Antología. Juana Inés de la Cruz

viernes, 10 de enero de 2020

Y de pronto Rimbaud

Y de pronto Rimbaud, Jesús Munárriz. Sevilla, Renacimiento. 2019. 116 páginas.

En 1965 comenzaron las protestas estudiantiles españolas contra la dictadura fascista que comandaba el general Francisco Franco. El detonante se produjo el 25 de febrero, cuando el gobierno prohibió la celebración de un ciclo de conferencias sobr la paz en la facultad de Filosofía y Letras de Madrid y la policía detuvo a varios catedráticos acusados de presidir manifestaciones e incitar al desorden en asambleas. Por aquel entonces, el poeta, editor y traductor Jesús Munárriz Peralta tenía 25 años y ya había puesto en marcha la Editorial Ciencia Nueva, junto a otros once coordinadores. Aquella iniciativa tuvo por objetivo la publicación de obras de contenido “político e ideología disidente con los postulados tradicionales del Régimen” (Francisco Rojas Claros, Universidad de Alicante, 2005), con independencia de su género literario. El 24 de enero de 1969, tras cuatro años de protestas y de reivindicaciones sociales exigidas por los universitarios, el gobierno anunció la imposición del estado de excepción. Al poco tiempo inclucía a la Editorial Ciencia Nueva en las listas negras del Ministerio de Información y ordenaba su cierre, pues era “una amenaza” (Rojas Claros). 
Jesús Munárriz se asomaba a los 30. Él mismo relata el sentido de aquella experiencia editorial: “fue un intento de abrir brecha, incordiar al régimen, hacer lo que no se podía hacer, ensanchar las grietas que veíamos que existían y ver si podíamos reformar y forzar un poco la cosa. Y supongo que algo hicimos”. Un lustro después fundaba la mítica Hiperión. Tenía entonce 35 años. La edad límite, por cierto, de su afamado premio literario.

Medio siglo más tarde Madrid estaba de nuevo en las calles, esta vez para protestar por los despidos masivos en dos servicios públicos fundamentales: Educación y Sanidad. El movimiento asambleario 15M venía de liderar las mareas verde y blanca y su marca política, Podemos, acababa de conquistar cinco escaños en el parlamento europeo, con sede en Estrasburgo. Jesús Munárriz tenía entonces 75 años. Forma parte de esa generación de jóvenes universitarios que lucharon contra la dictadura franquista en los años 60 y que han visto como los logros por los que arriesgaron su juventud están desapareciendo en la nueva centuria. En frente ya no están los militares, sino los mercados financieros y la clase política conservadora, a cuya derecha crece en número de votos una fuerza fascista en imparable ascenso.

No me imagino el terror de aquellos estudiantes, la pena de aquellas universitarias que están asistiendo al derrumbe de sus sueños de libertad y de progreso; y que contemplan, impotentes, cómo sus nietos tienen que emigrar a otros países en busca de un futuro que aquí no encuentran.

Para que entendamos esa frustración generacional, compatible con el activismo optimista, Jesús Munárriz ha publicado un par de libros de poemas en el último lustro: Los ritmos rojos del siglo en que nací. Un cuento triste (Hiperión, 2017) e Y de pronto Rimbaud (Renacimiento, 2019). 

Pero Jesús no solo denuncia la situación de España. Nuestra crisis sociopolítica es reflejo de la económica, que a su vez lo es tanto de la energética como de la climática, de escala mundial.

Así y todo, Los ritmos rojos se centra más en el macrocontexto terráqueo:

Un planeta agobiado
por la metástasis superpoblacional,
enfermo por la contaminación,
recalentado por el cambio climático,
desgarrado en sistemas contrapuestos,
en religiones enfrentadas,
perpetuamente en guerra,
con suficientes armas nucleares
para autoinmolarse.

Mientras que Y de pronto Rimbaud orbita, mayoritariamente, sobre el microcontexto nacional.

En sus composiciones encontramos desde una distopía irónica sobre el método de elección de nuestros dirigentes (“Sirva la Lotería Nacional/para asignar escaños/…/Trescientos diputados al azar/…/seguro que nos saben gobernar/mejor que los actuales”), en la línea del relato futurista Sufragio universal (Isaac Asimov), a la necesidad de un referéndum sobre la monarquía española, pasando por una dura denuncia de la hipocresía de los representantes políticos y un aviso para navegantes (“Ahora tenemos datos fehacientes/de cómo son. Y son tal como suponíamos,/muy vistosos por fuera y canallas por dentro./Ya estamos avisados;/si vuelven a engañarnos/¿de quién será la culpa”), por una desasosegante crítica de la falta de empatía generalizada hacia las mujeres y hombres que sufren en el mundo  (“le desespera/que el dolor y la muerte/se queden en noticias,/que todo siga igual, como si nada/nos afectará lo que está pasando”), o por la expresión de un deseo: que las nuevas generaciones tomen el testigo de la lucha por los intereses de todos (“nos han pasado/ por la trituradora. Ojalá los más jóvenes,/aún sin machacar,/desmonten algo del tinglado este./Ojalá sean capaces”).

Quizás para compensar el pesimismo de sus poemas, Jesús Munárriz rinde homenaje a distintos poetas a los que admira (Andrés Fernández de Andrada, José Espronceda, Valle-Inclán, Manolo Altolaguirre, Miguel Hernández, Paul Celan), dedica un emotivo recuerdo a su propia madre, o nos invita al goce de la existencia.

Toda una lección civil y poética la que ofrece Jesús en su poemario. Con casi 80 años, y con su estilo característico (coloquial, irónico, incisivo), no tira la toalla. Es la suya una vida consagrada a la literatura y a la defensa de la vida decente, comprometida con los valores democráticos y beligerante con el autoritarismo. Quién le iba a decir a aquel universitario que fantaseaba con transformar España a golpe de catálogo, allá por 1965, que en 2020 sus versos serían tan iluminadores y necesarios como el sueño que entonces proyectaba; y que acabó alcanzando.

Por cierto, en 2019 también publicó un hermoso libro de haikus, Escaramujos, en otra editorial de solera: Pre-Textos. Dejo AQUÍ mi reseña.



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