jueves, 10 de septiembre de 2026

Mi CV, casi completo

 




Nací en Madrid en 1977, ciudad en la que resido.

Licenciada en Filología Hispánica (Universidad Complutense de Madrid, 2001). Diploma de Estudios Avanzados en Filología Hispánica (UCM, 2003). Doctora en Estudios Literarios (UCM, 2026) por la tesis Jorge Riechmann: un poeta transformador en diálogo con las filosofías helenísticas. Análisis ecocrítico. 

Profesora de Lengua y Literatura en la ESO y Bachillerato desde 2008 hasta hoy. Número 1 en los Procesos Selectivos al Cuerpo de Profesores de Secundaria de la Comunidad de Madrid (2018). Ponente del curso de Más allá de los clásicos: la literatura española en el siglo XXI, dentro del programa de Innovación y Formación del Profesorado de la Comunidad de Madrid (años 2024 y 2026).  

He preparado cuatro ediciones críticas: Antología de la poesía española. 1939-1975 (AKAL, 2006), Poesía española de los Siglos de Oro (AKAL, 2009), Antología poética. Juana Inés de la Cruz (AKAL, 2019) y En la zona crítica. Antología poética que recoge la obra de Jorge Riechmann (Cátedra, publicación prevista para 2027). 

También fui coantóloga (junto a Álvaro Tato y Guillermo López Gallego) de la antología que dio a conocer a la primera generación poética del s. XXI: Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003; 2ª ed., 2006). 

Obtuve el Premio de Poesía “Hiperión” en 2001, el Premio de Poesía “Arte Joven” de la Comunidad de Madrid en 2005, el Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana” en 2013 y el “Príncipe Preguntón” en 2015. 

Disfruté de una beca de estancia en la Residencia de Estudiantes, modalidad de creación artística, concedida por el Ayuntamiento de Madrid (2001-2002).

Han estudiado mi obra poética Judite Rodrigues-Balbuena en la ponencia “Les alliances fécondes et la part du métamorphique dans l´oeuvre poétique de Ariadna G. García: en ville, gestes et espaces por l´insurrecction” (impartida en el seminario “La ville, la nature et l´humain dans la poésie espagnole et hispanoaméricaine contemporaine”, Universidad Gustave Eiffel, 2026); Leticia Martín en su TFG Ecos de una voz lejana. Tradición mística en la literatura española. Continuidades en poetas del siglo XX y XXI (UCM, 2026); Juan Carlos Abril en el libro Tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia (2024, pp. 247-251), así como en el artículo “De la conciencia a la autoconciencia: el ecofeminismo como respuesta poética” (Bulletin of Hispanic Studies, nº 8, volumen 100, 2023, pp. 839-859); Paul Cahill en el ensayo “Queer Futurity and Conflicted Feeling(s) in the Poetry of Ariadna G. García”, publicado en la revista (Romance Quarterly, volumen 70, nº 4. 2023); y Raúl Díaz en el trabajo “La incidencia en la voz. Discurso y construcción en Ariadna G. García” (Adarve. Revista de crítica y creación poética, nº 7, 2014, pp. 42-51).

Mis publicaciones poéticas más importantes son: 

  • Napalm. Cortometraje poético (Hiperión, 2001)
  • Apátrida (Hiperión, 2005)
  • La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013)
  • Helio (La Garúa, 2014)
  • Las noches de Ugglebo (Diputación de Granada, 2016)
  • Línea de flotación (Aguadulce. Puerto Rico, 2017)
  • Ciudad sumergida (Hiperión, 2018)
  • Sublevación (Pre-Textos, 2020)
  • Sabiduría de los límites (Universidad Alcalá de Henares, 2023)
  • Adamar (Pre-Textos, 2025)


En calidad de novelista he publicado las obras:

  • Inercia (distópica; Baile del Sol, 2014)
  • El año cero (crítica-testimonial; Ménades, 2019)
  • El bosque sagrado (apocalíptica, post-apocalíptica; novela de paleo-ficción; Cántico, 2025)


También ejerzo la crítica literaria con regularidad. He reunido un centenar de artículos en el volumen Cornucopia. Reseñas de literatura contemporánea 2006-2020 (Polibea, 2021). A día de hoy colaboro con las revistas indexadas Ínsula, Turia y Paraíso, donde he publicado recientemente los ensayos:

  • “La rosa contra el lino. Antología poética” de Verónica Aranda (Paraíso, nº 23, 2024, pp. 154-158.
  • “Subversión y heterodoxia en Yolanda Castaño” (Turia, nº 149-150, 2024, pp. 485-487)
  • “Jorge Riechmann: el poeta y ensayista de los límites. Autocotención o colapso” (Ínsula, nº 947, 2025, pp. 5-10).
  • “Post-apocalipsis y post-humanismo en Tránsil. El fin de los ideales de la modernidad” (Turia, nº 157-159, 2025, pp. 524-527).
  • “Miguel Hernández, un hermano en el tiempo” (Paraíso, nº 24, 2025, pp. 73-78).
  • “Raíz dulce” de Juan F. Rivero (Paraíso, nº 26, 2026, pp. 180-182).


Mi interés por la novela proyectiva española me llevó a participar, invitada por el profesor Fernando Ángel Moreno Serrano, en el I Congreso Internacional “Los fines del mundo. Textos, contextos, tradiciones y réplicas” que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid en junio de 2021, dentro del marco del Máster y Doctorado en Estudios Literarios. Mi ponencia se tituló: “El colapso civilizatorio en la narrativa española actual: del testimonio a la ciencia-ficción”.


Desde el año 2012 dirijo un blog, El rompehielos. 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

La constelación del Perro


La constelación del Perro, Peter Heller. Blackie Books. 2026.



La obra se publicó, originariamente, en 2012. Es hija de la incertidumbre que asoló a la población mundial tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y de la crisis económica que, como un tifón, barrió el planeta en 2007. En España tuvo un excelente hermano mellizo en Cenital, escrita por Emilio Bueso, novela post-apocaliptica con las que mantiene afinidades, si bien cada una exploró líneas divergentes, de ahí que se gestaran en distintas bolsitas. Mellizas, no gemelas.


La obra de Heller nos habla del colapso. Describe un futuro en que, debido al extractivismo capitalista, se ha desestabilizado el equilibrio del sistema Tierra. Las consecuencias son la extinción masiva de animales (truchas, elefantes, pelícanos, pájaros carpinteros…), el aumento de la temperatura (lo que derritió los glaciares, produjo sequías, destruyó las cosechas y provocó catastróficas hambrunas), la proliferación de virus letales que redujeron de la población humana al 1% y, por ultimo, el fin de la civilización occidental.


El libro comienza in medias res, nueve años después de la catástrofe, que se relata por medio de los flashback que hace Hig, el narrador protagonista. Este sobrevive junto a un lago situado en las inmediaciones de un aeropuerto. Convive con Bangley, un hombre parco experto en armamento. Ambos forman un tándem de supervivencia, se procuran apoyo mutuo y algo de intimidad. Mientras el primero realiza reconocimientos aéreos para asegurar el perímetro, el segundo acaba sin remordimientos con las vidas de los intrusos que suponen una mínima amenaza para su Edén. El futuro es violento. Ya no hay normas. O matas o te matan. Tampoco hay amistad, hay conveniencia. O eso parece.


Con todo, el mejor compañero de Hig es Jaspers, su perro. Con él sobrevuela el llano en busca de otros supervivientes y prodiga ayuda a un grupo de infectados. La barbarie no ha podido con él. Conserva su empatía, su solidaridad, su amor a los necesitados. Un par de veces al mes enseña a los enfermos a cazar, les regala verduras, les arregla sus bombas de agua, sus paneles solares o las aspas de sus viejos molinos de viento. Se trata de un hombre que aún intenta mantener a salvo su condición humana. De ahí que, pese a las reticencias de Blangley, se escape a las montañas a pescar, a beber de un arroyo, a dormir al raso, a sentirse en comunión con la naturaleza. A eso dedica su tiempo, a la realización de actividades en provecho de otros y de sí mismo, simplemente porque es lo que hay que hacer. Por eso presta servicios al grupo de aquejados por el mal de la sangre. Obra en función de la naturaleza humana, que es social. De ahí, también, que se dedique a la auto-protección, a plantar hortalizas en la huerta, a la lectura de poemarios, a escuchar algo de música y a la contemplación de los hermosos parajes de montaña. Vive como un agradecido ascético hedonista. Se preocupa por el estado de salud física y psicológica de otros supervivientes, al tiempo que mantiene su mente en equilibrio al sentirse integrado en una asociación con Bangley por la supervivencia de los dos, en una comunidad de enfermos en la que se siente útil y en la hermosa (y apacible) naturaleza salvaje.


Bangley, a su modo, también disfruta de la vida simple. No tiene más caprichos que beberse, de tarde en tarde, una botellita de Coca-Cola. Y ahí acaban los lujos, que empiezan en la hamaca. Tan bien vive que reconoce: “Somos como reyes. Sólo ha hecho falta que se acabase el mundo” (p. 73). Sin embargo, su realidad es mucho más estrecha y solitaria que la de su amigo. No se fía de nadie.


La muerte de su perro será el revulsivo que Hig necesite para explorar el mundo más allá del perímetro seguro. Enajenado por el dolor, dejará su zona de confort en busca de indicios de otros supervivientes a quinientos kilómetros de casa. Desde el aire constatará el rewilding de la flora en medio de las pistas de aterrizaje y de las carreteras. Y con esa confianza en la recuperación de lo perdido, tomará tierra en cuanto aviste un huerto en el que trabajan, bajo el sol, un padre y una hija. Necesita creer en las personas, aunque eso signifique arriesgar su avioneta y hasta su propia vida en el intento.


La constelación del Perro viene a recordarnos que la felicidad humana no se encuentra ni en la acumulación de cosas ni en el dinero, sino en el vínculo: en la fraternidad, en el amor, en la espiritualidad que nos une a la Tierra. Quizás, si nuestra especie comprendiese algo tan básico se podría evitar el rumbo de colapso que llevamos. Todo apunta en la dirección opuesta. La palabra amor asusta, la reciprocidad espanta, el compromiso aterra. Cada cual va a lo suyo. Es decir, de espaldas a interés general, humano y biosférico. Sin embargo, de cumplirse el peor de los pronósticos —y el colapso no está determinado, ni viene impuesto, depende de nosotros, como explica el físico Antonio Turiel—, la novela de Heller (como el Waldencomo las sentencias de Epicuro, como las Meditaciones de Marco Aurelio, que resuenan detrás) puede ser un mapa que ayude a más de uno a reorientarse.  


viernes, 21 de agosto de 2026

Mi blog se dispara

 


Desde hace un tiempo son miles los lectores que eligen las páginas de este blog para leer las entradas donde reflexiono sobre los libros propios y los ajenos. Constato con alegría que en el último mes la cifra asciende a los casi 50.000. Sólo tengo palabras de agradecimiento para quienes se suben a este buque que pretende abrir rutas por el abrumador -y a veces intransitable, de tanto como se publica- océano congelado. El avance es lento, pero seguro. Siempre trato de llevar a la comunidad lectora hacia libros e ideas sugerentes que, a su vez, les ayuden a transitar los hielos de sus vidas. 



martes, 4 de agosto de 2026

No todo es Napalm (y cuánto le debo a este)




Hay escritores que reniegan de su primer libro. No es mi caso. Napalm me puso en el mapa poético en 2001. Yo tenía veinticuatro años. Aquel 11 de septiembre dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y ese fue el primer acontecimiento histórico del siglo XXI. Mi poemario recoge muy bien el espíritu de época: la crisis económica unida a la sentimental. Los desengaños colectivos unidos a los privados (y es que se trata de una obra coral, donde varios personajes simbolizan esa doble crisis que instaló en tanta gente el miedo y la incertidumbre). Al final, en el mundo sólo queda la violencia. Los asesinatos y secuestros de mi libro tuvieron su reflejo en el atentado que acabó con la vida de las miles de personas que trabajaban en las Torres y de los pasajeros de los aviones comerciales. Por eso me sigue gustando Napalm. Da cuenta de la falta de expectativas de una humanidad perdida y sin valores a comienzos de siglo, de una humanidad que necesitaba remodelarse. Y a eso dediqué mis siguientes libros. A ofrecer esperanza entre tanta oscuridad.  


A Napalm le han seguido otros nueve poemarios en los que abordo motivos y asuntos que nos conciernen a todos: la violencia doméstica (Apátrida), la disyuntiva entre dos modos de relacionarnos los seres humanos: la colaboración o el enfrentamiento (La Guerra de Invierno), la denuncia de la homofobia (ya presente en aquel primer libro, reaparece en Adamar), la maternidad (asociada a la visibilidad de familias LGTBI, en Línea de flotación, Ciudad sumergida y Adamar), la destrucción de la biosfera (Ciudad sumergida, Las noches de Ugglebo, Sabiduría de los límites, Adamar), la genealogía familiar (Ciudad sumergida), la mística y la re-ligación de los humanos entre sí y con la ecoesfera (Sublevación), la celebración de los entornos naturales (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites, Adamar), el descentramiento del yo y la asunción de estados de conciencia animales y vegetales (Ciudad sumergida), la crítica al capitalismo y al ecopostureo (Sabiduría de los límites), el motivo del viaje espacial e interior (Apátrida, La Guerra de Invierno, Adamar), el rewilding urbano (Adamar) o el proyecto de vida austera en lo material y rica en los vínculos sociales (La Guerra de Invierno, Adamar).  

En cuanto al lenguaje, en función de cada uno de estos temas he optado por una solución técnica / estética diferente: el collage (Sublevación), la aplicación de la secuencia Fibonacci (Ciudad sumergida); la combinación en un mismo libro del verso y de la prosa (según el pasaje fuese lírico o bélico: caso de Ciudad sumergida, donde hablo de la Guerra Civil y de la posguerra; y de La Guerra de Invierno, donde hablo del paso del tiempo, de la afirmación del presente, del amor, de la solidaridad, de la naturaleza... pero también de la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, de La Guerra de Invierno que enfrentó a soviéticos y finlandeses a finales de 1939); la irracionalidad y el hermetismo (Sublevación, ya he comentado que se trata de un libro místico, por lo que su lenguaje es necesariamente subversivo; su estética, la del desdén); la superposición de espacios y tiempos en un poema (La Guerra de Invierno, Sabiduría de los límites), el uso de la ironía (Sabiduría), la mezcla de la alta y la baja cultura (Sublevación, Adamar), el empleo del poema-díptico (Sabiduría de los límites), el haiku (Línea de flotación, Las noches de Ugglebo, Adamar), el poema-río (Ciudad sumergida)... Sin olvidar que en Napalm recurro a la ciencia-ficción y a la cita cinematográfica; en Apátrida, a la epopeya y al diálogo como género clásico (en la versión debate entre contrarios), en Helio, a la mística renacentista (que también aparece en en Línea de flotación, Sublevación, Adamar) y que con Las noches de Ugglebo me invento un género: la fábula ecoapocalíptica. Además, en mis poemarios hay una presencia importante de las filosofías helenísticas, de la mitología griega, del misticismo mediterráneo y de la tradición poética tanto española como internacional 

En conclusión: si alguien analizar mi obra, tiene para entretenerse un rato.

lunes, 3 de agosto de 2026

En el prólogo a Un estallido


 

En el extenso prólogo de la antología Un estallido, que recoge la obra de poetas nacidos entre 1984 y el 2000),  sus seleccionadores, Raúl Molina y Álvaro López, me citan cuatro veces. La primera, en calidad de coantóloga del libro Veinticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión, 2003; 2ª ed., 2006), que preparé junto a Guillermo López Gallego y Álvaro Tato (p. 19). 

Las tres restantes, como poeta destacada de comienzos de siglo. La primera vez que me nombran lo hacen a propósito de la renovación de los "aspectos temáticos" (p. 22) que emprendimos algunos integrantes de mi generación (cuyo arco cronológico no está, ni muchos, delimitado). En concreto, se refieren a que con Napalm (Hiperión, 2001. Premio Hiperión) renové el "interés por la sintaxis cinematográfica y televisiva" (p. 23). En la segunda ocasión me incluyen entre los poetas nacidos en los 70 que, junto a los autores de los 80, repensamos nuestros "posicionamientos líricos desde lo figurativo". Lo que nos unía a Elena Medel, Verónica Aranda, Ben Clark, Antonio Lucas, Pablo García Casado, Miriam Reyes y a mí (entre otros) era "el intento de distanciarse de los modelos puramente experienciales" (p. 54). Y, por último, se refieren a mí en el epígrafe titulado Nuevos diálogos culturales. Aquí los prologuistas ponderan "la imbricación [en nuestras obras] entre una alta y una baja cultura de masas integrada en la cotidianidad" (p. 78). Es más, añaden que esa mezcla "alcanzó con renovada fuerza a las autorías jóvenes de principios del siglo XXI en libros como Mester de cibervía (2000), de Vicente Luis Mora; Libro de uroboros y Cara máscara, de Álvaro Tato (2000); Napalm. Cortometraje poético (2001), de Ariadna G. García [...] (p. 79).   

Agradezco desde aquí a Raúl Molina y Álvaro López las menciones citadas. Es un verdadero honor constar en un libro de Cátedra. 


  

jueves, 30 de julio de 2026

Queer, ecofeminista y mística

 


En los últimos tres años, han estudiado mi obra poética Judite Rodrigues-Balbuena en la ponencia “Les alliances fécondes et la part du métamorphique dans l´oeuvre poétique de Ariadna G. García: en ville, gestes et espaces por l´insurrecction” (impartida en el seminario “La ville, la nature et l´humain dans la poésie espagnole et hispanoaméricaine contemporaine”, Universidad Gustave Eiffel, 2026); Leticia Martín en su TFG Ecos de una voz lejana. Tradición mística en la literatura española. Continuidades en poetas del siglo XX y XXI (UCM, 2026); Juan Carlos Abril en el libro Tercera vía. La poesía española entre la tradición y la vanguardia (2024, pp. 247-251), así como en el artículo “De la conciencia a la autoconciencia: el ecofeminismo como respuesta poética” (Bulletin of Hispanic Studies, nº 8, volumen 100, 2023, pp. 839-859) y Paul Cahill en el ensayo “Queer Futurity and Conflicted Feeling(s) in the Poetry of Ariadna G. García”, publicado en la revista (Romance Quarterly, volumen 70, nº 4. 2023). 

Estos investigadores han analizado mis poemarios Adamar, Sabiduría de los límites (Rodrigues-Balbuena), Sublevación (Martín), Ciudad sumergida (Abril), Napalm, La Guerra de Invierno y Helio (Cahill).

A estos estudios habría que añadir el de Raúl Díaz: “La incidencia en la voz. Discurso y construcción en Ariadna G. García” (Adarve. Revista de crítica y creación poética, nº 7, 2014, pp. 42-51).

Estoy muy agradecida a los cinco. Sus análisis enriquecen las interpretaciones de mi obra y la vinculan con las tendencias poéticas más actuales y con los debates sociales más urgentes. Por otra parte, es un auténtico honor que mi obra lírica se abra paso en los EE.UU y en Francia, así como que merezca la atención de dos excelentes profesores universitarios de ambos países. Por lo que respecta a nuestro territorio, es una alegría que que todo un catedrático (Abril) me dedique su tiempo, que una alumna que acaba el Grado me elija para licenciarse (Martín) y que un profesor titular (Díaz) hiciese un recorrido por mi obra.

En fin, que estoy encantada. Son cinco motivaciones para seguir creando.



miércoles, 29 de julio de 2026

sábado, 25 de julio de 2026

Publicación no venal

 


En octubre del año pasado me invitaba mi editor en Cántico, Raúl Alonso, a participar en un ciclo de encuentros y conferencias que tiene lugar en Córdoba cada año. Se denomina La montaña mágica. Participamos por parejas o tríos y se nos reúne en torno a un tema. A mí me propusieron dialogar sobre el motivo Los otros paisajes y me pidieron textos para un pequeña antología que acabó de recibir y que publicó a finales de 2025 la Delegación de Cultura de la Diputación de Córdoba. Como veis, el estuche es magnífico. Contiene tres volúmenes, que son otras tantas joyas. La maquetación corrió a cargo de Cántico. Y creedme si os digo que es un lujo que te editen con tanto primor. Los cuadernos se titulan Los otros paisajes, El paisaje interior y El paisaje incierto. Por mi parte, ya que el asunto a tratar invitaba a merodear por lugares poco transitados, seleccioné poemas finlandeses -localizados en Laponia- de La Guerra de Invierno (Hiperión, 2013. Premio Internacional Miguel Hernández-Comunidad Valenciana), un texto de Sublevación (Pre-Textos, 2018) ubicado en un páramo simbólico y cuatro poemas ecocríticos de Adamar (Pre-Textos, 2025) en lo que reivindico los huertos urbanos, denuncio la acumulación de residuos, celebro el nacimiento del Río Cuervo y pondero el valor de la compasión hacia los animales y los árboles en un monte nipón. Además, elegí un fragmento de mi última obra, la novela El bosque sagrado (Cántico, 2025), donde una de sus protagonistas, Aino, siente un vínculo estrecho con un ecosistema boreal. Sólo me queda expresar mi gratitud a Raúl Alonso y a la Diputación de Córdoba por mantener viva la llama de la poesía con proyectos tan exquisitos como este.  





viernes, 24 de julio de 2026

Punto de araña

 

Punto de araña, Nerea Pallares. Libros del Astetoire. 2026. 175 pp.




Hilados y naufragios hay en La Odisea. Hace seis mil años Homero legó a la cultura algunos de los motivos más recurrentes que habrían de alimentar poemas, novelas, cómics y películas a lo largo del tiempo. Todo nace de allí. En su epopeya están la brujería, los viajes imposibles, los obstáculos que te ponen a prueba, la violencia del mundo natural, la furia humana, el amor imposible, el tempus fugit, la pérdida de todo lo que una vez se amó, la fuerza del destino, la búsqueda constante de respuestas… y lo contrario: la lealtad sin fin, la luz de la esperanza, la amistad que enfrenta los peligros a tu lado, la paciencia, la admiración profunda y el amor de los hijos. El terror, la fantasía y la aventura no pudieron tener un comienzo más digno. Hoy se le sigue reconociendo ese estatus de clásico atemporal. Prueba de ello son la magnífica cinta de Cristopher Nolan y la maravillosa primera novela de Nerea Pallares, Punto de araña. Los seres humanos seguimos a merced de una naturaleza indómita y aún tejemos historias con las que acompañarnos.

La obra de Nerea comienza in medias res. La protagonista (Ari) llega a un pueblo marinero de la Costa da Morte (Camariñas) el día de un entierro. La víspera, el temporal se había cobrado la vida de una niña que salió a faenar junto a su padre en busca de berberechos. O eso, al menos, es lo que ambos le habían dicho a la madre. El tema principal se enuncia de inmediato: la oposición de las palilleiras al paradigma patriarcal (“murmuraron algo sobre aquellos hombres, estos merdentos que piensan que todo tiene que ser como dicen ellos. Y no es así, ¿eh?”). El rechazo de las mujeres a la voluntad de sus maridos —su hartazgo de su rol subordinado—, las hace realizar una invocación sobrenatural. Ya he comentado en alguna ocasión que los conjuros son excepcionales en nuestra tradición literaria, pero últimamente hay autoras que los han recuperado. Irene Solà los retoma en Te di los ojos y miraste las tinieblas. Y Pallares recurre a ellos de un modo muy original, mezclando tributos procedentes de distintos veneros (el folklore popular gallego y la mitología griega). En realidad, Punto de araña dialoga con tres mitos clásicos. El primero es la historia de las Moiras, que reinventa y actualiza. Los otros dos los concentra en un solo personaje. Me refiero al mito de Aracne (célebre tejedora inmortalizada por Ovidio en sus Metamorfosis) y al de Ariadna (princesa de Creta, portadora del hilo que libera y rescata, guía fiel en medio del peligro y de la oscuridad).

Pero esta opera prima no sólo es inmensa por su riqueza culturalista, sino por las decisiones técnicas y estéticas que ha tomado su autora. Para empezar, se trata de una novela coral que combina las tres personas. En 1ª enuncia Ari, que habla de sí misma, de su amante (Artai) y de una amiga (Chiruca). En 2ª, el narrador se dirige a María, la difunta joven. En 3º, la omnisciencia es multiselectiva (cambia de foco constantemente y salta de las palilleiras —Lita, Xela, Cruz, Catuxa— a las tres viejas —las Moiras— y a las adolescentes —María, Zoe, Vera—). Pero no sólo se entremezclan las voces y los diferentes registros que utilizan el narrador y sus criaturas, sino también los tiempos. Pasado y presente se simultanean. Este rompecabezas compositivo viene reforzado por el estilo imponente de Pallares. Su prosa tiene fuerza. Es deslumbrante. La concatenación de imágenes y el ritmo frenético conducen al lector a un desenlace sorprendente. Ray Bradbury, en La feria de las tinieblas, lleva la magia a un extremo descorazonador. Los hechizos de la Bruja del Polvo enmudecen a los jóvenes (“Aguja de coser de la libélula, ¡cóseles las bocas para que no puedan hablar!”). La feria se alimenta del dolor. Las continuas frustraciones humanas se cobran víctimas entre los curiosos que acuden al recinto. La magia sólo existe para el mal. En la obra de Pallares todo un pueblo también pierde la voz. Las cuerdas rotas. Pero qué diferentes la magia en un libro y otro. Y qué idéntico el poder del amor. La novelista gallega ha escrito una portentosa alegoría sobre la importancia de las palabras para sanar heridas, para estrechar vínculos que parecían irreparables, para meter la realidad en un torno de alfarero y modelarla de nuevo con conceptos nuevos, para soñar un futuro diferente que nos integre a todos. Si en 1984 Orwell barruntaba que con el fin del lenguaje morían las representaciones del mundo, Nerea nos invita a construirlas. Si en Fahrenheit 451 Bradbury auguraba la quema de libros para evitar pensamientos dolorosos que enfrentasen a la ciudadanía, la escritora de Lugo confía en la comunicación para anudar alianzas y crear un fuerte sentimiento de comunidad. Es la suya una novela tan telúrica, terrorífica e inmisericorde como absolutamente optimista y esperanzada. Nos pone a cada uno, a cada una, un hilo entre las manos con el que tejer —al unísono— una sociedad cohesionada y justa, equitativa e integradora. Propone un paradigma diferente, donde los hombres no sometan a las mujeres, donde todas las voces sean escuchadas, donde sea posible llevar una vida decente, hermosa y digna al margen de la pugna por los bienes posicionales (dinero, tecnología) y de su consecuencia (el deterioro del tejido social). Porque tenemos un plazo, Nerea nos propone cuidarnos los unos a los otros a través del lenguaje y de la ternura.                    

Según están los tiempos, es un consejo más que necesario. Óbrenlo.


jueves, 23 de julio de 2026

Nueva reseña de Adamar



Salió el año pasado en la Revista digital de la Asociación de Profesores de Español Francisco de Quevedo:

https://www.letra15.es/L15-15/L15-15-71-Resenas-y-criticas.html#i


sábado, 18 de julio de 2026

Raíz dulce

Raíz dulce, Juan F. Rivero. Candaya. 2024



Si a día de hoy abunda una poesía correcta, encarrilada en versos de origen italiano (endecasílabos, heptasílabos), pero intrascendente e inocua, lo cierto es que a veces refulge entre el maremagnum de novedades un libro distinto que atrae por sus ideas estéticas y temáticas. Diferente en tanto en cuanto lo comparamos con su entorno poético. Pero que, sin embargo, dialoga con diferentes tradiciones, que actualiza y encaja a la perfección. Una de esas rara avis es el nuevo poemario de Juan F. Rivero: Raíz dulce (Candaya, 2024). El poeta sorprendió con su primera obra, que muchos disfrutamos en el confinamiento: Las hogueras azules; libro delicado, de estética oriental (chino-japonesa). En esta segunda ocasión, el poeta nos ofrece un libro más arriesgado y ambicioso. Se nota que F. Rivero posee una extraordinaria formación cultural, que se filtra en las páginas del libro, tanto en el tono, como en la forma y en el contenido. Raíz dulce nace motivada por el amor. El tipo de discurso por el que se decanta el autor para expresarlo supone una búsqueda previa que orilla las estéticas convencionales, porque su amor tampoco lo es. Rivero hibrida el canto elegíaco por la pérdida, con el relato generacional, con el verso hímnico que triunfa sobre la muerte, y con la biografía a medio camino entre la realidad y la ficción (la memoria construye sus propias ficciones). Además, trabaja intensamente con el lenguaje. Por un lado, es muy plástico. La huella oriental persiste en sus textos. Por otro, aborda una enunciación próxima a la oralidad, lo que emparenta al libro con algunas de las propuestas más rupturistas y originales de la narrativa española actual (Andrea Breu, Irene Solá).

Raíz dulce nos habla de un amor trascendido, pese al paso del tiempo y la pérdida. El libro guarda la memoria (veraz o inventada) del primer amor, y de sus transformaciones a lo largo de los años. Sin esa presencia física y mental, el sujeto que enuncia sería otro. Ese amor le dio unas raíces con las que vincularse a su tierra y a otras culturas, que siente como propias. Lo ayudó a construirse. La muerte recorre el libro. Los siete poemas-prólogo dan cuenta de la entropía humana:


Todo se deshacía ante mí.


Un cansancio celeste

iba horadando


el mundo desde su interior,

como si cada cosa


después de tanto tiempo

hubiese rechazado


íntimamente resistir,

mantenerse en su forma […]


Mientras tanto, el universo es ajeno a la tragedia de la condición humana. Por otra parte, se constata que la vida en la Tierra cada año renace. Se advierte, con dolor, que mientras la naturaleza se renueva de manera periódica —gracias al dios Aión—, la vida de los seres amados es finita. En la segunda parte de la obra, el poeta retoma este motivo (págs. 126-127):


Aquella primavera, de hecho, me pareció odiosa. En Sevilla los campos daban chorros de flores; los árboles se llenaban de pájaros; en los caminos, el barro, rabiosamente cubierto de jacintos y anémonas, resplandecía irisado bajo el sol,

pero tú te morías


El único antídoto contra su destrucción es el Arte. Sandro Botticelli inmortalizó en varios cuadros a la joven musa de la que estaba enamorado —Simonetta Vespucci, fallecida prematuramente—; por su parte, Juan F. Rivero levanta un libro a la memoria de su primer amor, a la que trata de aferrarse —explica— «por miedo a olvidar» (p. 25).

A partir de ese preámbulo en verso, el libro se decanta por la prosa (aunque aún encontraremos poemas en páginas posteriores), sin perder el lirismo. Rivero siente predilección por las innovaciones formales y temáticas. Y eso se agradece. Raíz dulce se abre a la posibilidad de la sorpresa. En efecto, el narrador va cambiando su voz y transita —de modo natural— de la omnisciencia a la segunda persona. Del mismo modo, aunque la mayoría de las veces se relata la historia en pasado, también se opta por el uso de un presente que congela el tiempo y preserva a sus protagonistas de la destrucción, e incluso recurre al futuro para mostrar la decepción y la rutina con la que no soñaron los adolescentes cuando la vida constituía una promesa de sueños por cumplir. El discurso de Rivero está muy elaborado desde un punto de vista técnico. Su lenguaje, por otra parte, se mueve entre las expresiones delicadas (sobre todo, relativas a la naturaleza) y la jerga juvenil (vinculada al mundo de los polígonos industriales, las fiestas y las drogas). Su estilo es fronterizo. Bebe de la plasticidad oriental, del realismo sucio y del coloquialismo urbano. Sintetiza tradiciones y registros. Añadamos a esto un nuevo giro: la yuxtaposición de dos tiempos (el presente-el paleolítico) en un mismo espacio. La simbología del segundo alcanza a los jóvenes del primero, que como los animales en los antiguos bosques, buscan alianzas con las que combatir los peligros que acechan; aunque también acaban sucumbiendo («el gran ciervo y tú, alcanzados de pronto por la flecha de la muerte» (p. 141) . En el fondo, lo que nos sugiere Rivero es que no existe el devenir, sino la simultaneidad. Todo es ahora, tal y como sostiene la física cuántica. Nuestras vidas repiten otras vidas que, además, están siendo vividas en este mismo instante. Este recurso técnico, por otro lado, universaliza el contenido del libro. No habla de una muerte concreta, sino de la contingencia general. La experiencia que cuenta queda así trascendida.

En cuanto a los temas, Rivero aborda varios. Quizás los más importantes sean la aceptación de la pérdida y la construcción de la memoria. Junto a ellos, el escritor celebra la amistad y el amor que la sustenta. Si bien es cierto que en un principio se rememora una relación amorosa, el deseo derivó —pasados los años, y superada la decepción mutua—, en «una inmensa amistad, más compleja y hermosa de lo que de cualquier otra manera podría llegado a serlo un simple amor» p. 94. Este sentimiento atraviesa la obra, la justifica, la sostiene; de ahí el homenaje a un ser querido, que vuelve a respirar en las palabras.

El elemento asiático vuelve a estar presente en el autor. Si en Las hogueras azules se percibía la huella de la espiritualidad china y la delicadeza de la lírica japonesa, en Raíz dulce aparecen también menciones explícitas a la cultura popular nipona (manga, anime), a la filosofía oriental (Gautama), así como se localizan algunos pasajes en Tokio o Yokohama. La naturaleza, como vimos en una cita previa, sirve al poeta como pretexto idóneo para la meditación.  

Raíz dulce, libro audaz y en diálogo con varias tradiciones, obtuvo en 2024 el premio «Ojo Crítico» de RNE.


Esta reseña ha sido publicada en la revista Paraíso (nº 26, 2026, pp. 180-182). Tenéis el acceso en abierto desde Dialnet, aquí:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10806568



viernes, 17 de julio de 2026

ORCID

 


Si alguien está interesado en mi producción académica, dejo por aquí mi número de ORCID y el link de acceso:


https://orcid.org/my-orcid?orcid=0009-0003-2492-0872


Seguimos

jueves, 16 de julio de 2026

Programa del Congreso Internacional "Los fines del mundo". UCM

 


El 3 de junio de 2021 participé con una ponencia de una hora en el Congreso Internacional "Los fines del mundo. Textos, contextos, tradiciones y réplicas", que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid, dentro del marco del Máster y Doctorado en Estudios Literarios de la Facultad de Filología. Me invitó a asistir el profesor (y especialista en ci-fi) Fernando Ángel Moreno Serrano quien, a la postre, sería mi director de tesis estos últimos dos años, convirtiéndose en el artífice de que a día de hoy sea doctora. Mi gratitud será eterna.


Dejó aquí el programa del congreso: https://congresofindelmundo.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/06/programa-fines-del-mundo-3.pdf


Mi ponencia se tituló: "El colapso civilizatorio en la narrativa española actual: del testimonio a la ciencia-ficción". 

Me encanta cómo el mundo (el destino, la providencia, Zeus) va tejiendo los hilos que nos unen.


miércoles, 15 de julio de 2026

Sabiduría de los límites, en la revista Paraíso

 


Me acaba de llegar la reseña que la poeta, profesora y doctora Marina Casado realizó de mi doble poemario para la revista Paraíso (nº 25, extra. 2025. Págs. 186-188). Os dejo con sus palabras:


G. GARCÍA, ARIADNA (2023). SABIDURÍA DE LOS LÍMITES, LÍNEA DE FLOTACIÓN

ALCALÁ DE HENARES: EDITORIAL UNIVERSIDAD DE ALCALÁ


MARINA CASADO



No es tan frecuente, en esta época, encontrar una poética sustentada, en gran parte, sobre la crítica social. Sin embargo, es el caso de la de Ariadna G. García, una voz muy reconocida en el panorama actual que centra su mirada en el equilibrio de la naturaleza, alterado y herido. Su obra más reciente acaba de ser publicada en la colección «De luz, piedra y espejo: poesía en la UAH», que dirige con gran acierto el poeta Francisco José Martínez Morán, quien ya ha publicado, en volúmenes anteriores, a José Manuel Lucía Megías, Olga Bernad y Ángela Álvarez Sáez.


La obra de Ariadna G. García, la cuarta de la colección, incluye, en realidad, dos libros: Sabiduría de los límites y Línea de flotación, con sendos prólogos de Luis García Montero y Jamila Medina Ríos, y palabras de contraportada de Jorge Riechmann. El primer libro vio la luz en 2017, en Ediciones Aguadulce, de Puerto Rico, pero resultaba difícil acceder a él dentro de las fronteras españolas. Se trata de una obra que, en palabras de la propia autora, «habla de los conceptos que nos hunden y de aquellos que nos reflotan» y «persigue un equilibrio». Un equilibrio que, como advertía anteriormente, está alterado.


La poeta desarrolla una conciencia de esa herida que afecta al planeta en múltiples ámbitos. Quizás el fundamental sea el cambio de valores producido en las últimas décadas, que nos conduce hacia una sociedad descarnada, de consumo, que ha enterrado la sensibilidad y el idealismo. No resulta casual que el segundo poema del libro trate del traspaso de una floristería que, para la autora, tenía un significado especial. Las flores, con su fragilidad y su belleza, han sido sustituidas por una tienda de telefonía móvil, una muestra de la imparable invasión del capitalismo. El teléfono móvil vuelve a aparecer como símbolo de la falta de sensibilidad en el poema «La oferta», en el que se plantea una reflexión: «¿No te valen / las risas de tus hijos, / una taza de café, / el temblor del deseo, / el lazo que te une a los amigos […]? / Tú naciste / para comprarte, / hoy, / el nuevo Iphone X». Desde un estilo irónico, Ariadna imita el lenguaje del marketing para denunciar la superficialidad social.


El recurso de la ironía resulta constante en la obra, a la hora de mostrar al lector estas incoherencias. España es «el viejo país de los olivos / y de los girasoles» donde «las grandes compañías industriales / cocinan y nos venden alimentos / con aceite de palma». En otro poema, se reproduce una ficticia llamada en la que un interlocutor pretende que otro con cierto renombre participe en una cumbre contra el clima, y le acaba ofreciendo la posibilidad de elegir entre «jet privado» o «crucero de lujo». Más adelante, reflexiona: «Ahora que ya se agotan las reservas / de petróleo, / […] ¿cómo andamos / de reservas morales?». Contrastes, hipocresía que traspasa el umbral del descaro. Sin embargo, no falta realidad en sus versos.


El realismo es una de las principales virtudes de la obra, que incluso se inspira en noticias, como la que da pie al magnífico poema «Baltyc Dry Index», escrito a dos voces. La primera es informativa: «No hay un solo carguero transoceánico / en ruta / por todo el Atlántico Norte». La segunda, múltiple, representa la voz de diferentes personas que son víctimas de la injusticia social, desde una profesora de la Escuela Pública a un tercio de jornada hasta un sintecho que pide en la calle. Aquí la autora abandona el habitual egocentrismo poético para ponerse en la piel de los desamparados; demuestra la capacidad de asumir una mirada que trasciende a la propia, concediéndole una especial importancia a las desigualdades sociales. Es capaz de salir de sí misma y contemplar el mundo, como una observadora en la distancia, con un tono reflexivo y profético. «Somos el pasado de esa tierra / sin gente», sentencia. Y la poesía, entonces, se convierte en una manzana del pueblo de su suegro –frente a la homogeneizada sociedad de consumo– o un tallo que brota en el asfalto como «un esforzado Eneas»: testigos de esa parte natural que vamos perdiendo.                                                                                   


El segundo libro, Línea de flotación, ha permanecido inédito hasta la fecha y, aunque prosigue con la crítica al capitalismo, también constituye un canto a la vida desde la perspectiva de mujer, madre, amante y habitante del planeta, partiendo de la visión humanista de Francisco de Osuna: «El Hombre es Dios». La familia se erige como un refugio –«Los temporales / con mi tripulación / no me dan miedo»– y surge la fe en forma de esperanza: «Yo también / encerré a las mariposas / que latían sobre mis omóplatos / […] por eso / creo / en ti».


Lo cierto es que Linea de flotación podría leerse como una continuación de Sabiduría de los límites. Primero, la poeta plantea una crítica hacia la invasión del capitalismo y el hundimiento de la naturaleza, de la sensibilidad. Después, se reafirma a sí misma desde su lugar en el mundo para acabar celebrando «este amor absoluto por las cosas»: la mujer, los hijos, el «milagro de la vida»; incluso la gata negra que, protectora, se tumba junto a ella y, de repente, «el cielo escampa». Por último, muestra «a sus lectores futuros» el sentido de su poética, extensible también a su vida: «Mis libros son lianas de solidaridad / con que atravieso el tiempo hasta sus manos».


Nos encontramos, pues, ante dos libros que han de leerse también unidos, enlazados en una armonía que ha sido construida a través de versos narrativos, testimoniales y directos: dardos cargados de realidad que se clavan directamente en el corazón y parecen advertirnos, desde una sabia serenidad, que el planeta sigue siendo hermoso y que estamos a tiempo de salvarlo. Como escribió Alejandra Pizarnik: «Mis brazos insisten en abrazar el mundo / porque aún no les enseñaron / que ya es demasiado tarde».