jueves, 13 de junio de 2013

Extracto de mi conferencia en el IC de Praga




Fotos Isaac Sibecas
 
Un poeta siempre está llamado a la rebelión. No hay verdadero poeta (hombre o mujer) que carezca de un espíritu a contrapelo de la ideología oficial. Poeta es querer transformar el mundo, crear una sociedad civil más justa. En los tiempos que corren, la poesía es absolutamente imprescindible. Necesitamos palabras que nos unan, que nos alienten y que nos acompañen. Los buenos poemas nos mueven y nos purgan. La poesía tiene propiedades curativas, ahonda en las heridas por las que sangramos todos, para después sellarlas. La literatura, en general, es un antídoto que anula los efectos de la existencia. Así lo expresaba el escritor norteamericano Ray Bradbury en su libro de ensayos Zen, el arte de escribir: “El arte no nos salva, como desearíamos, de la guerra, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez o la muerte, pero puede revitalizarnos en medio de todo”. 

Occidente necesita reinventarse. No dirigimos en línea recta hacia un abismo económico y social. Debemos recuperar valores en desuso. Muchos se encuentran en la tradición literaria. Quizás es tiempo de pararnos a pensar quién somos o quiénes estamos siendo. ¿Queremos una sociedad competitiva o colaboradora? ¿Deseamos un mundo de relaciones sociales virtuales o reales? ¿Nos hace más felices el mundo caduco y perecedero de la sociedad de consumo, o el compromiso y la estabilidad de la sociedad del desarrollo sostenible?

A estas preguntas he querido enfrentarme en mi nuevo libro de poemas: La guerra de invierno.

Mi última obra nació por casualidad. No la esperaba. Allá por 2011 yo estaba finalizando un libro anterior, Helio, que se publicará el año que viene. Pero un viaje a Finlandia y el despido de miles de profesores a finales del curso académico (yo soy docente), me motivaron a escribir la obra. La guerra de invierno, por lo tanto, nació del hechizo que me produjo un país nórdico y de la vergüenza que me produjo el mío.

La gran protagonista de la obra es la naturaleza helada, que sirve de escenario a una historia de amor, al robustecimiento de una comunidad y al vínculo entre las personas y los animales. El libro enaltece la vida sencilla, apegada al entorno natural, saciada por la pareja y protegida por la vecindad. Los valores que defiendo en los poemas son el amor, la solidaridad, la colaboración, la confianza y el respeto.

Pero el libro no sólo exporta una serie de valores, sino que también critica a sus contrarios. Así, arremete contra la guerra: símbolo de la destrucción, del imperialismo, de la competitividad y del enfrentamiento.

La guerra de invierno dialoga con la literatura renacentista, recoge algunos de sus temas y motivos: la alabanza de aldea y el menosprecio de corte, la confianza en el logro de los sueños, el tempus fugit… En ocasiones conviene desandar lo andado para tomar impulso hacia delante o para realizar otro camino. Hoy, más que nunca, debemos encontrarnos en los clásicos. La crisis de occidente es una crisis de valores. No seamos menos felices de lo que soñamos hace siglos. Recuperemos el sentido de la verdadera felicidad, que no descansa en la posesión, ni en la tecnología; sino en la plenitud que nos otorgan las cosas más sencillas: “un ángulo me basta/ un libro y un amigo” (Epístola moral a Fabio, Andrés Fernández de Andrada).

 Junto a Elena Buixaderas y Denisa Škodová
durante el recital bilingüe español-checo

5 comentarios:

  1. ¡Luces de Bohemia! ¡Québien suena!

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  2. Se te echó de menos, Ramón. No hay dos sin tres. ¡Te veo en Praga!

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  3. Suena a poeta de verdad. Interesante la reflexión de Ariadna sobre su poesía y el tiempo que vivimos.

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