Antología. Juana Inés de la Cruz

jueves, 8 de febrero de 2018

Liberalismo político

Liberalismo político, de Francisco José Chamorro. Hiperión. XX Premio de Poesía Joven “Antonio Carvajal”. 2017. 76 páginas.
  

¿Qué poesía debemos crear en esta época de cambios, de transformación? Me he hecho esta pregunta muchísimas veces, y creo que no existe una sola respuesta. En anteriores periodos de crisis (económicas, políticas, sociales y de valores), los poetas que nos han precedido han optado por distintas soluciones: fustigar a los conciudadanos que no casaban con el código moral vigente (pensemos en el Rimado de Palacio, del canciller Pérez de Ayala –siglo XIV–; en el Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena –siglo XV–; y en los poemas satítico-burlescos de Francisco de Quevedo –siglo XVII–). Otros, por su parte, denunciaron con sus versos los fallos del sistema, su perversión (recordemos las odas de fray Luis de León –siglo XVI–; “El filósofo en el campo”, de Juan Meléndez Valdés –siglo XVIII–; Follas novas, de Rosalía de Castro –siglo XIX–; o Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca –siglo XX–). Por otro lado, los hubo también que trataron de insuflar energía en sus compatriotas gracias al rigor estético (decía Juan Ramón: “Eso es el Modernismo: un gran movimiento de entusiasmo y libertad hacia la belleza”). En fin, Dámaso Alonso comentaba que cada periodo histórico tiene la poesía que se merece, de modo que muy probablemente ya estamos creando la lírica acorde con nuestro propio tiempo, si bien es cierto que carecemos de la distancia temporal necesaria para percatarnos. En mi modesta opinión, creo que los poetas de hoy debemos conjugar la crítica y el optimismo –siempre sobre la base de una exigencia técnica–, recuperando antiguos valores (epicúreos, estoicos) y fomentando la difusión de los nuevos (feminismo y ecología).

En su primer libro de poemas, Liberalismo político, Francisco José Chamorro se suma a la nómina de autores que han criticado la alienación de los seres humanos por culpa del progreso. El sujeto que enuncia se sirve del monológo dramático –de la conciencia escindida– para relatar su vacío, para clamar contra el hastío que le invade por la falta de un proyecto que dé sentido a sus días. El tema del ennui lo emparenta con los vates malditos; el abismo que separa la apariencia de una existencia colmada con la realidad de un mundo vacuo, lo acerca a los barrocos. Y es que en el libro abundan las alusiones a marcas comerciales, bajo cuyo atractivo envoltorio se vislumbra la soledad en que viven las mujeres y los hombres contemporáneos, quienes dotados de tecnología, productos y enseres carecen de una meta inividual o colectiva, más allá del consumo. Así, reconocemos en la voz que habla a un antihéroe, a una víctima de su propia pasividad para gozar la vida. El protagonista es un individuo depresivo, alcohólico; un negado a las relaciones interpersonales cara a cara, siempre protegido tras el muro del móvil o el portátil. Su hábitat lo constituyen las tiendas y comercios de su barrio, los bares donde bebe o pone copas, una universidad que le disgusta, la industria de porcino que le ha dado un contrato, una habitación alquilada en un modesto piso compartido, y lugares de tránsito (gasolineras, estaciones, aeropuertos). Este yo se incardina en el mundo terreno, vive en una sociedad dionisiaca, ebria de deseos suscitados por la publicidad, frustrada por su sed de posesión; en cambio, carece de una espiritualidad que le revele lo sagrado. Como los personajes de La tierra baldía, de T.S. Eliot, camina por el desierto de la aspiración constante, muerto a su condición metafísica. Se trata del modelo de individuo que, a juicio de Jorge Riechmann, domina en el mundo actual: neoliberal, conformista y narcisista (¿Vivir como buenos huérfanos?, Catarara, 2017).

Con un lenguaje claro, directo, y un estilo prosaico, Francisco José Chamorro firma un libro potente, incisivo e irónico, que cuestiona los valores democráticos, como la libertad, reducida a nuestra capacidad de elección de un producto de aseo en una estantería atestada de ofertas. Liberalismo político es un buen primer libro de poemas. Habida cuenta de que el autor apenas tiene veinticuatro años, cabe esperar de él grandes logros. 


Esta reseña ha sido publicada por la revista OcultaLit. 

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