El hermano de las moscas, Jon Bilbao. Salto de Página. 2008. Nueva
reimpresión, 2011. 374 páginas.
En el mundo editorial, pese la crisis, hay una
sobreabundancia de títulos. ¿Cómo elegir uno para leer? Las librerías ofrecen
una orgía de novedades casi todas las semanas. Tomos que en cuestión de días
desaparecen y son sustituidos por otra hornada de obras recién impresas. Por
supuesto, el primer criterio es meramente personal. Cada lector tiene sus
gustos e intereses. Y busca por los pasillos de las librerías o por las
ventanas de su portátil el flechazo de un argumento, el impacto de una buena
cubierta. Quizás los críticos literarios (los de los suplementos y los de la
blogosfera) motivemos alguna lectura de tanto en tanto. Los libreros también
cobran protagonismo en estas decisiones. Yo misma lo viví en La Central:
mujeres, hombres y niños que ponen en tus manos el futuro de sus horas de ocio,
que dejan a tu albedrío las emociones que los sacudirán por dentro las
siguientes semanas. Y luego están las propias editoriales, la confianza que
despierten sus catálogos. Las hay que nunca fallan. O muy poco. El lector sabe
por experiencia que sus libros son dianas seguras en el centro de la satisfacción,
que sus obras son misiles guiados hacia la calidad. Tenemos la fortuna de que
en la última década han nacido varias editoriales que responden a este perfil.
Hoy selecciono una, Salto de Página. Sus responsables son un bastión que
defiende la entrada de manuscritos dentro del catálogo. Aquellos que eligen ya
han sido sometidos a pruebas exigentes; ya han demostrado su potencia, su
innovación o sus artes seductoras. Recordemos algunos: Mujer
abrazada a un cuervo, de Ismael Martínez Biurrun; Diástole o Cenital, de Emilio Bueso; Los que duermen, de Juan Gómez Bárcena; El hombre sin rostro, de Luis Manuel Ruiz.
Añadamos ahora El hermano de las moscas, de Jon Bilbao. Todos sabemos de casos en los
que las familias han de hacer frente a situaciones extremas, en que las teorías
de la fuerza de la sangre y de las propiedades poderosas del vínculo sanguíneo
deben ser puestas en práctica. Sin titubeos. Sin condiciones. Jon Bilbao aborda
este asunto en su primera novela, lanzándonos preguntas a cada página. ¿Tú qué
sacrificarías por un hermano enfermo? ¿Y si su enfermedad encerrase un peligro?
¿Y si el peligro consistiese en la transmisión de un sinfín de achaques,
molestias y trastornos porque tu hermano se convirtiera –anualmente– en un
enjambre de moscas? Bilbao somete a sus personajes a un experimento angustioso.
Y lo hace con una prosa magnífica, sobria. Se trata de un narrador de mirada
panorámica. De mirada de mosca. No hay ángulo desde el que no contemple el
desarrollo de la trama. Esa visión polifocal dota a su novela de profundidad y
de realismo, pese a las transformaciones fantasiosas de uno de los hermanos. El
lector se adentra en el seno de una familia acomodada del Norte: el padre, jede
de seguridad en una refinería; la madre, cirujana; la hija va creciendo con la
historia; el hermano maldito, antiguo propietario de un negocio turístico en
Tailandia que ha de reconvertirse en jardinero. Las escenas familiares se
alternan con los capítulos relativos a las metamorfosis (intendencia,
alimentación, limpieza) y algunos episodios donde la naturaleza se torna
salvaje (violentas granizadas, un magnífico ataque de estorninos descrito en
plano aéreo –y en presente– desde la perspectivas de las aves…). Las
cuatrocientas páginas se suceden casi sin darte cuenta. Cuando las terminas
sabes que más pronto que tarde volverás a leerlas.
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