento”. Eloy Sánchez Rosillo comparte dicha opinión, tal y como demuestran los siguientes versos de su libro Sueño del origen:

“Sé muy bien
que no fui yo quien hizo los poemas
que en mis libros figuran. Fueron ellos
los que a mí me crearon, los que han ido
poco a poco tejiendo el nombre que me nombra,
la identidad que tengo.” 

(Del poema Con un gran trecho del camino andado.)

    Ya José Ángel Valente se planteaba en los años 50 que la lírica fuese un medio de averiguación personal, de indagación en el enigma de la propia existencia. Esta exploración era simultánea al momento de escritura. Por medio de la intuición el poeta podía dar consigo. Antonio Machado lo vaticinaba en Soledades, galerías y otros poemas: “El alma del poeta/ se orienta hacia el misterio”. 
    ¿Y cómo logra Eloy Sánchez Rosillo caer en la cuenta de quién es? ¿Por medio de qué simbolos? ¿Cuál es su estética?
    Siguiendo la estela del maestro Machado, él mismo afirma que su trabajo literario ha consistido en “encontrar las palabras verdaderas”. Es decir, es la suya una poética del lenguaje claro, de la sintaxis sencilla, del ritmo cadencioso y de pocos símbolos pero muy recurrentes (la luz, el sol, el verano, el relámpago, la luna, la noche o el invierno).  
    En su obra se distinguen dos etapas. Rosillo las resume así: “Supe de la añoranza y el lamento./ Ahora celebro y canto”. La primera, pues, es de tono elegíaco. Abarca los libros: Maneras de estar solo (1978), Páginas de un diario (1981), Elegías (1984), Autorretratos (1989) y La vida (1996). La segunda, en cambio, supone una celebración del existir, y la integran las obras: La certeza (2005), Oír la luz (2008), Sueño del origen (2011), Antes del nombre (2013) y Quién lo diría (2015). 
   No obstante esta clasificación (refrendada por críticos de la talla de José Luis Morante, autor de la antología Hilo de oro, 1974-2011), vemos en las profundidades de estos libros varios caudales de aguas subterráneas que nos permiten realizar matices.
     Un primer torrente une los libros publicados antes de los 35 años. En algo más de un lustro (del 78 al 84), Rosillo lanzó tres publicaciones de tono melancólico donde son reconocibles las voces de Bécquer, Unamuno, Cernuda o Biedma. Hablamos de una etapa juvenil. Ya se vislumbra en su obra un estilo, pero las deudas contraídas con la tradición todavía son claras. Sin embargo, será a partir de la década siguiente, ya entrado en los 40, cuando Rosillo experimente con el uso de diferentes técnicas para abordar su tema principal, que no es otro, que el transcurso del tiempo. Así, a veces recurrirá al motivo del doppel (en El sueño, donde el hombre y el niño que fue convergen en una madrugada), o juega con la línea del tiempo, ya sea mediante el flash back (en Celebración, poema que, además, adelanta el espíritu hímnico del autor: “Miro/con emoción y con sorpresa cómo/la realidad canta y florece/ […] me sumo/ rendidamente a la celebración/ de este suceso”), o por medio una violenta aceleración de los acontecimientos gracias al resumen, la elipsis y a la prolepsis, que a veces rematará el poema (tal y como ocurre en un texto extraordinario, quizás el mejor de Rosillo: La playa; y en Tiempo), mientras que en otras ocasiones tras la anticipación, el poema regresará al momento presente para exprimir lo que queda de vida, cerrando una estructura circular (en otro poema maravilloso, Ubi sunt?). Por esta senda, más atenuada, se adentra el segundo libro de este periodo, La vida. El poeta tiene 48 años. Serán ahora las antítesis y contrastes los que evocarán el paso inexorable de las horas (“A la vez respiramos la luz y la ceniza”, en Principio y fin). El autor reconoce: “Me he perdido en el tiempo”. En el ahora todo es simultáneo. Lo escribía Rilke en las Elegías del Duino. No de otra cosa hablo yo en Apátrida y Helio. Y Quevedo, claro, que anda detrás de cada uno. En estos dos últimos libros pasamos de la melancolía inicial de juventud al reino de la angustia.
Habrían de pasar nueve años hasta que Eloy Sánchez Rosillo diese a imprenta una nueva criatura. Tiene 57 años cuando gana el Premio Nacional de la Crítica por La certeza. Estamos en 2005. En las últimas dos décadas sólo había publicado tres obras. Y desde entonces, ha ido sacándolas de modo regular cada dos o tres años (2008, 2011, 2013, 2015). Lo que supone una prueba más de que la poesía no es un “género absoluto de juventud”, que dice Antonio Lucas y sostienen otros, sino que se encuentra en los “espíritus más elevados” con independencia de su edad (a los 51 firmó Góngora su Polifemo; y a los 61 Milton el Lost Paradise). En esta etapa final, un Rosillo entusiasta y en paz consigo mismo busca y encuentra la plenitud en las cosas sencillas (“Sucede la hermosura en cualquier parte/si estás atento y miras”, del libro Sueño del origen), y para hallarla recoge sus sentidos como un místico –en la línea, por otra parte, de César Simón–:

“Oigo también mi respirar; y casi,
con extrañeza grande de estar vivo,
mi propio corazón. Cuánto misterio
surge si suspendemos totalmente
cualquier actividad.” (De Invierno.)

“Y yo que iba deprisa, me detengo,
y me quedo mirando cada cosa,
sintiéndola, escuchándola.” (De En la profunda calma.)


    Así, la naturaleza cobra un enorme protagonismo. Rosillo celebra la lluvia, los naranjos, la playa, las golondrinas, el mirlo… Reivindicando un regreso de la humanidad a su entorno primero, arcádico. Este magisterio ha dejado su huella en poetas más jóvenes, como Andrés García Cerdán, que le dedica un poema en su libro Barbarie.
    La obra del poeta murciano apenas la integran diez poemarios. Pero es la suya una trayectoria consolidada. Si bien es verdad que hay motivos que se repiten y símbolos reiterados hasta la extenuación, lo cierto es que en algunos poemas equilibra la emoción y la reflexión de manera brillante. Imposible no identificarse con ellos, y vibrar con el pulso de su autor.


Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit. 

 

domingo, 3 de marzo de 2019

Me entrevistan en La estación azul (RNE)



Dejo por aquí el podcast del programa emitido hoy en La estación azul (RNE), en el que mi querido Ignacio Elguero me entrevista a propósito de Ciudad sumergida (Hiperión, 2018). Además, hablamos del conjunto de mi obra, de visibilidad LGTB, de ecología, del IES Cervantes...

Podéis escucharlo aquí:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-estacion-azul/estacion-azul-latin-querido-latin-verba-volant-scripta-manent-03-03-19/5018947/

Saludos

sábado, 23 de febrero de 2019

Próximas lecturas y presentaciones de Ciudad sumergida



* 7 de marzo. Recital de poesía y música organizado por el Grupo Retablo (Mayte Domínguez, intérprete; Pablo Bethencourt, piano y composición). Participo junto a los poetas Enrique Gracia Trinidad y Octavio Uña. Lugar: Salón de actos de la biblioteca Eugenio Trías (Retiro). A las 19:00. 

* 11 de abril. Presentación de mi nuevo poemario, Ciudad sumergida (Hiperión, 2018), dentro del ciclo Poesía en el Bulevar, organizado por Antonio Crespo Massieu en la Casa de la Cultura de Chamberí. A las 19:30.

* 17 de mayo. Presento Ciudad sumergida en la librería Diógenes de Alcalá de Henares, con la complicidad de Matías Escalera. A las 19:00.


domingo, 17 de febrero de 2019

Recordando a Carmen Jodra

Os dejo por aquí un video donde Carmen Jodra analiza su primer libro de poemas, Las moras agraces (Hiperión, 1999). En esta entrevista ofrece interesantes claves de lectura de muchos de sus textos. Pero lo más delicioso es escucharla recitar a los autores que la influyeron, desde Hayyam, Góngora o Rimbaud, pasando por Miguel Hernández (entre otros), en paralelo a los poemas que le inspiraron. Me llevo la sorpresa, además, de que recomienda mi Napalm (Hiperión, 2001). La grabación debe ser del año 2002. Recordemos que Carmen escribió su libro entre los 15 y los 18 años. Su diálogo con diversas tradiciones literarias (grecolatina, áurea, maldita) se tradujo en versos de gran perfección técnica, si bien lo más seductor del poemario es el tono del sujeto que habla, su cinismo, su rebeldía. Hace ahora 20 años que Las moras agraces recibió el premio Hiperión. Quien no lo haya leído tiene la oportunidad de disfrutarlo escuchando este enlace. ¿Y no sería esta una buena fecha para publicar una nueva obra?




miércoles, 13 de febrero de 2019

Inercia, en Barcelona Review



Os dejo por aquí el enlace a la revista Barcelona Review, que ha tenido a bien pedirme un fragmento de Inercia (Baile del Sol, 2014) para publicarlo. El elegido pertenece a un capítulo titulado "Ordos. Mongolia interior". Con él critico la dura realidad de las familias chinas que quieren tener un segundo hijo, y han de esconderse para salvarlo. También abordo el asunto de las "triadas" mafiosas que se dedican al tráfico de humanos, a los que esclavizan. Precisamente, el tráfico ilegal de personas es el eje del libro.

http://www.barcelonareview.com/96/s_ag.html

sábado, 9 de febrero de 2019

Ciudad sumergida, en Antígona

Dejo por aquí una foto de la presentación de Ciudad sumergida (Hiperión, 2018) en la librería Antígona de Zaragoza. Tuve la suerte de contar con la complicidad del poeta David Mayor (autor de varios poemarios en Pre-Textos), amigo desde nuestros tiempos en la "Resi", en la que coincidimos el curso 2001-2002, gracias a nuestras respectivas becas de creación artística. Con gratitud, también, a Pepito y Julia por cedernos su casa; y a todos cuantos vinieron a la celebración, familiares y amigos. Además, gocé del honor de que me acompañaran también los poetas Jesús Jiménez Domínguez y a Alejandro Simón Partal. Gracias.



viernes, 8 de febrero de 2019

Mi novela Inercia recogida en el libro The Dystopian Imagination

En 2018 la crítica literaria Diana Q. Palardi (de la Youngstown State University, en Ohio) publicó el ensayo The Dystopian Imagination in Contemporary Spanish Literature and Film, donde se cita mi primera novela: Inercia (Baile del Sol, 2014). Por lo visto, desde la novela El futuro dictador, de José Fernández Bremón (1879) hasta Los cinco estigmas del éter, de Antonio César Murón (2018), se han dado a conocer en España 260 obras distópicas de los más variados géneros (novela, relato, cine). Mi libro ocupa el puesto 164, lo que significa que en los cuatro años que van del 2014 al 2018 se han publicado 96 títulos, casi un tercio del total, lo que nos da una medida de los peligros que los escritores y cineastas españoles del siglo XXI advertimos en nuestra sociedad, de los síntomas que evidencian la enfermedad de un cuerpo que, si no lo evitamos, acabará infartando.  


En este link hay una traducción del prólogo y el listado completo de las obras:


Información del libro original, AQUÍ.

Reseñas de Inercia, argumento, puntos de venta... AQUÍ.

Fallo del premio de poesía "Javier Lostalé"



Ha sido un honor formar parte del jurado del premio de poesía joven "Javier Lostalé", convocado por la editorial Polibea, y que este año ha recaído en el poemario Lumbres, de Gema Palacios. Enhorabuena a la autora. Pronto más noticias sobre la obra, un libro a la altura de el levitador.


martes, 5 de febrero de 2019

Descendimiento

 Descendimiento, Ada Salas. Valencia, Pre-Textos, 2018. 100 páginas.


“…No hay quien mire
de frente
hacia el dolor del otro”

Ada Salas ha lanzado una piedra en estos versos cuyas ondas se expanden hasta tocarlo todo: los mendigos de las ciudades, los migrantes que nadan en el mar, los alumnos acosados en los institutos… y tanto tormento ajeno que evitamos. La poeta extremeña utiliza como símbolo del drama un cuadro del artista flamenco Rogier van der Weyden: Descendimiento, fechado en el siglo XV. La pintura nos habla de la muerte justo en el mismo instante en que nos siega. Las palabras dan forma a los conceptos que las imágenes al óleo nos evocan: traición, sufrimiento, aniquilación, descenso, muerte. Pero es que resulta que la propias imágenes del texto son de una potencia dramática sobrecogedora: los geranios rojos convertidos en polvo entre las manos. Y es que estamos abocados al fin. Obsérvese el tratamiento tan potente del color en los versos de Ada: “Debajo de la piel/corre la sangre. Debajo del color/el blanco del estuco”. Vida y muerte solapados a unos pocos centímetros. Ignoramos el origen del sufrimiento que ha encontrado su cauce en la mirada sobre una tabla al óleo. Ada no recurre a la naturaleza para proyectar su angustia, sino a la obra de otro creador. Dos espíritus afines en su melancolía. Dos que caminan solos entre tanta ausencia: “Pero qué si me faltas”. La poeta, sin duda, ha puesto todo su sentimiento en los poemas. Basta enumerar las imágenes que los salpican: huesos astillados, grietas en las paredes, jugo de vértebras, tendones roídos… Estos versos golpean: “…Estamos todos/ muertos. Ninguno de nosotros/ya es persona”. Y lo verdaderamente asombroso, con palabras que diría van Gogh, es leer este libro trágico, observar ese cuadro dramático, y encontrarlos bellos. Está claro que Ada ha recogido en su obra el lema de Millet: “preferiría no decir nada antes que expresarme débilmente”. No otra cosa es el arte.


lunes, 4 de febrero de 2019

Las niñas siempre dicen la verdad

Las niñas siempre dicen la verdad, Rosa Berbel. XXI Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal”. Hiperión, 2018.


La joven poesía española tiene el futuro asegurado gracias a unos autores que no acaparan los primeros puestos en las listas de libros más vendidos, pero que, sin embargo, han heredado el don de la lírica. Son autores minoritarios que no llenan auditorios, ni lo pretenden. No escriben para un público. La poesía, de hecho, es un género destinados a unos pocos. ¿Cuántos lectores piensan que tuvo el Cántico espiritual? ¿Quién leía a fray Luis de León? Las copias manuscritas de sus textos apenas alcanzaban para sus hermanos de hábito. Nuestros místicos no fueron estrellas del rock, ni siquiera vieron editadas sus obras en vida, y sin embargo, sin ellos no habría nada. Algunos de los poetas actuales gozan de miles de seguidores en el mundo virtual, y agotan las tiradas de sus libros con sus versos low cost. ¿Deseable? No. ¿Y sorprendente? Repasemos. Pasa en la poesía como en el cine: lo tenemos de culto y comercial. Y seamos sinceros, en este país no batimos récords de taquilla con películas de la talla de Nader y Simin (Asghar Farhadi, 2011), sino con cintas como Torrente, el brazo tonto de la ley (Santiago Segura, 1998). O como pasaba con el teatro en el Barroco, que parió obras excepcionales como La vida es sueño y obras destinadas a complacer los deseos de las masas por ver las aparatosas escenografías de las comedias de santos o mitológicas, a las que denominaba Luis Vélez de Guevara comedias de ruido. Igual que con la novela del siglo XIX. Recordemos los lamentos de Galdós a propósito de la narrativa de entonces (Observaciones sobre la novela contemporánea en España, 1870):

“Destinada sólo a la distracción y deleite de cierta clase de personas, se ha hecho aquí cuanto había que hacer, inundar la Península de una plaga desastrosa, haciendo esas emisiones de papel impreso, que son hoy la gran conquista del comercio editorial. La entrega, que bajo el punto económico es una maravilla, es cosa terrible para el arte…”

Es decir, nada nuevo bajo el sol. Aunque nos duele, mucho, porque amamos la verdadera poesía: esa que se asoma al misterio, la que caza sus símbolos en medio de la noche, la que no tiene mapas, la que lo arriesga todo a las intuiciones, la que levanta un mundo de la nada. Pero lo cierto es que siempre han existido dos fuerzas enfrentadas que han puesto el acento en cosas diferentes: la excelencia y las ganas de agradar a una mayoría. Y siempre ha habido editores (o productores) que han apostado por obras de mérito artístico, frante a aquellos otros que han sacrificado la calidad a las ventas.

Pero comentaba al comienzo de esta reseña que la poesía en este país tiene futuro porque hay jóvenes que están demostrando oficio, conocimiento de la tradición, profundidad temática, personalidad estética y altura de miras. Me refiero a poetas nacidos en los 90 o incluso en este siglo en que estamos. Y en concreto a Mario García Obrero (Getafe, 2003) y a Rosa Berbel (Sevilla, 1997), ganadora, con 20 años, del premio “Antonio Carvajal”, que publica Hiperión. 

La sorprendente madurez artística de Berbel me recuerda, claro, a la de mi añorada Carmen Jodra (premio Hiperión con 19 años por Las moras agraces). Qué dominio de la técnica y qué manera de escuchar el látido de su época, a tan temprana edad. Pensemos que los poemas de ambas debieron ser escritos en bachillerato y/o primero de carrera, en la fase final de su adolescencia.

Las niñas siempre dicen la verdad es un libro ambicioso. Su joven autora aborda tópicos temáticos (tempus fugit, amor), motivos generacionales (la precariedad laboral, la importancia de la imagen, la familia) y asuntos que se encuentran en la agenda socio-política (la violencia de género). Si bien Berbel utiliza un registro coloquial, su estilo está trufado de retórica: paralelismos, anáforas, antítesis, quiasmos, elipsis, polisínditon, ironía… El tono del libro, de hecho, unas veces es irónico y otras absolutamente desesperanzado:

“Crecer es
andar más, con más miedo,
por calles más vacías,
no creer en otros mundos
posibles o imposibles”

El nihilismo es una pátina que recubre los textos, de la que se salvan muy pocos, entre otros Sisterhood, un buen poema que enaltece el amor fraterno, la intimidad entre dos hermanas.

Son muchos los poemas a destacar dentro del conjunto (Árbol genealógico, Las niñas siempre dicen la verdad, Exorcismo, Oráculo de Delfos, Planes de futuro…), pero quiero traer aquí uno excepcional:

Mass Media

Desde esta habitación se escuchan las noticias.

Dejas la tele puesta
mientras estamos juntos en la cama.
Me molesta saber que existe algo
fuera de aquí,
que hay algo más reciente que nosotros.
Saber que hay quien se muere
en el cuarto de al lado,
que está cayendo bombas encima de hospitales,
que están violando a niñas
o estrellándose coches en la A-92
en el mismo momento en que pensamos
en que vamos quizás
un poco rápido.

Es emposible saber de qué cabo tirará Rosa Berbel en un futuro libro. En este primero ha abierto varias líneas temáticas, ha demostrado que domina tanto la métrica clásica como el verso libre, y además vemos que le resulta igual de sencilla la inmersión en sus profundidades que el avistamiento de su entorno. No se puede pedir más a una ópera prima (en realidad, a ningún libro). Se trata de un debut excelente. Y desde aquí deseamos a la autora que camine sin prisa hacia el destino brillante que le espera.    


Esta reseña ha sido publicada por la revista Oculta Lit. AQUÍ.


miércoles, 30 de enero de 2019

Presento Ciudad sumergida en Zaragoza






Amigos:

El próximo sábado presento Ciudad sumergida (Hiperión, 2018) en la librería Antígona de Zaragoza. A las 13:00. Conversaré sobre el libro con el poeta David Mayor.  
Os esperamos.


sábado, 26 de enero de 2019

Ciudad sumergida, en el Diario de Córdoba




El crítico Alejandro López Andrada acaba de publicar en el Diario de Córdoba un elogioso artículo donde reseña mi último poemario, Ciudad sumergida, junto a los de las poetas Olalla Castro y Rosa Berbel. Este ensayo, además, reivindica la labor editorial de Hiperión, que lleva 40 años apostando por la poesía de calidad.


Aquí el fragmento que dedica a mi obra.



"El otro poemario que vamos a reseñar, aparecido en la misma colección, aunque no lleve premio -ni falta que le hace-, tiene una calidad lírica imponente, y hemos de reconocer que quien lo escribe es dueña de una obra poética muy sólida: Ariadna G. García, con libros de versos muy aplaudidos y bien recibidos siempre por la crítica, que aquí en este libro de extraordinario aliento, Ciudad sumergida, nos muestra de nuevo un mundo original, acrecentando con ello el universo de su obra magnífica, una obra poética valiente donde deja constancia de su madurez creativa y un hondo lirismo que llega al corazón.


Entrando de lleno en este último poemario de Ariana G. García, enseguida percibimos una voz temblorosa que arraiga como un tallo de luz quebradiza en los ojos del lector transportándolo a espacios de belleza persuasiva: «Al pie de la montaña/huelo botones de eucalipto/que el tiempo mustiará» (Pág. 15), versos imantados desde la raíz por el puro amor de la naturaleza. Y es también el amor, aunque de un modo distinto, la sustancia que funde los ángulos y los vértices de la urdimbre poética que la autora nos regala unas líneas después en fragmentos como este: «La familia es resguardo,/memoria compartida,/temblor que en el silencio abre ventanas» (Pág. 17), o estos otros versos hechizados y prodigiosos: «Eras la protectora de la nieve.../Heredaste su amor por los crepúsculos y los amaneceres» (Pág. 24).

Emociones domésticas, reflexiones lúcidas, pérdidas emotivas y esperanzas -«late en mí la certeza/de que ya estáis viajando hacia el ser que seréis»-, conforman la atmósfera de este Ciudad sumergida, un libro de versos seductores e inquietantes.


El ensayo completo, lo tenéis pinchando AQUÍ.




sábado, 12 de enero de 2019

En la cosecha poética 2018 del poeta David Mayor



Teniendo en cuenta que mi nuevo poemario, Ciudad sumergida, se puso a la venta el pasado 18 de diciembre, me honra aún más que excelentes poetas lo hayan leído antes de finalizar el año y que incluso lo hayan seleccionado entre sus mejores lecturas del 2018.  Esta vez me refiero al poeta aragonés David Mayor (que ha publicado en Pre-Textos En otra parte y 31 poemas).

Esta estas son sus obras, que no recoge en lista, sino en collage:
 

  1. Me despierto, me despierto, me despierto, de Jorge Gimeno.
  2. Cómo vivir juntos, Pablo López.
  3. Desguace, Marcos Díez.
  4. Ciudad sumergida, Ariadna G. García.
  5. Luz de tormenta, Ángel Zapata.
  6. Vivir de oído, Andrés Neuman.
  7. El lector de Dostoyevski, Ana Isabel Conejo.
  8. Crónica de las aves de paso, Pablo Fidalgo.
  9. Las órdenes, Pilar Adón.
  10. Error de la luz, Sergio Gómez.
  11. Un vaso de agua, Lola Mascarell.
  12. Defensa de las excepciones, Andrés García Cerdán.                                                                                                                                                                                                           

miércoles, 9 de enero de 2019

En la cosecha 2018 del poeta Jesús Jiménez Domínguez



Es un honor que mi nuevo poemario, Ciudad sumergida (Hiperión, 2018), haya sido seleccionado por el poeta Jesús Jiménez Domínguez (Premio Ciudad de Burgos y Hermanos Argensola) entre los mejores libros de poemas del 2018:

http://jesusjimenezdominguez.blogspot.com/2018/12/cosecha-poetica-de-2018.html

Su top:

  1. La miel, Tonino Guerra (Pepitas de Calabaza). Traducción y prólogo de Juan Vicente Piqueras.
  2. El explorador polar, Joseph Brodsky (Kriller 71). Traducciones de Ernesto Hernández Busto y Ezequiel Zaidenwerg.
  3. Bestias en un hotel de paso, Jorge Boccanera (Salto de Página).
  4. Picnic nocturno, Charles Simic (Valparaíso). Traducción de Nieves García Prados.
  5. Para una teoría de las distancias, Lorenzo Oliván (Tusquets).
  6. Desguace, Marcos Díez (Visor).
  7. Libro de los otros, VV.AA. (Trea). Selección y traducción de Jordi Doce.
  8. Ciudad sumergida, Ariadna G. García (Hiperión).
  9. A la manera de Lorca y otros poemas, Jack Spicer (Salto de Página). Traducción de Martín Rodríguez-Gaona.
  10. Las órdenes, Pilar Adón (La Bella Varsovia).
  11. Poesía reunida, Wallace Stevens (Lumen). Edición de Andreu Jaume.
  12. Cómo vivir juntos, Pablo Lópiz Cantó (Prensas Universitarias de Zaragoza).

martes, 8 de enero de 2019

Defensa de las excepciones

Defensa de las excepciones, Andrés García Cerdán. “Premio de Poesía Hermanos Argensola”. Madrid, Visor, 2018. 64 páginas.


Pertenezco a ese número de hombres
–no tan distintos en verdad,
sino tal vez con cierta tendencia a los milagros,
al lujo, al desencanto–
que han hecho del oficio
de libertad su distinción. Los que huelen
en el aire un peligro
y lo celebran.
Los que dicen que no,
que ellos no.
Los que miran con otros ojos
una misma ciudad. Los que
predican una forma oblicua de vivir.

Andrés García Cerdán ha cincelado, libro a libro, con paciencia artesana, una obra diferente y claramente reconocible a sus lectores. Desde La sangre (“Premio Internacional de Poesía Ciudad de Almuñécar”, Valparaíso, 2015) ha ido ensanchando su obra desde un centro donde, además de la música (leit motive desde sus primeros libros), laten la celebración de la existencia, la defensa ecológica y la denuncia de la política internacional. En tres años ha abierto una grieta por la que meterse en la siempre tan cara lírica patria, cavando un auténtico túnel bajo tierra por donde truenan poemas de alta intensidad. Junto al poemario citado, Barbarie (“Premio Alegría”, Adonáis, 2015) y Puntos de no retorno (“Premio San Juan de la Cruz de la Academia de Juglares de Fontiveros”, Reino de Cordelia, 2017) han convertido a su autor en uno de los más solventes poetas del último lustro. En estos libros leemos textos maravillosos como “Skaters”, “El árbol del polígono” (La sangre), “Ludus magnus”, “Los bárbaros”, “Fresas”, “Arroyos”, “Correr en la cinta” (del colosal Barbarie), “Las apisonadoras”, “Barro” o “Rebeco” (Puntos de no retorno). A esta representativa colección habría que añadir:  “Los otros”, “Guerreros comanches” y “Sarcófagos de halcón”, pertenecientes a su nuevo trabajo: Defensa de las excepciones (“Premio Hermanos Argensola”, Visor, 2018). Hablo de poemas donde se aprecia un gran dominio técnico (Andrés maneja el encabalgamiento abrupto con la misma eficacia que fray Luis), un compromiso humano con su tiempo y un diálogo con la literatura previa; de textos que responden a esta estética:

Una y otra vez, sucumbirás
a la corriente desbocada
del río del lenguaje.
Oirás dentro de tu sangre
la lujuria y el canto.
                         (“Miserias”, La sangre)

En Defensa de las excepciones reconocemos el porte de su autor, tanto en los poemas mencionados como en “Sobre el error”, “La incertidumbre”, “Los nuevos evangelios” o en el texto que da título al libro. Andrés dedica sus mejores composiciones a la defensa de la naturaleza (al comanche que “se entrega a la lujuria de los prados”, al amor del halcón que electrifica el aire), a la duda existencial (“y nada/ hay que sea certeza o solidez”), a la reflexión metaliteraria (aspira a “ver más lejos que el resto de los hombres/ y más profundo”) o a la indagación personal (“Soy/ la posibilidad en su estado más puro”).

Me gustan menos los poemas de cuño prosaico, como “Noticias de Dios” o “Lectura de poesía polaca”. No faltan los homenajes a artistas (marca de la casa). Pero en los dedicados a John Lennon, Dylan y Anne Sexton andamos lejos de las alusiones culturalistas, envenenadas de música y de literatura, con las que describía el mundo de bares y garitos (“Velvet blues”) en La sangre; lejos también de la actualización del tópico clásico del tempus fugit, simbolizado en una camiseta de los Ramones (en Puntos de no retorno).


No obstante lo dicho, Defensa de las excepciones es una mina. El lector encontrará en sus páginas vetas diamantinas ocultas en las sombras, sobre todo cuando: “Algunos versos caen al poema/ a plomo,/ como caen los acantilados”.

De entre todas sus piezas, sobresale –para mi gusto– el fantástico himno que abre el poemario (transcrito, en parte, al comienzo de esta reseña), pórtico perfecto para una antología (“Contra todo, este mínimo artefacto de amor”). Y es que ya son nueve los libros que Andrés ha dado a imprenta. Una buena selección de sus textos puede ser una estupenda compañera para mostrarnos el mundo, para dinamitarnos por dentro, para despertarnos. Leerle tiene consecuencias individuales (abre ventanas a la verdad de nuestro tiempo, señala sus mentiras, nos ata al presente), y en ese sentido, sí nos espiritualiza: nos recuerda (como buen neoepicureo) que estamos en La Tierra “aquí y ahora”.  

  
Esta reseña ha sido publicada por la revista digital Oculta Lit. Original, aquí.

jueves, 3 de enero de 2019

Bajo la luz, el cepo

Bajo la luz, el cepo. Olalla Castro. Hiperión. Premio de Poesía “Antonio Machado en Baeza”. 2018.  85 páginas.


La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie se lamentaba hace unos días en la Feria del Libro de Fráncfort de que las historias relatadas por mujeres “siguen sin oirse”. De hecho, reclamaba al mundo editorial una mayor apertura en sus catálogos con el siguiente argumento: “Es importante tener una amplia diversidad de voces, no porque queramos ser políticamente correctos, sino porque queremos ser precisos. No podremos entender el mundo si seguimos fingiendo que una pequeña parte de él representa al mundo en su totalidad”. Hasta aquí, el canon literario de cualquier país está prácticamente integrado exclusivamente por hombres, son sus historias las que exportan una inequívoca visión del mundo, como si éste no pudiese observarse desde otras perspectivas y representarse de un modo diferente. Para ello, Ngozi reivindica que se publique a más mujeres y que se den a conocer sus relatos. Sólo a través de dicha difusión la otra mitad del género humano podrá sentir empatía hacia nosotras, y sólo así la Historia podrá reconstruirse por completo. Por fortuna, ediciones Hiperión lleva 40 años dándonos voz a las mujeres, creando un espacio de libertad expresiva ya desde las postrimerías de la dictadura, cuando la mordaza estaba todavía muy cerca de la mano. Desde 1976, Jesús Munárriz y Maite Merodio han sacado a la luz las obras de 84 autoras en 127 títulos individuales y 4 antologías. Una de ellas es la granadina Olalla Castro (1979), a la que acaban de publicar Bajo la luz, el cepo. Tuve la suerte de conocer a Olalla en Orihuela en 2013, con motivo de la entrega de los premios de poesía “Miguel Hernández”. Yo gané la modalidad Internacional con La Guerra de Invierno (Hiperión), y ella la nacional con La vida en los ramajes (Devenir). Ya en aquel libro, Olalla asumía una lucha por la visibilidad de sus hermanas poéticas (guiño a Amy Lowell), dedicando un par de textos a Virginia Woolf y a Emily Dickinson. Pero más allá de ambos homenajes, leemos en aquel poemario versos rebeldes, indicios de la actitud desafiante, solidaria y crítica de Olalla:


“Fuimos brujas.
Engendramos los versos insurgentes
y bailamos sin música ni oídos.
Removimos mejunjes que podían
devolvernos la voz, los pies, las alas.

Y ellos,
postrados ante sus cruces milenarias,
temblaron.”
                          (De Ardimos juntas)



Bajo la luz, el cepo escarba en esa tierra ignota femenina para exponer al sol historias turbias, desasosegantes, que simbolizan una agónica lucha universal contra las convenciones sociales y una defensa a ultranza de la individualidad. Dividido en cuatro partes simétricas -de diez textos cada una-, la autora presta voz a dos mujeres, un niño y deja abierta la interpretación sobre el género del protagonista del último relato.
  
La expedición perdida de Franklin (1845-1848) no deja de recordarme a mi poema La exploración (1833) (de mi aludido libro finlandés) y a la novela Terror, de Dan Simmons (Roca, 2009). Simmons, Olalla y yo dedicamos nuestras obras, desde ángulos distintos, a la búsqueda ártica del mítico Paso del Noroeste. Yo me centro en la expedición de Adolf Erik Nordenskiöld, y ellos en una posterior, de John Franklin. Si Simmons convierte su libro es un maravilloso y escalofriante relato de miedo (recientamente convertido en serie para AMC, producida por Ridley Scott), Olalla ofrece una versión plausible de la tragedia desde la perspectiva ficticia de una mujer enrolada en el Erebus. Vestida de varón para huir de un destino aciago (un matrimonio forzado), la mujer que enuncia emprende un viaje sin retorno al infierno glacial. ¿No intentó sor Juana Inés de la Cruz estudiar en la universidad de la corte virreinal travestida de hombre, allá en el siglo XVII? La historia está llena de mujeres que tomaron posesión de su vida por medio de un disfraz. El hielo simboliza el entusiasmo por la conquista interior. “Soñábamos con ir siempre más lejos”. La mirada pura de la mujer no deja pasar la ocasión de criticar el imperialismo británico en tierra de los inuits: “Somos quienes invadimos su tierra/ cargados con estúpidos objetos”.

Por la ruta de Siskiyou (1848-1855) nos cambia de escenario. De las banquisas, nieves y trineos del Polo Norte nos vamos a la legendaria California, tras la pista del oro. Como en la historia anterior, Olalla describe en hermosos versos tanto la naturaleza salvaje como los pormenores de la expedición, de la lenta caravana al Oeste, halagando todos nuestros sentidos:

“Cada noche somos
una fila de luciérnagas
que baila entre las pitas.
Huele a aceite de quinqué y lo sombrío,
envuelto en paños húmedos,
se guarda en el fondo de la alforja.”


Esta vez, el protagonista es un niño obligado a madurar en hostiles circunstancias (los indios y la sombra de Caín –Antonio Machado, dixit-):

“Durmamos ahora
sobre esta blanda miseria que nos une,
pues cuando haya porvenir
no habrá descanso.”

Las histéricas de La Salpetrière (1862-1867) supone un cambio en el patrón narrativo de la autora. Del relato de un viaje, pasamos a la descripción de un lugar concreto; de la libertad ambulatoria pasamos a la reclusión forzada. En este caso, en un hospital parisino de negra reputación desde sus remotos orígenes. De nuevo habla una joven en los versos. Una mujer internada en el ala del sanatorio reservada para las enfermas. Olalla denuncia con rotundidad el uso terapéutico de duchas a presión y de descargas eléctricas en el pavellón de mujeres, el estado catatónico en que se quedaban. No deja de ser coincidencia que Rosana Acquaroni haya denunciado en La casa grande (Bartleby, 2018) semejante modus operandi, bien es verdad que en un espacio-tiempo más cercano a nosotros: años 60, hospital Alonso Vega de Madrid. Olalla va mucho más allá al sugerir violaciones, e internamientos forzados por maridos que mueven a las mujeres por el tablero de la vida como los antiguos señores feudales, según su voluntad.

La leprosería de la isla de Molaki (1866-1869) de nuevo se ubica en un lugar fijo, situado en una de las islas de Hawái. En esta sección encontramos alguna de las mejores imágenes del libro:

“Cuando la luz descorre nuestro miedo
nos miramos por primera vez los rostros.
Me agarro al muñón que se me ofrece.
Acaricio esta bulbosa suavidad
y dejo que me arrastre.
No entiendo la lengua en que me habla,
pero descifro el tacto”.

Presumiblemente protagonizado por una mujer (“También mi cara fue lechosa. Y llana./ Me duermo acariciendo esa tersura”), por medio de un flash back la voz que habla recuerda su miserable vida a raíz del contagio de la lepra: la venta de sus hijas, la esclavitud en los campos de azúcar y el exilio forzado.

Muy buen libro Bajo la luz, el cepo. Aquellos incrédulos del estado de salud de nuestra posía actual no deben dejar de leerlo. En las aguas del río lírico patrio todavía se encuentran virutas de oro, pero hay que buscarlas con ahínco.


Esta reseña ha sido publicada por la revista digital Oculta Lit (13/12/2918).
Una versión más reducida fue publicada por el suplemento del diario El Mundo: El Cultural (22/12/2018).