viernes, 26 de octubre de 2012

Los que duermen


 
La fantasía épica apenas aparece en los manuales de literatura española. Sus orígenes en lengua castellana se remontan al siglo XVI, época en que los libros de caballerías (abanderados por el Amadís de Gaula y sus continuaciones: Las sergas de Esplandián y Lisuarte de Grecia) se convirtieron en los primeros éxitos de ventas de libros. El Humanismo, sin embargo, a través de pensadores de la talla de Juan de Valdés, y pese a la oposición de insignes lectores (como Teresa de Jesús) de relatos bien nutridos de combates y magia, hirió de muerte al género. Por fortuna, algunos escritores contemporáneos no han perdido la fe en su resurrección, y gracias al hechizo de sus obras lo han devuelto a la vida. No es para menos. Hablamos de novelas bien escritas, seductoras, trepidantes, como Infierno nevado, de Ismael Martínez Biurrun (2006) o Los navegantes, de José Miguel Vilar (2007). A este elenco de brujos sumamos ahora el nombre de Juan Gómez Bárcena. Su libro de relatos Los que duermen (bellamente editado por Salto de Página, 2012) echa mano de mitos, anales, leyendas y cuadernos de bitácora para desplegar ante nuestros ojos las velas de mundos imposibles; aunque no todos pertenecen a la Antigüedad o a la Edad Media, pues algunos se localizan en el presente, en futuros lejanos o en la Alemania nazi. Eso sí, todos ellos (15 en total) están conectados, comparten vínculos y acogen ecos de las demás historias. ¿Cómo? A través de sueños, premoniciones, viajes en el tiempo y hallazgos arqueológicos. Gómez Bárcena no deja un cabo suelto. Fruto de dichas colisiones históricas, encontramos “paradojas” interpretativas, como la que recae sobre la mujer asesinada por adúltera en el siglo X y elevada al rango de Virgen dos centurias más tarde. El tiempo es el gran protagonista del libro. Todo lo mezcla, todo lo confunde. De fondo suenan las notas de La historia interminable, Michael Ende; o de Ubik, Philip K. Dick. El libro también sobresale por su prosa exquisita. Ya en los mismos relatos se reflexiona sobre la importancia del lenguaje para la expresión y creación de sentimientos e ideas, y se alerta del peligro de la privatización del léxico, de la mercantilización de las palabras, de la inaccesibilidad al vocabulario: la ausencia de horizonte existencial. De fondo, ahora, partitura de Orwell. El estilo de Gómez Barcena atornilla al lector, que no suelta la obra hasta acabarla. Destacan dentro del conjunto: “La leyenda del rey Aktasar” y “Hitler regala una ciudad a los judíos”.

Para amantes de la buena literatura.

2 comentarios:

  1. ¡Caramba! Desde luego, me han entrado unas ganas irresistibles de leerlo.

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