domingo, 12 de septiembre de 2021

Lecturas 4º ESO


 Antología de la poesía española (1939-1975), edición de Ariadna G. García. (AKAL). Poesía

Antología poética de mujeres. De la Generación del 27 al siglo XV. Alba Editorial. Poesía

 

Fahrenheit 451, Ray Bradbury.

El hombre ilustrado, ídem.

El guardián entre el centeno, J. D. Salinger.

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde.

Frankenstein, Mary Shelly.

Viaje al centro de la Tierra, Julio Verne.

Muerte en el Nilo, Ágatha Christie.

 

 

Yo soy Alexander Cuervo, Patricia García-Rojo. (SM).

La deriva, José Antonio Cotrina. (SM).

La balada de los unicornios, Ledicia Costas. (Anaya).

La estrategia del parasíto, César Mallorquí (la trilogía del “Parásito”). (SM).

La isla de Bowen, ídem. (Edebé).

La caligrafía secreta, ídem. (SM).

Desconocidos, David Lozano. (Edebé).

La casa de la colina negra, José Antonio Cotrina (Alfaguara).

Las esferas del tiempo, Rubén Montañá. (LaGalera).

La versión de Eric, Nando López.

La Guerra de Invierno, Ariadna G. García. (Hiperión). Poesía

 

 

jueves, 9 de septiembre de 2021

Janowitz

 

Janowitz, Salvador Macip y Ricard Ruiz Garzón. Obscura. 2021. 263 páginas.

 

 

 

 

Obscura editorial apenas tiene un año de vida. Nació en plena pandemia, en marzo de 2020. Especializada en narrativa de terror y de fantasía, Janowitz es su primer título de ciencia-ficción, y la edición del libro es maravillosa. La sugerente e hipnótica cubierta esconde una novela que responde a los adjetivos que buscan los editores para valorar un manuscrito: es inquietante, misteriosa y algo tétrica. Pero sobre todo, es una obra perfectamente construida, a cuatro manos. Sus autores (Salvador Macip, científico y autor de novelas juveniles; y Ricard Ruiz Garzón, premio EDEBÉ de literatura infantil) se reparten el amplio –y variopinto– elenco de personajes que protagonizan la historia: Wade (periodista independiente, un personaje que parece inspirado en el Jonás de Los escarabajos vuelan al atardecer, de Maria Gripe), Alice (psiquiatra), Katniss (una anciana arqueomática experta en informática y en antiguas leyendas locales), Ziggy (programadora), Ender (líder revolucionario), Joshua (profeta), Hoenikken (una suerte de alcalde que ostenta el cargo de “hegemón”, máxima auroridad política de Janowitz, ciudad-estado que gobierna con mano de hierro), Flynn (la infalible teniente del ejército) y una niña sin nombre que es un enigma en sí.  

 

Se trata, por tanto, de una obra coral y polifónica. El narrador es omnisciente y multiselectivo. Los capítulos son cortos. Está escrita en presente, igual que otras narraciones apocalípticas. Ismael M. Biurrun explica en su relato “Coronación” la predilección de las distopías que hablan del colapso por este tiempo verbal, persigue “una retransmisión en vivo, que el lector forme parte del acontecimiento”. No en vano, como adelantaba, Wade ejerce su profesión tableta en mano, y va colgando videocast en su canal para informar a los ciudadanos de las anomalías que padece Janowitz.

 

Y es que en la ciudad se han suspendido las leyes naturales que rigen el mundo: los ríos no corren, los cielos son morados, se ha declarado una epidemia de ceguera, llueve sin nubes, el reino vegetal ataca a los humanos desprovistos de tecnología (¿huella de la película El incidente?)… La realidad ha sido alterada por causas desconocidas, si bien cada grupo de poder de Janowitz sostiene una hipótesis sobre el origen de esta modificación de las ciencias físicas. Para el gobierno, es obra de terroristas; para estos (los “argivos”), se debe al capitalismo y a su impacto ecocida en la naturaleza; para los místicos, es una señal de dios contra la clase política y empresarial que machaca a la gente; y en última lugar, para los sanitarios, puede tratarse de una alucinación colectiva causada por un virus.

 

Los síntomas enumerados relacionan esta entretenida y bien pensada novela con otras que abordan el asunto del colapso civilizatorio por causas de orden natural. Son los casos, también, de la irreverente y divertida Donde siempre es medianoche, de Luis Artigue (Pez de Plata, 2019. “Premio Celsius”); y del tríptico terrorífico Las invasiones, de Ismael M. Biurrun (Valdemar, 2017).

 

Al igual que en la novela de Artigue, los fenómenos paranormales son la excusa perfecta para que el ejército tome las calles y para que los predicadores arenguen a las mesas a la revolución. En ese sentido, no faltan en Janowitz las críticas al sistema que sostiene la sociedad occidental (las prisas, el dinero, el consumo, la corrupción, la dependencia tecnológica...). Pero su fuerte es otro. La novela es un prisma, es un juego de espejos, un caleidoscopio donde las escenas se ensanchan, se duplican en un baile de ecos, destellos y reverberaciones. Es pura matemáticas. Cada capítulo abre un sorprendente punto de fuga, dialoga con otro, desarrolla un detalle, ramifica la historia como lo haría la secuencia Fibonacci. El tándem Macip Garzón ofrece a la comunidad lectora un libro magnificamente diseñado, de arquitectura sólida; escrito con un estilo cuidado, de alto vuelo retórico. La poesía respira en sus páginas, hasta el punto de que incluso descubrimos una cita intercalada: “De alguna manera, presiente que tanta belleza no puede ser más que el anuncio de algo terrible” (p. 86, sacada de las Elegías del Duino, de Rainer Maria Rilke: “La belleza no es más que el comienzo de lo terrible”).

 

Cada personaje es una pieza única en el engranaje del libro. Entre todos habrán de hacer frente a la insólita convergencia de energías que ha tomado la pagoda de la ciudad -el corazón místico de Janowitz, su centro simbólico-, hasta envolverla en un tenebrosa telaraña verde provista de tentáculos.

 

Sobre el argumento no diré más. Sí recalcaré el ágil sentido del ritmo de tiene la historia, y su magnífico desenlace. El chat gamberro que cierra el volumen da un golpe de timón que se agradece, tiene un giro metadiscursivo interesante a la par que divertido y clásico.

 

Janowitz no deja de ser un canto a la libertad, al cambio, al abandono de roles, así como una reflexión sobre la posibilidad real –o no– de transformar el estado de cosas del mundo. ¿La Historia está condenada a repetirse? ¿Es el albedrío una quimera? O como se pregunta Borges en su célebre soneto: “¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?”.

 

No se pierdan el libro. Es para tenerlo.  

 

   

 

 

 

martes, 7 de septiembre de 2021

¡En marcha!

 


En 2016 publiqué mi primer libro dedicado a un público juvenil (a partir de 11 años) : Las noches de Ugglebo, por el que merecí el premio de poesía LIJ "El Príncipe Preguntón". Se trata de una fábula escrita en verso protagonizada por una bandada de aves rapaces nocturnas que viven en Finlandia. Aborda, entre otros, los temas de la construcción (y defensa) de la identidad o el cambio climático, apelando a nuestra responsabilidad individual para salvar el planeta.

Hoy tengo el honor de presentaros mi segundo libro para los más pequeños (a partir de 9 años): ¡En marcha!, publicado en Colombia por Corazón de Mango. Un viaje por el globo para desconfinar la mirada, empatizar con la flora y la fauna o dejarse sorprender por el sentido de los maravilloso. Un mosaico de poemas localizados en lugares sorprendentes (el río Mekong, el taller de un juguetero de Praga, una librería de Estambul...) que juega con la métrica tradicional y recurre a potentes imágenes para sorprender a sus jóvenes lectores.

¡No os los perdáis!

Llevo un lustro dando charlas a alumnos de 1º y 2º ESO sobre Las noches de Ugglebo, y será un placer comenzar a impartirlas sobre ¡En marcha!

 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

Un tigre se aleja

 

Un tigre se aleja, Rubén Martín Díaz. Renacimiento, Sevilla, 2021. 79 páginas.

 

  Hace un par de años, Rubén Martín Díaz me envió el manuscrito de Un tigre se aleja para comentarle mis impresiones. Y tener esa piel rayada entre mis manos, al cabo del tiempo, es motivo de alegría, porque la belleza nos alumbra por dentro y nos mejora. Si la edición del libro, en cuanto a soporte, es un lujo estético para la mirada, el contenido de la obra es una delicia para nuestra mente. En una sociedad como la nuestra, tan falta de armonía, poemarios como el suyo nos estabilizan, nos devuelven a un —precario— equilibrio de índole moral y espirirual.

 

   Martín Díaz, como los poetas del Renacimiento, contempla el devenir de la existencia con serenidad (actitud que debió de predestinar la casa que ha acogido sus versos). El sujeto lírico que habla en sus poemas es consciente del tempus fugit (“Apenas un segundo y todo acaba”), de la caducidad de la “efímera belleza”, de la muerte como meta ineludible:

 

…y más tarde el silencio

o el vacío,

el flujo inalterable

de la nada

 

(De “El juicio final”)

 

  Pero no por ello la voz se desliza por la pendiente de la pesadumbre, ni se abisma en un pozo de nostalgia. El poeta hace suyo los versos celebratorios del gran Francisco Brines, al que recientemente hemos despedido:

 

Y a pesar del dolor y la amargura del alentar humano

defendiste la vida con amor

 

(De Palabras a la oscuridad, 1966)

  

   De hecho, Un tigre se aleja se define por su carácter hímnico. La voz que enuncia, a través de un paseo por su memoria, invita a los lectores a que emprendan su propio carpe diem, al igual que hizo ella:

 

Justifico estas manos con el gesto

irónico de haber gozado a muerte

cada trozo esculpido por la vida

en la piedra marmórea del pasado

 

(De “Mis manos”)

 

   Las heridas, y hasta el mismo dolor, son fuente inagotable de agradecimiento, en la medida en que suponen una revelación del existir (recuérdese el famoso poema de Miguel de Unamuno “El buitre de Prometeo”).

   Pero hay más anclajes en el mundo: los hijos, el amor, los amigos, el deporte y la naturaleza. Este último motivo es recurrente en la trayectoria de su autor. Ya en el espléndido El mirador de piedra (Visor, 2012, Premio “Hermanos Argensola”) Rubén Martín Díaz abordaba el asunto de la fusión de los seres humanos con el mundo, que leemos de nuevo en su último libro: “He sido el cielo desde mí,/ el aire desde el aire” o “y ser sencillamente, viento y hoja/ sucediendo ante nadie y para nunca”. Es más, el autor reelabora escenarios áureos, donde el cielo nocturno es cómplice de las dudas existenciales del sujeto que lo contempla (veo un guiño a Francisco de la Torre):

 

Qué bóveda de crucería trazan

esas estrellas, brujas de la noche,

asomándose así con ese pálpito,

con esa forma nueva de avivar

la sombra estremecida, el sonajero

de grillos. Qué sabrán, latentes, tibias,

rumiantes de sí mismas y su propio

destello en procesión, virutas cándidas,

azules limaduras que pernoctan

sin sueño, digo: qué sabrán de mí,

de nuestra noble causa en este mundo

 

(De “Cosmología”).

 

   La extensa cita anterior me sirve de excusa para hablar del estilo de la obra. Más allá del cuidado del ritmo (de corte clásico), caracteriza la obra la abundancia de metáforas brillantes (las estrellas son “lámparas de lava”, “ralladuras de cuarzo”), de poderosas imágenes sinestéticas (quiero “beber el agua clara del relámpago”) y de bellas hipérboles (“Abro los ojos;/ se inundan de pureza con la fragua/ sostenida en el cielo por el sol”). En suma, el poeta hace gala de una sensibilidad extrema y de un perfecto dominio de las figuras retóricas.

 Un tigre se aleja es un poemario hondo, de calado existencial, donde cada poema es una diminuta piedra preciosa que embellece al conjunto. De modo que Rubén, además de un felino, es un orfebre. Con esta nueva entrega, su autor consolida una obra de calidad, por primera vez, al margen de los premios (ganó también el “Adonáis” por El minuto interior), pero no de la crítica.

 

Esta reseña se publicó en Estado Crítico el pasado 18 de junio de 2021


domingo, 1 de agosto de 2021

Un poema "gimnasta" de Napalm

 

Para celebrar la plata que Ray Zapata acaba de conseguir en suelo, en las Olimpiadas de Tokio, comparto por aquí un poema de Napalm (Premio Hiperión, 2001), escrito en noviembre de 2000, tras los Juegos de Sidney. El texto está inspirado en un gimnasta extraordinario, al que descubrí en Atlanta 96, el ruso Alexei Nemov: la música hecha músculo. También resuenan de fondo los comentarios de la periodista deportiva de RTVE Paloma del Río.

 

 

Escena interior (a).

 

 

1

 

 

SABIENDO lo exigente

de la competición

en el siempre difícil aparato

de barras paralelas que es la vida

te pasarás las horas

metido en el gimnasio

haciendo curl de pesas con las palmas

metidas hacia dentro

levantando los discos de entre ocho

a doce kilogramos de auto-estima

que tendrán tus mancuernas.

Entrenando

tres veces por semana

(un día de descanso

después de cada entreno)

alcanzarás el tono

muscular adecuado para luego

no desequilibrarte si el destino

—una cuenta bancaria

con saldo negativo, un embarazo

imprevisto— estuviese

en tu contra.

Buscando una mayor

fijación a la barra esparcirás

una mezcla (según necesidad

o gusto de atleta)

de amigos y parientes a lo largo

de las zonas de apoyo.

Te aconsejo

que lleves protectores por si acaso

descubras la traición

en aquellos momentos de mayor

vulnerabilidad

para que sus efectos

de lija no te corten

                 ni te quemen los bíceps.

 

 

martes, 27 de julio de 2021

Las crónicas del parásito (IV): La hora zulú

 

La hora zulú, César Mallorquí. SM. 2019. 222 páginas.

 

  

Lo primero que llama la tención del último volumen de la Trilogía del parásito es su extensión. Si nos fijamos, cada libro superar al anterior en número de páginas: 168>195>222. Esto se debe a varios motivos. Por un lado, la obra está tejida con cuatro tramas (A: operaciones llevadas a cabo por los protagonistas: rescates, huídas, emboscadas; B: “Operación Mago de Oz”: liderada por los wizars y cuyo fin es destruir al monstruo digital Miyazaki; C: “Proyecto Hefesto”, realizado por dicha Inteligencia Artificial, dirigido a la producción en masa de robots domésticos para garantizarse un soporte vital, una vez exterminada nuestra especie por una pandemia, cuyo agente infeccioso, Sokaris, ha sido creado en un laboratorio; D: eliminación de hackers a cargo de un sicario y sus secuaces). Además, César Mallorquí completa la transformación de Óscar, que evoluciona hacia una personalidad mucho más segura y hasta despiadada. También da brochazos que acaban de colorear a Ekaterina, guardaespaldas del joven mentado. Y por último, introduce en la novela nuevos personajes, entre otros: el coronel Hermann Holtzer, contratado para reducir a ceniza a la resistencia humana que combate a la IA; e Iván Bubka, mercenario que trabaja a favor de los buenos.

 

De esta manera, La hora zulú mantiene en equilibrio la balanza entre el bien y el mal: “Mago de Oz” frente a “Hefesto”; Tanaka, el padre intelectual de Miyazaki, contra su criatura cibernética; Bubka contra Holtzer. 

 

La obra se plantea como una carrera contra-reloj de los wizards para impedir que Miyazaki implemente su plan aniquilador. Obviamente, esa cuenta atrás acelera el ritmo del relato.

 

En esta tercera entrega de la saga, César Mallorquí vuelve a innovar en el planteamiento de la acción. Si bien es verdad que mantiene los narradores de Manual de instrucciones para el fin del mundo, ahora modifica su técnica narrativa. Hasta ahora, el veterano escritor acostumbraba a adelantarnos información con objeto de atarnos al libro; vamos, que nos lanzaba anzuelos. Ahora obra a la inversa. Narra episodios que nos resultan alarmantes por su contenido, y luego nos revela, por boca de Óscar, que eran trampas urdidas por los protagonistas.

 

Cabe destacar que Mallorquí se suma a la moda de la polifonía textual introduciendo en el discurso fragmentos de páginas web, blogs, periódicos y transcripciones fonéticas. Esta variedad de textos amenizan la lectura, y expande la mirada del lector hacia nuevos ángulos.

 

No puede faltar, tratándose de un libro del escritor barcelonés, alguna alusión a Tintín. En novelas anteriores, las aventuras del célebre reportero repercuten directamente en la elaboración de la trama, o por mejor decir, en su desenlace. Así, detrás de La isla de Bowen asoma la patita La isla misteriosa; y detrás de la puerta de Agartha se percibe la sombra de Vuelo 714 para Sidney. En el caso que nos ocupa, en cambio, la alusión es explícita (al Asunto Tornasol), y aparece en boca del trasunto de César Mallorquí. 

 

La hora zulú es un magnífico broche para una trilogía trepidante, inteligente y divertida. Desde luego, no sólo es recomendable su lectura para un público joven. La saga entusiasmará a todo aficionado/a a la ciencia-ficción. Que nadie piense que los guiños a Hal, Terminator o Neo encaminan la obra hacia un camino trillado. La amenaza no viene de las máquinas. Dorothy, la niña que acapara el último tramo de la obra (de la que no diré nada, y que, por su sabiduría y edad parece la melliza de Amaya La puerta de Agartha o de Azucena –El círculo escarlata), lanza un mensaje de advertencia sobre el destino aciago que aguarda a la humanidad futura, a una humanidad sin retos y sin ilusiones, aburrida de sí misma. La amenaza, por tanto, proviene de nosotros.

 

  

 

jueves, 22 de julio de 2021

Sublevación, recomendado por El Cultural


Son muchas las horas que una se pasa escribiendo, y son muchos también los sacrificios que se deben hacer para disponer de ese tiempo. Por eso, cuando un medio tan prestigioso como El Cultural publica una reseña de tu libro, o lo recomienda para leer en verano, no puedo dejar de agradecer esa atención recibida. Son miles los libros que se publican al año, y esa visibilidad -ese apoyo- supone un acicate para seguir trabajando en mis siguientes proyectos, que ya están en marcha.


Os dejo por aquí la reseña que el catedrático Túa Blesa publicó de mi último poemario, Sublevación (Pre-textos, 2020): 

https://elcultural.com/la-sublevacion-de-ariadna-g-garcia

Y también la lista de libros que el célebre suplemento cultural ha elaborado para estas vacaciones, donde se recomienda mi libro de poemas:

https://elcultural.com/avalancha-de-libros-50-titulos-para-sobrevolar-el-verano?fbclid=IwAR2Kz_1EiuMs8VVGSxRhv424NXwIGi-MSWHq9AN8fdzyR-wHbc1WXfsxFsA


Feliz lectura.