Antología. Juana Inés de la Cruz

martes, 27 de julio de 2021

Las crónicas del parásito (IV): La hora zulú

 

La hora zulú, César Mallorquí. SM. 2019. 222 páginas.

 

  

Lo primero que llama la tención del último volumen de la Trilogía del parásito es su extensión. Si nos fijamos, cada libro superar al anterior en número de páginas: 168>195>222. Esto se debe a varios motivos. Por un lado, la obra está tejida con cuatro tramas (A: operaciones llevadas a cabo por los protagonistas: rescates, huídas, emboscadas; B: “Operación Mago de Oz”: liderada por los wizars y cuyo fin es destruir al monstruo digital Miyazaki; C: “Proyecto Hefesto”, realizado por dicha Inteligencia Artificial, dirigido a la producción en masa de robots domésticos para garantizarse un soporte vital, una vez exterminada nuestra especie por una pandemia, cuyo agente infeccioso, Sokaris, ha sido creado en un laboratorio; D: eliminación de hackers a cargo de un sicario y sus secuaces). Además, César Mallorquí completa la transformación de Óscar, que evoluciona hacia una personalidad mucho más segura y hasta despiadada. También da brochazos que acaban de colorear a Ekaterina, guardaespaldas del joven mentado. Y por último, introduce en la novela nuevos personajes, entre otros: el coronel Hermann Holtzer, contratado para reducir a ceniza a la resistencia humana que combate a la IA; e Iván Bubka, mercenario que trabaja a favor de los buenos.

 

De esta manera, La hora zulú mantiene en equilibrio la balanza entre el bien y el mal: “Mago de Oz” frente a “Hefesto”; Tanaka, el padre intelectual de Miyazaki, contra su criatura cibernética; Bubka contra Holtzer. 

 

La obra se plantea como una carrera contra-reloj de los wizards para impedir que Miyazaki implemente su plan aniquilador. Obviamente, esa cuenta atrás acelera el ritmo del relato.

 

En esta tercera entrega de la saga, César Mallorquí vuelve a innovar en el planteamiento de la acción. Si bien es verdad que mantiene los narradores de Manual de instrucciones para el fin del mundo, ahora modifica su técnica narrativa. Hasta ahora, el veterano escritor acostumbraba a adelantarnos información con objeto de atarnos al libro; vamos, que nos lanzaba anzuelos. Ahora obra a la inversa. Narra episodios que nos resultan alarmantes por su contenido, y luego nos revela, por boca de Óscar, que eran trampas urdidas por los protagonistas.

 

Cabe destacar que Mallorquí se suma a la moda de la polifonía textual introduciendo en el discurso fragmentos de páginas web, blogs, periódicos y transcripciones fonéticas. Esta variedad de textos amenizan la lectura, y expande la mirada del lector hacia nuevos ángulos.

 

No puede faltar, tratándose de un libro del escritor barcelonés, alguna alusión a Tintín. En novelas anteriores, las aventuras del célebre reportero repercuten directamente en la elaboración de la trama, o por mejor decir, en su desenlace. Así, detrás de La isla de Bowen asoma la patita La isla misteriosa; y detrás de la puerta de Agartha se percibe la sombra de Vuelo 714 para Sidney. En el caso que nos ocupa, en cambio, la alusión es explícita (al Asunto Tornasol), y aparece en boca del trasunto de César Mallorquí. 

 

La hora zulú es un magnífico broche para una trilogía trepidante, inteligente y divertida. Desde luego, no sólo es recomendable su lectura para un público joven. La saga entusiasmará a todo aficionado/a a la ciencia-ficción. Que nadie piense que los guiños a Hal, Terminator o Neo encaminan la obra hacia un camino trillado. La amenaza no viene de las máquinas. Dorothy, la niña que acapara el último tramo de la obra (de la que no diré nada, y que, por su sabiduría y edad parece la melliza de Amaya La puerta de Agartha o de Azucena –El círculo escarlata), lanza un mensaje de advertencia sobre el destino aciago que aguarda a la humanidad futura, a una humanidad sin retos y sin ilusiones, aburrida de sí misma. La amenaza, por tanto, proviene de nosotros.

 

  

 

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