lunes, 27 de junio de 2016

Poesía, femenino singular



Amigos:

Os dejo el link para leer el estupendo artículo que Nuria Azancot publicó el viernes pasado en El Cultural sobre el canon poético femenino. Tengo en honor de haber sido una de las poetas entrevistadas. Se recogen varias declaraciones mías, así como de autoras de la talla de Marta López Vilar, Raquel Lanseros o Vanesa Pérez-Sauquillo.

Aprovecho para recomendaros (Tras)lúcidas, la antología que acaba de editar Bartleby y que es una de las responsables de que las poetas estemos en los medios últimamente.

Feliz y reivindicativa lectura.

Lo tenéis pinchando aquí.

domingo, 26 de junio de 2016

Éxito gramatical



 
ÉXITO GRAMATICAL

Podemos es la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder y también la primera del plural del presente de subjuntivo del verbo podar. La palabra Podemos genera, pues, una red de significados que activa la malla neuronal, como si fuera nueva. Al aislarla, se transforma en una especie de juguete, quizá en la pieza de un mecano a completar en la cabeza de cada uno. El sujeto elíptico de Podemos es nosotros. Nosotros Podemos. ¿Podemos qué? Aquí se debe añadir el complemento que más plazca al usuario. Podemos detener los desahucios. Podemos parar los pies a los poderes financieros. Podemos aminorar las desigualdades. Podemos dotar a la política de un sentido más noble. Podemos nacionalizar la electricidad, el gas, el agua. Podemos sanear el ambiente. Podemos podar. Podemos, en fin, es una oración gramatical.

El PSOE se fue al carajo cuando dijo No Podemos. No podemos negar a los bancos su derecho a dejarte sin casa, ni a las eléctricas el suyo a quitarte la luz, ni a las gasísticas el de cortarte la calefacción. No podemos, “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”, desoír las órdenes del IES 35. Aquel No Podemos fundacional de Zapatero marcó el rumbo a Rajoy. No Podemos dejar de pagar la deuda, No Podemos perseguir a los defraudadores fiscales, No Podemos meter en la cárcel a nuestros amigos corruptos. No Podemos evitar que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres…

Estamos gobernados, en efecto, por la lógica del No Podemos (en el doble sentido de poder y podar). Una lógica desde la que una clase corrompida trabaja para sí y para los especuladores que la recogen más tarde en sus Consejos de Administración. El éxito de Podemos es por ahora de carácter sintáctico más que político. Pero la sintaxis no es mal sitio para empezar a hacer política.


Juan José Millás. El País. 30 de mayo de 2014


miércoles, 8 de junio de 2016

"(Tras)lúcidas" en la Revista Tarántula


Os enlazo la reseña que los escritores y articulistas Andrea Aguirre y Rubén Romero Sánchez han preparado de la antología (Tras)lúcidas, compilada por la profesora Marta López Vilar (Bartleby, 2016), y en la que tengo el honor de aparecer junto a Miriam Reyes, Vanesa Pérez-Sauquillo, Olga Novo y Ada Salas, entre otras autoras.

Para leerla, pinchan aquí.  


  

miércoles, 1 de junio de 2016

Cartas de Lisy. La mecenas de sor Juana Inés de la Cruz



Cartas de Lysi. La mecenas de sor Juana Inés de la Cruz en correspondencia inédita. Edición de Hortensia Calvo y Beatriz Colombi. Ensayos de cultura de la colonia. Iberoamericana. 2015. 25 euros. 240 páginas.


1680 fue un año importantísimo para la literatura universal. El 30 de noviembre entraba en la ciudad de México el nuevo virrey de Nueva España, Tomás de la Cerda, al que acompañaba su esposa: María Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes. Dicha designación marcó un hito en la vida de la poeta y monja jerónima Juana Inés de la Cruz, pues la virreina no sólo se convirtió en el blanco de sus versos, sino que se encargó de que se editara en Madrid el primer manuscrito de la autora: Inundación castálida (1689). El volumen Cartas de Lysi esboza una interesante biografía de la condesa y nos ayuda a comprender no ya sólo el origen de su amistad con la Décima Musa, sino las limitaciones sociales que cercaban el desarrollo intelectual y creativo de las mujeres durante el virreinato. La crítica Margo Glantz señaló en 1995 que éste realizaba “un rígido aparato de control generalizado en donde, de muy especial manera, se vigilaba a la mujer para excluirla de los espacios visibles de poder”. No obstante, algunas mujeres desafiaron las convenciones de su tiempo. Entre este grupo selecto se encuentran, además de Juana Inés y María Luisa Manrique de Lara, su prima María de Guadalupe de Lencastre y Cárdenas Manrique, duquesa de Aveiro (la segunda casa nobiliaria más importante de Portugal). Las tres comparten su querencia por la poesía, la pintura y un espíritu irredento. Dicha introducción sirve de preámbulo a la edición (facsímil, paleográfica y modernizada) de dos misivas escritas por la virreina a su prima y a su padre. Ambas están escritas en un tono íntimo y coloquial, característico de la epístola familiar. En ellas se nos descubre una mujer instruida, inteligente, conocedora de los entresijos de la política internacional, que reflexiona con soltura sobre temas públicos. Además, informa a su pariente de la existencia de Juana Inés de la Cruz, a la que retrata. En la epístola a su padre, redactada en víspera del regreso a la metrópolis de los antiguos virreyes, confiesa las desaveniencias con sus sucesores, el conde de Monclova y su mujer. El volumen es una obra de referencia para conocer y contextualizar a la condesa de Paredes. Sin embargo, peca de lo que la mayoría de trabajos relacionados con la Décima Musa y Lisi: de manipulador. Siendo un trabajo de investigación notable, oculta el matiz amoroso que tuvo la relación de la poeta y la virreina. Un amor necesariamente platónico (la una era monja y la otra estaba casada), pero real. Así lo confirma el mayor experto en sor Juana, responsable de la extensa bibliografía sobre la autora y editor de sus Obras completas. Lírica personal (Fondo de Cultura Económica, 2009): Antonio Alatorre, quien explica sin ambigüedades: “La monja adoró a la virreina porque ésta fue su gran protectora; sí, pero en medida mucho mayor porque fue, en verdad, el gran amor de su vida”.
La mayoría de los críticos, sin embargo, o lo han ignorado (Georgina Sabat o Eugenia Sánchez), o han utilizado la nomenclatura amistad amorosa (González Boixo) para referirse a los sentimientos que la autora vertió sobre sus poemas; cuando lo cierto es que sus versos abordan el motivo del amor, y desde él se explican, y por él se escribieron, y de él están impregnados. Una lástima que un nuevo libro sobre la poeta mexicana y Lisi prolongue una ocultación y una manipulación que en el siglo XXI ya debían estar superadas. Lisi (Luisa) fue la amada de Juana Inés, a la que dedica un canzoniere, como Quevedo a la suya (Canta sola a Lisi). Habría sido interesante que las autoras del libro relacionaran la “soledad” de la que habla la virreina en sus cartas con su progresivo enamoramiento de la monja. El propio Octavio Paz, en un ensayo clásico (Las trampas de la fe) sí sugiere que las largas ausencias del virrey, “un marido mediocre, más bien enteco e insignificante”, fueron el detonante de “un vacío interior” y de sus “tendencias sáficas” hacia la poeta. También habría sido de sumo interés que interpretaran el motivo por el cual Lisi prefiere referirse al virrey como su “primo” (hasta en diez ocasiones) en lugar de su esposo, que lanzaran una hipótesis sobre la razón por la que privilegia el lazo de parentesco sanguíneo al conyugal. ¿Era una fórmula de tratamiento habitual en la época? ¿U obedece, sin embargo, a un distanciamiento afectivo de la virreina con respecto a su marido? El volumen se cierra con una breve selección de poemas bidireccionales: de Lisi a Juana Inés y viceversa, y de la monja jerónima a la duquesa de Aveiro. Y en esta ocasión hay que lamentar de nuevo la ausencia en la antología de los grandes poemas amorosos de sor Juana a su amada. Si bien es verdad que se recoge el célebre Romance en esdrújulos, se echan en falta composiones como Esmera su respetuoso amor, Favorecida y agasajada, teme su afecto de parecer gratitud y no fuerza y Puro amor. Estos se apartan del mero elogio cortesano, no son composiciones laudatorias; ella misma –lo señala Octavio Paz– dejó muy claro que sus textos son fruto del amor, y no del interés; que amó a María Luisa por su belleza y no por la protección que le dispensaba. La autora no pierde la oportunidad de declararle su amor en versos explícitos: “Ser mujer, ni estar ausente/ no es de amarte impedimento”. En resumen, Cartas de Lisy supone un meritorio esfuerzo por difundir el semblante de la la condesa de Paredes y la situación de las mujeres en el Barroco novohispano. Sin embargo, desaprovecha la opotunidad por erradicar prejuicios sociales y culturales hacia la homosexualidad femenina. En ese sentido, supone un paso atrás en la lucha por la lectura diáfana y desprejuicidada de Octavio Paz y de Antonio Alatorre. La obra de la Décima Musa está pidiendo a gritos una revisión que la acerque al lector del siglo XXI. ¿Quién se atreverá a editarla?   


Esta reseña ha sido publicada en el blog La Tormenta en un vaso. Enlace original, aquí.
 

jueves, 26 de mayo de 2016

Feria del Libro Madrid 2016



Os dejo por aquí un par de eventos en los que participo:

*Firma de ejemplares de la Antología (Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres. 1980-2016. Compilada por Marta López Vilar (Bartleby. 2016). Estaré, junto a Rosana Acquaroni, el sábado 28 de mayo (de 12:00-14:00) en la caseta de la editorial, la 224.

* Recital-homenaje a Blas de Otero. El próximo 7 de junio, a las 20:00, en el Pabellón de actividades de la Feria. Me acompañan, entre otros poetas, Javier Lostalé y Verónica Aranda. 

Nos vemos allí ;)


domingo, 22 de mayo de 2016

Imperio Gay



 
El arzobispo de Valencia declaró hace unos días que los homosexuales constituimos un “Imperio” contra la familia. Supongo que se referirá a un imperio maléfico, a una suerte de organización guiada por fuerzas oscuras para abolir la paz de la galaxia. Lo cierto es que, sin nosotros, la demografía de este país sería aún más penosa de lo que es. Nosotros, precisamente, traemos hijos al mundo para que la humanidad no se extinga. Creamos familias sólidas, basadas en el amor, la confianza y la comunicación, para dar un poco de coherencia a una sociedad que se está desmoronando por culpa de varias crisis solapadas (energética, económica). Quien ataca a la familia es el sistema, quien socava las reaciones filiales es un gobierno que abarata el despido, que recorta en Educación, en Sanidad y en Dependencia, que se gasta el dinero de las pensiones en devolver a Europa el dineral que nos prestó para rescatar a la banca (banca hundida por ellos, por su mala gestión, por sus despilfarros). Pero las palabras de Cañizares, además de manipuladoras, falaces y ridículas, suponen varios delitos tipificados en nuestro Código Penal: un delito de injurias contra (nuestro) honor, y un delito de incitación al odio. No deja de ser llamativo que sea un arzobispo católico el que arengue desde el púlpito contra una porción importante de la ciudadanía, el que inocule veneno en las conciencias de la gente para dividir al pueblo, el que irradie rabia, inquina, ira y aversión hacia otros seres humanos: sus vecinos, sus familiares, sus compatriotras. Las palabras de este pobre hombre frustrado deberán ser valoradas por el gobierno que salga de las próximas elecciones a fin de eliminar todo tipo de patrocinio económico institucional a la Iglesia católica. Un Estado moderno no puede financiar terroristas verbales. El odio homofóbico del arzobispo no es inicuo. Sus despotricaciones avalan las agresiones físicas que los homosexuales venimos padeciendo en los últimos meses. Ahora mismo, las fuerzas y cuerpos de seguridad deberían tenerlo en prisión. La fiscalía del Estado debería acusarlo de enaltecimiento del terrorismo. Su odio cobra cuerpo en los descerebrados que atacan a los homosexuales, se cobra víctimas entre hombres inocentes; sus palabras tienen como objeto movilizar a la ciudadanía en contra sí misma (de hermanos y convecinos). ¿No es eso terrorismo? Cañizares es un aspersor de rabia, si bien son otros los que la canalizan y ejecutan. Ayer la delegación del gobierno permitió una manifestación nazi en Madrid. Por lo visto, ni los líderes religiosos ni los políticos tienen valores morales en esta nación. En las urnas podremos revertir este absurdo en que España se está conviertiendo. En las urnas y en los paritorios. Por suerte, los homosexuales estamos trayendo al mundo hijos a los que educamos en la convivencia, la solidaridad, el respeto, la dignidad o la justicia. ¿Será que Cañizares tiene miedo al advenimiento del mundo por el que dio la vida el rebelde, subversivo y perseguido de Cristo?     
             


jueves, 19 de mayo de 2016

Albert Camus. Discurso de recogida del Nobel. 1957



 
Estocolmo, 10 de diciembre de 1957


Al recibir la distinción con que ha querido honrarme su libre Academia, mi gratitud es más profunda cuando evalúo hasta qué punto esa recompensa sobrepasa  mis méritos personales.  Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer su decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre, casi joven todavía, rico sólo por sus dudas, con una obra apenas desarrollada, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin una especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, a plena luz? ¿Con qué ánimo podía recibir ese honor al tiempo que, en tantos sitios, otros escritores, algunos de los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conoce una desdicha incesante?

He sentido esa inquietud, y ese malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme de acuerdo con un destino demasiado generoso. Y como era imposible igualarme a él con el único apoyo de mis méritos, no he hallado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitanme, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, que les diga, lo más sencillamente posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de cualquier cosa. Por el contrario, si me es necesario es porque no me separa de nadie, y me permite vivir, tal como soy, a la par de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres, ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues, al artista a no aislarse; le somete a la verdad, a la más humilde y más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia más que confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo hacia los demás, equidistante entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse.
Por eso, los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si han de tomar partido en este mundo, sólo puede ser por una sociedad en la que, según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones, en el otro extremo del mundo, basta para sacar al escritor de su soledad, por lo menos, cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Nadie es lo bastante grande para semejante vocación. Sin embargo,  en todas las circunstancias de su vida, oscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre para poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad y el servicio a la libertad. Y puesto que su vocación consiste en reunir al mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira ni a la servidumbre porque, donde reinan, crece el aislamiento. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia ante la opresión.

Durante más de veinte años de historia demencial, perdido sin remedio, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, especialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres nacidos al comienzo de la Primera Guerra Mundial, que tenían veinte años  en la época de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, Y que para completar su educación se vieron enfrentados a la guerra de España, a la Segunda Guerra Mundial, al universo de los campos de concentración,
a la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar a sus hijos y a sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación han reivindicado el derecho al deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de entre nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad.

Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sábe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida —en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión—, esa generación ha debido, en si misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que se corre el riesgo de que nuestros grandes inquisidores   establecezcan para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la Alianza.

No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado el momento, sabe morir sin odio por ella. Es esta generación la que debe ser saludada y alentada dondequiera que se halle y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra profunda aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabais de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y a la belleza; consagrado en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de eso, podrá esperar que él presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir, como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse orgulloso apóstol de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente ella me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad, y por la esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos limites, a mis dudas y también a mi difícil fe,  me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabais de hacerme. Más libre también para decir que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando el mismo combate, no han recibido privilegio alguno, y sí, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me falta dar las gracias, desde el fondo de mi corazón, y hacer públicamente, en señal personal de gratitud, la misma y vieja promesa de fidelidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.