lunes, 11 de septiembre de 2017

El reino de las tres lunas

 El reino de las tres lunas. Fernando J. López. Loqueleo. 144 páginas. 2016. 9´22 euros.

A una novela dirigida a lectores de doce años se le puede exigir muchas cosas: acción, sorpresa, ritmo… pero si sólo se quedase en un producto de entretenimiento, se quedaría a medias, como un cuadro sin acabar. A este tipo de obras hay que darles brochazos de ideas y, sobre todo, pinceladas de valores. Fernando J. López maneja con perfección esa mezcla de trazo grueso y fino para pintar un lienzo ambicioso –ideológicamente–. El reino de las tres lunas es un libro de búsqueda. Malkiel, el príncipe heredero, trata de encontrarse a sí mismo antes de cumplir los dieciséis años y de heredar el trono; además, persigue la respuesta que le aclare la muerte de su madre siendo un niño. En su viaje por el reino y por dentro de sí mismo le acompañan otros jóvenes de infancia no menos turbulenta. Todos han crecido a la sombra de la tiranía con que Alcestes, inquisidor general, ha manejado los hilos del reino. Y es que, debido a su presión, el rey ha ordenado la desaparición de la música y de la poesía en sus posesiones. En lugar de fantasía, campa el miedo; la imaginación ha sido desterrada por la censura. No obstante, el príncipe, sus amigas y un grupo de rebeldes trovadores tienen una semana de plazo para cambiar las cosas.

La novela, breve, parece escrita con tiralíneas. La estructura es perfecta. No faltan los enfrentamientos de emociones, los secretos, las revelaciones inesperadas, las intrigas o las amenazas. En la trastienda vemos pasajes de películas que han podido influir (desde Cómo entrenar a tu dragón a Shrek). La información se dosifica con ingenio y los diálogos son muy buenos. Quizás se echa en falta un poco más de ambientación (¿cómo es el reino?, ¿cómo son sus mercados, sus bosques?). Pero si bien es cierto que la novela pide algo más de desarrollo, también es verdad que su estilo cuidado –directo– y su ritmo trepidante –ya sea por la colisión de caracteres o por la sucesión de aventuras– son dos fantásticos motivos para leerla. De hecho, es muy recomendable en los tiempos que corren. Fernando, además de novelista y dramaturgo, es profesor de secundaria y sabe qué tuercas apretar para que se ponga en funcionamiento la capacidad crítica de los estudiantes, esas niñas y niños que en breve serán las mujeres y hombres del futuro.

En definitiva, El reino de las tres lunas es un canto al poder del arte y a su función social (“necesitamos que la gente sepa lo que está pasando”), encarnado en un grupo de proscritos muy necesarios hoy (“Cantemos y salgamos de esta cárcel convertidos en lo que somos: poetas”).  


Podéis leer aquí mi reseña de su última novela juvenil, Los nombres del fuego: 

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