Este curso académico apenas he escrito alguna entrada en el blog, pero la razón ha merecido la pena. El pasado 26 de junio tuve el inmenso honor de defender en la Universidad Complutense de Madrid mi tesis doctoral, que he dedicado al poeta -y amigo- Jorge Riechmann. De hecho, este trabajo de investigación, al que he dedicado entre unas cosas y otras, casi tres años, al tiempo que es el responsable de la escasez de reseñas que he publicado en mi cuaderno de bitácora (que no en otros medios, pues he seguido dándolas a conocer en revistas de prestigio como Paraíso y Turia), ha sido una fuente inagotable de ideas que han nutrido en este tiempo mi obra literaria.
El título de mi tesis es Jorge Riechmann: Un poeta transformador en diálogo con las filosofías helenísticas. Análisis ecocrítico. En ella analizo de manera pormenorizada las huellas del cinismo, del estoicismo y del epicureísmos en sus poemarios. El poeta recurre a las tres escuelas filosóficas del siglo IV a. C. en un intento por transformar el paradigma cultural vigente (antropocentrista) por otro sustentado en una ética y una moral acordes con la naturaleza (de la que depende la especie humana para subsistir). Los valores que recupera Riechmann son indispensables para evitar el colapso entrópico al que el capitalismo aboca a la civilización occidental. De ahí el enfoque ecocrítico de mi investigación. Relaciono su obra poética con la filosofía antigua y, al tiempo, establezco el vínculo que establecen ambas con la física (la Teoría de Sistemas, las leyes de la termodinámica) y con la biología (la Hipótesis Gaia Orgánica, la simbiogénesis serial).
Quiero mostrar aquí mi profundo agradecimiento a mi director de tesis, Fernando Ángel Moreno Serrano, por su confianza en este trabajo absolutamente novedoso; a los amigos que me acompañaron durante las tres horas y cuarto que duró su defensa (a la que no faltó el propio Riechmann); y a los cinco miembros del tribunal (Rocío Badía, Araceli Iravedra, Ignacio Pajón Leyra, Martha Asunción Alonso y Verónica Aranda) por sus generosas aportaciones, su atenta lectura y sus inteligentes críticas, de las que tomé buena cuenta para mejorar y pulir este trabajo de cara a una posible publicación, como ellos mismos me sugirieron.
Jamás olvidaré los (escasos) minutos que tardó el tribunal en deliberar la nota final (sobresaliente) y el apoyo incondicional de las personas que más me importan. Tanto cariño es impagable.

