Antología. Juana Inés de la Cruz

lunes, 1 de abril de 2019

Doble reseña: Riechmann y Villar

Contrastes

La ciudad, Laura Villar Gómez. Liliputienses. 2019. 31 páginas.
Ars Nesciendi, Jorge Riechmann. Madrid, Amargord, 2018. 108 páginas.

En la poesía, como en la vida, abundan los contrastes, ya sean temáticos o estéticos, cuando no se da la conjunción de ambos. La joven poeta Laura Villar Gómez acaba de publicar su primer libro, La ciudad, en Ediciones Liliputienses. Apenas llega a las 31 páginas, si bien los poemas (dos por cara) suman un total de 468 versos. La autora apenas ha esbozado en su libro los contornos de un tema que daba para más, pero esas sombras son lo suficientemente poderosas como para fijarnos en ella. En sus textos nos describe una ciudad nocturna, sonámbula, de vida artificial. Una ciudad sin habitantes, salvo los fumadores que anuncian su presencia entre las brasas. Un escuadrón de semáforos, coches, televisores, luces de neón y pantallas de plasma mantiene iluminada la urbe, pero bajo la apariencia de animación, la poeta sospecha: “(¿y si detrás de toda esa luz/ no hubiese más que gente apagada?)” A este leve crítica a la modernidad, suma Laura Villar un nihilismo unamuniano: “A veces me pregunto/ si no seré acaso yo también/ una proyección de otro”. Los peligros de la ciudad quedan lejos del “cerco dorado” que imponen las farolas. No obstante, la autora barrunta que en un futuro próximo se destruya ese hábitat que confina, dentro de sus fronteras de hormigón y cristal, al 90% de los humanos: “Los tiempos en que la ciudad aún respira/ están a punto de agotarse”. 
Como contrapartida a esta visión del mundo, podemos leer el último poemario de un autor veterano, de un poeta curtido en la denuncia del capitalismo, que nos sorprende -esta vez- con un precioso libro de poemas mínimos, paisajistas, evocadores de la plenitud que alcanza la existencia inmersa en un entorno natural. Me refiero a Ars Nesciendi, de Jorge Ricehmann. Dando una vuelta de tuerca a la estética de una obra solvente, consagrada, de una línea ideológica muy definida, Riechmann incluye en este generoso poemario (108 páginas): coplas, alguna seguidilla y un gran número de haikus:

Ramas de invierno, desnudas:
vuestra verdad no desmiente
las verdes copas de mayo
que tiemblan ya en la corriente.

                  *
“Mundo de rocío”, dicen
los poetas japoneses…
Es todavía más frágil:
burbujas en la corriente.

Burbujas en la corriente
y las palabras que fingen
certezas para la mente.

               *

Suspendida en el aire
como un día perfecto
esa libélula.


Jorge Riechmann nos habla del arte de conocer la propia ignorancia, al igual que aconsejaban los pensadores renacentistas. Tanto la lírica popular española como el haiku son ejemplos de formas sencillas y espontáneas de humanidad, que el autor reivindica. Sirven de contrapeso a la artificiosidad de la urbe, a la civilización corrompida y sin alma que habita en las ciudades, esos “mares de asfalto” que nos describe Laura.





Por cierto, las ediciones de Amargord y de Liliputienses son preciosas.



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